Era febrero de 2024 y el auditorio principal en la sede de Booyoung Co. en Seúl estaba abarrotado de cientos de colaboradores escuchando a su fundador pronunciar el que suele ser un solemne discurso de Año Nuevo. Pero esta vez, Lee Joong-keun, el multimillonario de 84 años detrás de una de las mayores constructoras de Corea del Sur, lanzó una bomba: Booyoung comenzaría a ofrecer 100 millones de wones (72 mil dólares) por cada bebé nacido de un empleado. Y, agregó, la oferta aplicaría de manera retroactiva a los últimos tres años. La sala quedó en silencio, como si todos hubieran escuchado mal. Después de eso, vino la ovación.
“Me quedé sin palabras”, dice Hong Ki, gerente de comunicación de 37 años que entonces tenía una hija de tres. “Era tan absurdo que ni siquiera podía dormir, preguntándome si era real”. Lo era. Así que, tras asimilar la noticia, Hong y su esposa —que también trabaja en Booyoung— hicieron lo que muchos harían al recibir una oferta de dinero que podría cambiarles la vida: tuvieron otro hijo.
La tasa de fertilidad en Corea del Sur es de apenas 0.75 nacimientos por mujer, la más baja del mundo. De continuar ese ritmo, la población se reducirá en casi un tercio hacia 2072. Las implicaciones son graves: menos fuerza laboral, caída en la recaudación fiscal, escuelas vacías, una sociedad envejecida sin alguien que cuide a los mayores y un ejército con problemas de reclutamiento. El gobierno ha destinado cientos de miles de millones de dólares al problema, desde apoyos en efectivo por nacimiento hasta vivienda subsidiada y créditos fiscales, con resultados limitados. Ahora, las empresas —temerosas de un futuro sin trabajadores y nerviosas también por atraer talento— se han sumado a la carrera de estímulos.
Booyoung fue la primera y la más audaz, y asegura que el impacto fue inmediato. El dinero, equivalente a casi el doble del ingreso per cápita anual en Corea del Sur, incentivó a 28 empleados a tener bebés el año pasado, unos cinco más de lo habitual, cifra que la empresa atribuye al cambio de política.
Los pagos han transformado la cultura corporativa. En Corea del Sur, las largas jornadas y la cultura laboral competitiva y paternalista han desalentado la maternidad y paternidad. Ahora, los empleados se animan entre sí a “casarse, recibir el dinero y comprar una casa”, dice Hong.
Otras grandes compañías siguieron el ejemplo de Booyoung. Krafton Inc., desarrolladora de videojuegos, empezó a dar 43 mil dólares al nacer un hijo y otros 29 mil en pagos hasta que cumpla 8 años. Korea Aerospace Industries Ltd., fabricante de aeronaves, ofrece unos 7 mil dólares por un primer y segundo hijo, y 22 mil por un tercero. El conglomerado Hanwha Group, con operaciones desde aeroespacial hasta finanzas, ha pagado más de 820 mil dólares —unos 7 mil 200 por bebé en 14 filiales. En julio, encuestó a los empleados beneficiados: 86 por ciento dijo que la política los motivó a considerar tener más hijos, y 96 por ciento aseguró que les ayudó a equilibrar trabajo y vida familiar. Otros, como Doosan Enerbility, Posco, SBW y Kumho Petrochemical, también se unieron con distintos montos. El razonamiento es el mismo: pagar por bebés es más barato a largo plazo que operar en un país sin ellos.

Corea del Sur no es la única nación preocupada por sus cifras demográficas. Las tasas de natalidad caen en varios de sus vecinos asiáticos, así como en economías avanzadas de Europa y en Estados Unidos. El Presidente Donald Trump ha dicho que un bono de 5 mil dólares por bebé sería una “buena idea”, mientras que China, con mil 400 millones de habitantes, anunció a finales de julio que otorgará 3 mil 600 yuanes (500 dólares) al año por cada niño menor de tres.
El nuevo gasto corporativo en Corea se suma a décadas de políticas públicas que han incluido más guarderías, licencias parentales más largas, hipotecas más baratas e incluso subsidios para revertir vasectomías. En Incheon, al oeste de Seúl, las familias con recién nacidos pueden mudarse a departamentos públicos por el equivalente a 22 dólares al mes. En la capital, los padres sin vivienda propia pueden recibir más de 5 mil dólares en apoyos habitacionales por cada hijo durante dos años. El objetivo del gobierno es elevar la tasa de fertilidad a 1 para 2030. Con el esfuerzo conjunto del gobierno y las empresas, ya hay señales tempranas de éxito. Por primera vez en casi una década, la tasa de natalidad subió el año pasado, y entre enero y mayo de este año aumentó casi 7 por ciento respecto al mismo periodo anterior. Los matrimonios también se dispararon. “Lo vemos como un repunte estructural, no temporal”, afirma Joo Hyung-hwan, presidente del Comité Presidencial sobre Sociedad Envejecida y Política Poblacional, un panel público-privado creado hace dos décadas para coordinar la política demográfica.
Aun así, persiste el escepticismo. Críticos señalan que parte del repunte puede deberse a matrimonios aplazados durante la pandemia y advierten que los subsidios no son solución permanente: se requieren cambios estructurales. “Aunque la ayuda es un gesto importante, los esquemas de trabajo flexible son probablemente más cruciales en la visión de largo plazo”, dice Ko Woo-rim, profesor de política poblacional en la Universidad Nacional de Seúl. A futuro, el país tendrá que hacer atractiva la mudanza de colaboradores jóvenes fuera del área metropolitana de Seúl —donde los costos de matrimonio y crianza son más altos— hacia zonas menos densas donde sea más fácil criar hijos, añade Joo. “Se necesitará un esfuerzo serio, no solo del gobierno sino de toda la nación” para sacar a la gente de las ciudades y fomentar más nacimientos, añade.
Para apoyar a sus colaboradores con hijos, Krafton también ha agregado beneficios como servicios de guardería de emergencia, suplentes garantizados para cubrir licencias parentales y protecciones contra sanciones de carrera por tomar tiempo libre.
En su guardería corporativa en Seúl, dos docenas de niños juegan con bloques, pelotas o carritos, atendidos por 15 maestras que los cuidan en turnos hasta las 9:30 p.m. si los padres salen tarde del trabajo.
Hoy, los padres superan en número a las madres a la hora de la salida de los pequeños, un cambio cultural notable en un país donde la participación masculina en la crianza suele ser mínima, señala Kim Hyo-jin, empleada de Krafton y madre trabajadora.

Las políticas profamilia también ayudan a las empresas a atraer y retener talento. Un total de 58 empleados recibieron los apoyos desde que se lanzaron este año, y todos permanecen en la compañía. “La calidad de los currículums que recibimos está mejorando, incluso llegan de la competencia”, dice Choi Jae-keun, jefe de operaciones generales en Krafton.
En Booyoung, de los aproximadamente 100 empleados que recibieron los bonos por bebé, ninguno ha renunciado. Entre ellos, Hong, quien amplió su familia gracias al incentivo. “Uno quiere trabajar duro y mantener el éxito de la compañía para que todos sigamos disfrutando de los beneficios”, afirma.
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