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Tendremos menos estudiantes en México, pero ¿tendremos más futuro?

México tendrá menos estudiantes, pero enfrenta grandes retos educativos: aprendizajes, desigualdad, formación docente y menor gasto público en educación.

México tendrá menos niñas y niños. Y eso debería preocuparnos mucho más de lo que parece. No porque haya menos estudiantes que atender. Al contrario: porque cada niña y cada niño que nazca, crezca y llegue a una escuela tendrá todavía más peso en el futuro del país. La OCDE, en su más reciente publicación sobre el panorama de la educación del 2026, compartió una fotografía que deberíamos mirar con mucha más atención. Entre 2024 y 2033, la población mexicana de 5 a 14 años disminuirá 8 por ciento. La demografía está cambiando y, con ella, necesariamente tendrá que cambiar nuestro sistema educativo.

Por lo pronto, la pregunta que deberíamos estar haciéndonos como país es cómo atenderemos esta oportunidad. Porque tener menos estudiantes no significa tener menos problemas educativos. Entre 2015 y 2024, la matrícula de primaria disminuyó 8 por ciento, mientras el número de docentes aumentó 7 por ciento. En preescolar, la matrícula cayó 12 por ciento y el número de docentes aumentó 20 por ciento. Sin embargo, México sigue teniendo una de las relaciones más altas de estudiantes por docente de la OCDE: 23 en primaria, frente a 14 en promedio en los países de la organización; y 31 en secundaria, la relación más alta entre los países comparables. Este es un tema que las autoridades educativas debieran poner al centro de sus decisiones.

Y, tampoco podemos hablar del futuro sin mirar dónde empieza la desigualdad. A los dos años, apenas 9 por ciento de las niñas y niños mexicanos participa en algún servicio de educación y atención de la primera infancia, frente a 63 por ciento en promedio en la OCDE. Si esperamos a que lleguen a primaria para preguntarnos por qué algunos niños tienen mayores oportunidades de aprender que otros, llegamos tarde.

Desde luego, seguimos discutiendo cómo recuperar aprendizajes perdidos cuando deberíamos preguntarnos también cómo evitar que las brechas aparezcan desde el principio. Y hay otro dato que debería provocar una conversación nacional: el gasto gubernamental en educación, como proporción del PIB, pasó de 4.4 por ciento en 2015 a 2.9 por ciento en 2023. México se encuentra entre los países de la OCDE que destinan menos de 3 por ciento del PIB a educación de primaria a superior. No se trata simplemente de decir “hay que gastar más”. Se trata de preguntarnos qué queremos garantizar con cada peso que invertimos. Habrá que esperar cómo se aprueba el presupuesto 2027 pero seguimos distantes y lejanos de lo que merecemos invertir en educación en el país.

Una política educativa seria no puede reducirse a contar escuelas, plazas, becas o recursos. Tiene que preguntarse si una niña comprende lo que lee, si un adolescente puede resolver un problema matemático, si una maestra tiene las condiciones para enseñar bien, si un joven logra terminar la educación media superior y si el lugar donde nació determina cuánto podrá aprender.

La educación no puede seguir entrando y saliendo de la agenda nacional según la coyuntura. No puede ser prioridad cuando se publican los resultados de PISA y desaparecer cuando llega el presupuesto, cuando inicia el ciclo escolar y dejar de serlo cuando las escuelas vuelven a llenarse, cuando hablamos de becas y dejar de serlo cuando hablamos de aprendizajes. Y, no puede ser prioridad cuando hablamos de inteligencia artificial mientras millones de estudiantes todavía no alcanzan los aprendizajes fundamentales.

México necesita dejar de pensar la educación como una agenda de gobierno y empezar a construirla como una agenda de nación. Una agenda de gobierno cambia con cada administración. Una agenda de nación responde preguntas que permanecen: ¿qué debe saber y poder hacer cada joven mexicano para construir su propia vida? ¿Qué aprendizajes son irrenunciables? ¿Qué condiciones necesita una maestra para enseñar bien? ¿Cuánto estamos dispuestos a invertir para que el origen no determine el destino? ¿Qué escuela necesitamos frente a la inteligencia artificial, la violencia, la desigualdad y el cambio demográfico?

Y, sobre todo, ¿qué hacemos cuando la evidencia nos demuestra que algo no funciona? México no necesita otra temporada de prioridades educativas. Necesita una decisión de largo plazo. No habrá seguridad sostenible sin jóvenes con oportunidades. No habrá movilidad social sin aprendizajes. No habrá productividad sin capacidades. No habrá ciudadanía democrática sin pensamiento crítico. No habrá innovación si no enseñamos a comprender, preguntar y crear.

La educación no es una prioridad más. Es la condición para que las demás prioridades sean posibles. Por eso, la pregunta ya no debería ser cuánto falta para terminar otra reforma educativa. La pregunta es mucho más grande: ¿qué país queremos que encuentren las niñas y los niños que todavía no han nacido? México tendrá menos estudiantes. Cada uno de ellos importará más. Y si no somos capaces de entenderlo, no estaremos resolviendo el futuro de México. Estaremos administrando su pérdida.

Patricia Vázquez del Mercado

Patricia Vázquez del Mercado

Presidenta Ejecutiva de Mexicanos Primero

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