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Biden quiere crear millones de trabajos bien remunerados en la energía limpia, pero falta mucho

La política energética del presidente de EU tiene como objetivo alcanzar, para 2035, una generación eléctrica con cero emisiones.

Cuando trabajaba como supervisor de construcción, Steven Morones se despertaba a las 4 de la mañana y conducía dos horas hasta un campo de maíz de Wisconsin. Allí, él y el resto de la cuadrilla no sindicalizada pasaban el día montando una estructura, una extensa red de vigas de acero para soportar paneles solares. En el invierno, colocar tornillos usando guantes es casi imposible, de modo que lo hacía con las manos desnudas, a una temperatura de -13 ° C.

Mientras su cuerpo luchaba contra la naturaleza, su mente solo tenía una preocupación constante: que su salario de 25 dólares por hora no era suficiente para llegar a fin de mes.

“Siempre estuve estresado por vivir al día”, recuerda Morones, que tiene una edad de 30 años y es padre de cuatro hijos. “Simplemente no podía concentrarme en el futuro”.


Desde su campaña para la presidencia de Estados Unidos, y ahora con la propuesta de un plan de infraestructura de 2.3 billones de dólares, Joe Biden ha subrayado el potencial de las industrias solar y eólica para crear los empleos que la economía estadounidense ha estado perdiendo durante décadas. “Un elemento clave de nuestro plan de recuperación Build Back Better es la construcción de una infraestructura climática moderna y resiliente y un futuro de energía limpia que creará millones de empleos sindicalizados bien pagados”, sostuvo Biden en un discurso el 27 de enero, en el que expuso su política energética, que tiene como objetivo alcanzar, para 2035, una generación eléctrica con cero emisiones.

Ese futuro está reñido con la realidad actual, como pueden dar fe Morones y otros trabajadores del sector de las energías renovables. Es cierto, el sector está generando trabajos a un ritmo saludable: los técnicos de mantenimiento de parques eólicos ocupan el primer lugar en la lista de las ocupaciones de más rápido crecimiento, compilada por la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, y los instaladores solares ocupan el tercer lugar.

Sin embargo, los sindicatos dicen que las empresas han desalentado o se han opuesto activamente a la sindicalización de quienes trabajan en la instalación y la construcción, que en Estados Unidos representan la mayor parte de los empleos en energías renovables. Eso ha mantenido bajos los salarios al tiempo que priva a los trabajadores de las prestaciones de salud y jubilación.

“La nueva economía verde ha sido anunciada como un ganar-ganar para los colaboradores y el medio ambiente, pero eso es una gran mentira para los trabajadores cuando los desarrolladores de energía eólica y solar desalientan los esfuerzos de sindicalización, lo vemos en la mayoría de los proyectos de energía a gran escala”, señala Terry O’Sullivan, quien es el presidente general del Sindicato Internacional de Trabajadores de América del Norte (Liuna).

En Estados Unidos, las industrias eólica y solar emplean a 222 mil trabajadores de la construcción e instalación, según un informe de 2020 compilado por la Asociación Nacional de Funcionarios Estatales de Energía y la firma de investigación, Energy Futures Initiative. En total, el cuatro por ciento de los trabajadores de la energía solar fotovoltaica y el seis por ciento de los trabajadores de la energía eólica pertenecen a sindicatos, indica el informe, menos que en la nuclear y el carbón. También es menos de la mitad de la tasa del 13.4 por ciento de sindicalizados en la industria de la construcción privada, de acuerdo con datos gubernamentales. Las asociaciones gremiales, sin embargo, tienen otros datos. La Asociación de Industrias de Energía Solar afirma que el 10.3 por ciento de la fuerza laboral está sindicalizada.

Un obstáculo importante para la organización sindical es que los desarrolladores a menudo dependen de agencias de contratación para hacerse de trabajadores. Según los Sindicatos de la Construcción de América del Norte (Nabtu), menos de una cuarta parte de los proyectos eólicos y solares que se iniciaron desde principios del año pasado contratan trabajadores sindicalizados.

Los trabajadores del ramo solar que no están en un sindicato ganan en promedio entre 16 y 19 dólares por hora, mientras que sus contrapartes en proyectos eólicos perciben entre 17 y 25 dólares por hora, según Liuna, que representa a medio millón de trabajadores de la construcción. El sindicato asegura que, a sus miembros que trabajan en proyectos solares, se les paga un salario por hora de 28.41 dólares, mientras que a sus pares en el sector eólico se les paga alrededor de 27.65 dólares la hora. Y todos tienen beneficios.

“El capital verde no quiere sindicatos”, dice Joe Uehlein, presidente de Labor Network for Sustainability, un grupo de defensa de los trabajadores en las energías renovables en Maryland. Las empresas solares a menudo piden que los instaladores firmen contratos en los que admiten ser contratistas independientes, eso les impide afiliarse a sindicatos, añade. “No son buenos actores en el trato que dan a sus trabajadores”.

American Clean Power (ACP), un grupo cabildero que incluye a algunos de los actores más importantes de la industria, como Berkshire Hathaway Energy, GE Renewable Energy y NextEra Energy, rechaza esa afirmación. “La industria de la energía limpia está comprometida a trabajar con los sindicatos para garantizar que todos los trabajadores sean recompensados y reciban los beneficios salariales, de salud y de jubilación que merecen”, señala John Hensley, vicepresidente de investigación y análisis de ACP.

Sabrina Morris, sin pertenecer a un sindicato, ganaba inicialmente 15 dólares por hora. Una simple llovizna o una ráfaga de viento hacían que su trabajo se volviera peligroso, pero a sus patrones no les importaba. “Hay contratistas que solo quieren hacer el trabajo rápido y a bajo costo, poniendo a la gente en riesgo”, dice Morris, de 37 años, quien ahora coordina las inspecciones de seguridad en otra compañía de energía solar en el estado.

En California (donde el año pasado entró en vigor el decreto que establece que la mayoría de las viviendas unifamiliares de nueva construcción estén equipadas con paneles solares), la división estatal de la Agencia de Seguridad y Salud Laboral ha inspeccionado 70 sitios de instalación solar en los últimos cinco años, gracias a que los trabajadores reportan condiciones inseguras y accidentes.

Morones comenta que se siente más seguro desde que se unió a un sindicato en noviembre pasado. Ahora gana unos 34 dólares por hora como aprendiz de tercer año en un proyecto solar en Illinois, más de lo que ganaba como supervisor en Wisconsin. También tiene un plan de jubilación de contribución definida y cobertura médica completa para él y su familia. “Me ha preparado para el futuro, no sufro económicamente como antes”, dice.

Horas después de asumir la presidencia, Biden firmó una orden ejecutiva para que Estados Unidos regresara al Acuerdo de París. Los artífices del histórico acuerdo de 2015 instaron a los gobiernos a garantizar una “transición justa” a una economía verde mediante la adopción de políticas que promuevan la creación de “empleos de calidad”. Los sindicatos estadounidenses comparten ese objetivo. “Cuando ves la transición a empleos verdes, nuestra preocupación es: ¿qué tipo de trabajos van a ser?”, reflexiona Richard Trumka, presidente de la AFL-CIO, el grupo sindical más grande del país. “Si los trabajadores comienzan a sentir que la transición es realmente un asalto a nuestro nivel de vida, habrá un retroceso económico y político”.

Una de las prioridades para Trumka y el resto de los sindicatos es lograr la aprobación de la Ley de Protección del Derecho de Sindicación, la Ley PRO. La legislación garantiza a los empleados del sector privado el derecho a agremiarse a un sindicato y prohibiría a los patrones tomar represalias contra los esfuerzos de la sindicalización.

También reduce los requerimientos para que los contratistas demuestren que son empleados según la ley laboral federal, una disposición que puede dificultar que las empresas de energía renovable dependan de trabajadores eventuales. La Ley PRO fue aprobada por un estrecho margen en la Cámara en diciembre, pero todavía tiene que recibir el visto bueno del Senado.

Robert Scott, economista del Economic Policy Institute en Washington, afirma que los cambios contemplados en la Ley PRO, junto con el aumento en la demanda de mano de obra que desencadenaría el plan de infraestructura de Biden, beneficiarían a los trabajadores: “Les dará más peso a ellos, al tiempo que reduce el poder de mercado del empleador”.

Con todo, los sindicatos ya están avanzando en algunas partes de la industria de la energía limpia. En noviembre, la danesa Orsted, líder mundial en parques eólicos marinos, fue la primera en asociarse con un sindicato nacional, Nabtu, para capacitar a los trabajadores en la transición a la industria. “Creemos que las compañías y los sindicatos deben trabajar juntos para garantizar que la industria eólica marina se convierta y se mantenga como una fuente importante de trabajos de alta calidad y bien remunerados en nuestras comunidades”, declaró Orsted en un comunicado.

El grupo de cabildeo ACP pronostica que puede haber hasta 280 mil empleos de energía limpia sindicalizados para 2030, lo que equivale aproximadamente a una cuarta parte de la fuerza laboral proyectada de la industria.

Todd Sorter pasó buena parte de la pandemia ayudando a levantar torres eólicas en el suroeste de Minnesota. Su trabajo consistía en verter cemento en un gran anillo de acero que ayuda a asegurar la base de una torre eólica a su pedestal. Ganaba 30 dólares la hora y tenía vacaciones remuneradas, plan de pensión y plan médico completo. Este último resultó útil cuando Sorter contrajo el coronavirus en octubre y pasó cuatro días en el hospital. Aunque no pudo trabajar durante un mes, se considera afortunado: “De no haber estado en un sindicato, no habría tenido cobertura médica”.

Saijel Kishan con la colaboración de Saleha Mohsin, Jennifer Jacobs y Josh Saul

Este texto es parte del especial de la revista Bloomberg Businessweek México de ‘¡El show ya no está aquí'. Consulta aquí la edición fast de este número.