En Kirguistán, un miembro del Parlamento hizo un llamado urgente al Gobierno para que comience a crear empleos y establezca viviendas temporales para los profesionales de la tecnología de la información que llegan diariamente desde Rusia. Incluso una nación pobre de Asia Central que exporta mano de obra migrante barata para obras de construcción rusas y restaurantes de comida rápida, parece un refugio seguro para miles de rusos con educación que huyen del cataclismo que Vladimir Putin creó al invadir Ucrania.
Esto ya no puede describirse como una fuga de cerebros: es una estampida hacia las salidas. Konstantin Sonin, economista de la Universidad de Chicago, ha estimado que unos 200 mil rusos huyeron en los primeros 10 días de la invasión a Armenia, Georgia, Israel, Kazajstán, Kirguistán, Turquía, cualquier país que admita rusos sin visa. Es un número pequeño en comparación con los 2.8 millones de refugiados que abandonaron Ucrania, pero los rusos, como ciudadanos de la nación agresora, no necesitan correr para salvar sus vidas.
En su mayoría, se trata de personas que tienen mucho que perder: casas, automóviles, ingresos cómodos y ahorros que son difíciles de sacar de los bancos rusos debido a los estrictos controles de capital. Están dejando todo atrás, la mayoría de ellos porque no quieren tener nada que ver con el falso proyecto imperial de Putin y no quieren ser asociados con sus crímenes de guerra; otros porque no pueden imaginar vivir bajo la autarquía al estilo soviético a la que las sanciones occidentales han condenado a Rusia.
Las salidas marcan una tendencia al alza en la emigración que se ha desarrollado en los últimos años. Según las estadísticas oficiales de Rusia, que subestiman el número de emigrados en comparación con los datos de los países de destino, Rusia perdió 1.2 millones de personas en 1992 y 1993, años inmediatamente posteriores al colapso soviético que estuvieron marcados por el conflicto y la hiperinflación. Muchos de ellos eran académicos y profesionales que transfor-marían campos científicos completos y enfoques de la educación en los países donde se establecieron.
La emigración eventualmente se desaceleró, alcanzando un punto más bajo alrededor de 2011, hacia el final de la presidencia relativamente esperanzada de Dmitry Medvedev y antes de que las elecciones parlamentarias robadas de ese año enviaran a decenas de miles a las calles en protesta. Después de que las manifestaciones se desvanecieron y Putin comenzara a apretar los tornillos, nuevamente, la salida de rusos, en su mayoría profesionistas de clase media, recuperó velocidad. En 2014, con la anexión de Crimea, se podría volver a hablar de éxodo. No se registró en las estadísticas oficiales, porque muchos de los que partieron conservaron sus hogares y pasaportes rusos. En 2019, un informe compilado por Atlantic Council, estimó el tamaño del " éxodo de Putin” desde 2000 entre 1.6 millones y 2 millones de personas. Más de la mitad se estableció en Occidente, aprovechando los contratos de trabajo y los intercambios de estudiantes, mientras que un número considerable recibió asilo político.
Estos hombres y mujeres no abandonaron Rusia en busca de un estilo de vida más cómodo, sino con la esperanza de encontrar la libertad y la oportunidad intelectual. A esta ola la llamo la emigración de la decepción. Después, parecía que Rusia podía ser un país nuevo, que miraba hacia el futuro, no hacia el pasado, que usaba su enorme reserva de talento para el progreso, no para la destrucción. Resultó ser una ilusión. Putin eliminó esa visión año tras año. La invasión de Ucrania de 2022 arrasó con cualquier remanente de esperanza. Los nuevos emigrados no pueden hacer nada por ser rusos. A medida que comienzan a buscar casas y trabajos, como desarrolladores de software, profesores, investigadores, no pueden ocultar sus nombres, acentos y pasaportes. Junto con los recién llegados, ya están sintiendo el sentimiento antirruso.
Aun así, al igual que sus predecesores, estos rusos también se integrarán en sus nuevos países de origen. La invasión se ha caracterizado por graves fracasos de estrategia, táctica y preparación. La pobreza intelec-tual del régimen de Putin ha quedado al descubierto.
Consulta aquí nuestra edición más reciente:






