Cuando transité del periodismo a la comunicación corporativa y me encontraba con mis amigos reporteros y editores, me decían medio en broma y medio en serio (todas las bromas de periodistas deben tomarse en serio) que me había pasado “al lado oscuro”.
Y los entendía: Irónicamente, cuando trabajaba como reportero y en medios de comunicación, detestaba con singular ligereza a los equipos de relaciones públicas y comunicación corporativa, sobre todo de las empresas y universidades privadas.
Y conforme conocía a gente del mundo de la comunicación corporativa y tenía que contarles mi trayectoria, hablaba de mi paso por el periodismo con cierta vergüenza, como si fuera un “negro pasado”, mientras veía y escuchaba reacciones diversas, que pasaban de una mueca que reflejaba temor y una incómoda sonrisa (la gente de PR siempre sonríe), a veces admiración y las más de las veces, reserva.
La verdad es que la confianza (y la desconfianza) son la moneda de cambio entre ambos lados de la profesión.
Cuando hablaba con periodistas desde mi nuevo rol y me decían que “me había pasado al lado oscuro”, yo les decía que no, porque yo estaba del lado de la verdad, y si ellos o ellas, como periodistas, buscaban eso, entonces ambos estábamos del mismo lado, en la orilla luminosa de la comunicación corporativa.
Y lo sigo pensando.
Por supuesto que hay agentes de relaciones públicos y periodistas que operan en la opacidad, a través de transacciones vergonzosas, de esas que no se pueden ni facturar, pero el espacio para actuar en favor de la verdad y la transparencia en las organizaciones y en el periodismo existe.
Es en este espacio de comunicación donde buscamos coincidir y colaborar.
Ni las empresas son siempre las villanas que dibujan las películas tratando de ocultar sus acciones, aunque sí las hay, ni los periodistas son todos “soldados de la libertad o mercenarios de la mentira” que sólo intentan desprestigiar a las organizaciones y gobiernos.
La mayoría de los periodistas buscan información de valor para sus audiencias.
Sin embargo, esto no es fácil. Presionados por el rating, la hora del cierre y, en los últimos años, por la necesidad de generar tráfico y leads a sus sitios web a través de ángulos sensacionalistas o que se alineen con la estrategia SEO de sus medios, deben además trabajar en un mundo multimedia que les exige ser reporteros, fotógrafos, videógrafos, transmitir en vivo y enviar avances de notas en tiempo real, al mismo tiempo y con cada vez menos recursos.
La imprecisión y la simplificación son el resultado.
Los equipos de comunicación corporativa y relaciones públicas, por lo regular, creen en sus empresas y tratan de impulsar las historias que mejor destacan los ángulos positivos de las mismas, minimizando los aspectos negativos. ¿Quién haría lo contrario?
Si se tratara de tu familia ¿ventilarías los errores y defectos de tus padres o hermanos?
Pero a veces se junta el temor a resultar expuesto con la urgencia de publicar algo atractivo y surgen los conflictos.
Cuando queremos anunciar cosas positivas, los invitamos y agasajamos, los llevamos y traemos, somos los mejores amigos de los periodistas, pero cuando surgen los problemas o hay malas noticias en el entorno, ni les contestamos el teléfono.
Creo que el diálogo debe ser permanente, independientemente del contexto.
Sigo creyendo que ambos, periodistas y publirrelacionistas, estamos del mismo lado, trabajando para informar mejor a las audiencias a través de historias de valor, que impulsen el diálogo, la colaboración y promuevan los valores de una sociedad justa y equitativa.
¿Tú qué opinas?
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El autor es periodista y comunicólogo. Master en Análisis Político y Medios de Información. Sígueme en https://www.linkedin.com/in/fidel-salazar/



