Culturas

A propósito de los Juegos Olímpicos de Tokio: el vínculo entre el arte y el deporte

El arte ha sido acompañante de las diversas actividades deportivas de la humanidad, para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, este vínculo se ha modificado.

Después de un año de retraso, este 23 de julio de 2021 en Tokio, Japón, ha dado inicio una edición más de los Juegos Olímpicos, cuya inauguración se encuentra inmersa en la polémica debido a la pandemia de COVID-19. Se han abierto debates que incluso proponían su cancelación total y que cuestionan la idoneidad de la celebración de la justa deportiva, en la que las competencias serán realizadas sin público, buscando privilegiar al deporte.

En este complicado contexto, se centra el vínculo y la armonía que existe entre el deporte y el arte, el cual ha entrado en un conflicto derivado de las múltiples problemáticas de la organización.

El arte como disciplina olímpica

El deporte, en sus distintas disciplinas, ha servido en múltiples ocasiones para fortalecer una idea de nación, sobre todo en eventos internacionales de tal envergadura. A inicios del siglo XX, de acuerdo con Dafne Cruz Porchini, Investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, “como práctica social y moderna (…) tuvo un uso ideológico y político, provocando el advenimiento de una nueva cultura física que empezó a ocupar la atención de distintos medios y estrategias de comunicación visual de la época”.

En esta época, el arte comenzó a vincularse con los temas deportivos para sus representaciones, mientras que el deporte empezó a compartir espacios con el arte. Pierre de Coubertin, llamado “Padre de los JJOO modernos”, durante la edición de Estocolmo de 1912 consiguió añadir a las artes como competencia olímpica y se incluyeron en cinco categorías: arquitectura, música, pintura, escultura y literatura. Los trabajos presentados se debían inspirar en los deportes y en su primer año se presentaron 33 artistas, la mayoría procedentes de países europeos.

Las artes continuaron siendo una disciplina olímpica durante varias ediciones aunque con ciertos cuestionamientos debido a su baja participación; en los JJOO de Londres de 1948, el Comité Olímpico Internacional decidió dar el cese de las competiciones de arte y fueron reemplazadas por una exhibición conocida como la Olimpiada Cultural que aún se celebra en nuestros días. Pese a que no existe un gran respaldo de las obras y artistas participantes, algunas de las ganadoras a las que se puede tener acceso, muestran el espíritu deportivo inserto en el arte.

El deporte en el arte

La Historia del Arte refleja que el deporte ha estado presente desde la antigüedad, en las representaciones artísticas, tal es el caso de la ánfora panatenaica del pintor Cléophradès, Carrera a pie, del 500 a.C., actualmente ubicada en el Museo de Louvre, en París, un tipo de vasija de cerámica que contenía un aceite que se ofrecía como premio en los Juegos Panatenaicos, consistentes en ciclos anuales de fiestas religiosas, artísticas y deportivas dedicadas a Atenea. Asimismo, la escultura conocida como el Discóbolo de Mirón, atribuida a Mirón de Eleuteras, probablemente elaborada hacia el año 450 a.C., uno de los tesoros del arte de la Antigüedad Clásica que conocemos en copias romanas, la mejor lograda actualmente ubicada en el Museo Nacional Romano en Italia, cuya representación supone el instante de la máxima concentración mental y física de un atleta.

Entre los años 476 y 1492 periodo denominado como la Edad Media, las actividades deportivas experimentaron un gran declive. La consolidación del cristianismo en los últimos siglos del Imperio Romano, significó un cambio importante en la práctica deportiva, ya que el Emperador Teodosio “El Grande”, puso fin a las actividades físicas heredadas de Grecia: las Olimpiadas. Así, desaparecieron casi por completo los deportes atléticos y se retornó a los entrenamientos físicos para la guerra priorizando los deportes de combate como las justas y los torneos, y en especial la práctica de la caza, tal como se puede apreciar en el tapiz Fragmento de “Tarquino” ubicado en el Museo Catedralicio de la Catedral de Zamora, España.

Para el siglo XVII y XVIII aparecen deportes como el golf que era practicado por campesinos a campo abierto, muy distante de su actualidad, así lo plasmó el artista flamenco Adriaen van de Velde en su obra Golfistas en el hielo cerca de Haarlem de 1668, ubicada en la Galería Nacional de Londres. Además, en 1795 encontramos la pintura al óleo de Henry Raeburn, The Skating Minister, una de las obras más conocidas del autor, actualmente ubicada en la Galería Nacional de Escocia, la cual representando a un hombre patinando sobre hielo, es considerada un icono de la nación.

El siglo XX vio nacer a las vanguardias artísticas, entre sus tantas propuestas estético-políticas afirmaban que el arte debía hablar de la vida misma, dejando de lado los temas más abstractos de la existencia.

Ejemplos de lo anterior los encontramos en 1913 con Umberto Boccioni, uno de los artistas más destacados del futurismo italiano, quien pintó Dinamismo de un Ciclista, obra perteneciente a la Colección Mattioli, conservada en un depósito ubicado en el Palacio Venier de los Leones, en Venecia, en el que refleja el movimiento y la velocidad propios del deporte y de su corriente artística.En 1922, Ángel Zárraga partiendo del cubismo e integrando aspectos clásicos, pintó Las futbolistas, el primer cuadro sobre fútbol femenil dedicado a Les Sportives de París, ganadoras del campeonato de aquel año en la que plasmó la cotidianidad del periodo entreguerras, en el que el género femenino se apoderó de la mayoría de las prácticas deportivas.

Años más tarde, el polifacético artista Hans Erni encarnó el vínculo entre arte y deporte olímpico de manera oficial, ya que en 1983 realizó por encargo del COI una serie de obras dedicadas a los deportes olímpicos que se destinaría a la Château de Vidy de Lausanne. En total realizó 31 telas para ilustrar los deportes olímpicos, representando atletas protagonistas de la acción rodeados por imágenes de antiguas divinidades, lo que proporcionó tintes de sacralización y mostró las raíces clásicas de los JJOO.

El desencanto del siglo XXI

Pese a la armonía existente entre el arte y el deporte, la realización de las justas deportivas han generado un desencanto colectivo y las manifestaciones artísticas no han sido la excepción. Miwako Sakauchi, famosa artista japonesa expresó su indignación por la realización de los JJOO en su país debido a las consecuencias negativas para la población nipona, entre las que destacan, la destrucción de espacios verdes debido a la construcción de estadios, residentes desalojados y sobre todo, el riesgo de la clase trabajadora en un escenario pandémico que azota no solo a Japón, sino al mundo entero. Junto con artistas como Kai Koyama y Sachihiro Ochi, realizaron la presentación de sus obras en la exposición “Declaración final de los Juegos Olímpicos” en Chiba, cerca de Tokio en junio de este año.

A lo largo de la historia, el arte ha sido acompañante de las diversas actividades deportivas de la humanidad, desde una representación atlética de los deportistas en las esculturas hasta formar parte de la industria comercial que acompaña, cada cuatro años, a las Olimpiadas. Para la edición de Tokio 2020, el arte y los artistas se han colocado del lado del grito de justicia, cuestionando la pertinencia de las competencias deportivas en medio de crisis económicas, políticas, ecológicas y sanitarias.