Mitos y Mentadas

Trump, los economistas y el déficit comercial [II]

Si el gobierno continúa gastando más de lo que recauda y el ahorro privado no compensa ese endeudamiento, los desequilibrios pueden reforzarse.

En mi columna anterior vimos que, para muchos economistas, el déficit comercial de EU no es un problema. Mientras el mundo quiera acumular activos de EU, el déficit puede mantenerse. Otros economistas, entre ellos Michael Pettis, cuestionan que esta relación sea inocua. El exceso de ahorro del resto del mundo también puede provocar burbujas de activos, desplazamiento de producción y mayor endeudamiento. La deuda abre la pregunta de esta segunda parte. ¿Qué sucede cuando EU, además de absorber el ahorro extranjero, necesita colocar cantidades cada vez mayores de deuda pública?

EU mantiene déficits fiscales cercanos al 6% del PIB. La Oficina Presupuestaria del Congreso proyecta que el déficit alcanzará 6.7% del PIB en 2036 y que la deuda pública en manos del público llegará al 120% del PIB. Si el gobierno continúa gastando más de lo que recauda y el ahorro privado no compensa ese endeudamiento, los desequilibrios pueden reforzarse. Si los inversionistas exigen mayores rendimientos, aumentará el costo de financiar la deuda y se agravará la situación fiscal.

Para resolver esto, las respuestas convencionales suelen concentrarse en aumentar el impuesto sobre la renta, contener el gasto o combinar ambas medidas. Existe otra alternativa que no exige reformar el sistema tributario: agregar un arancel progresivo y diferenciado sobre las importaciones, con tasas según el valor y la naturaleza de los productos. Nicholas Kaldor ya había defendido un impuesto progresivo al consumo, aunque su propuesta no se limitaba a los bienes importados. La distinción sería entre las importaciones que fortalecen la capacidad productiva y aquellas destinadas principalmente al consumo discrecional.

La propuesta tendría dos objetivos. En productos como televisores, ropa de moda y otros bienes que se reemplazan frecuentemente, el encarecimiento podría incentivar a prolongar su uso y reducir compras innecesarias. Quien renueva sin necesidad paga más. En artículos de lujo, cuyos compradores suelen ser menos sensibles al precio, el resultado podría ser una mayor recaudación. Unos consumidores contribuirían reduciendo importaciones; otros pagando más impuestos.

Esto también permitiría cuestionar una cultura de sobreconsumo. ¿Por qué cambiar cada año un teléfono que todavía funciona? ¿Por qué sustituir productos perfectamente utilizables simplemente porque apareció un modelo nuevo? Además de sus consecuencias económicas implican un desperdicio de recursos y costos ambientales.

La recaudación adicional permitiría reducir el déficit fiscal sin elevar el impuesto sobre la renta, que grava los ingresos del trabajo y del capital y dependiendo de su diseño, puede desincentivar el ahorro, la inversión y el esfuerzo productivo. A diferencia de este impuesto, el consumidor tendría mayor margen para decidir cuánto impuesto adicional paga mediante sus decisiones de compra. Su diseño tendría que evitar afectar insumos productivos y bienes esenciales.

Aquí aparece una conexión con Pettis. El déficit comercial no depende solamente de cuánto importa un país, sino de la relación entre su ahorro y su inversión. Si el gobierno utiliza la recaudación adicional para reducir su déficit y los hogares ahorran parte de lo que dejan de consumir, podría aumentar el ahorro nacional y disminuir la necesidad de financiamiento externo. Naturalmente, esto no ocurriría automáticamente.

A diferencia de Trump, la propuesta no consiste simplemente en proteger a los productores estadounidenses mediante aranceles. Busca utilizar la política comercial para influir sobre la composición del consumo, fortalecer las finanzas públicas y modificar los incentivos al ahorro. Tampoco garantiza que disminuya el déficit comercial, pero ofrece una alternativa que merece evaluarse frente a los costos de otros instrumentos tributarios.

Ahora bien, existe otra posibilidad: que el ajuste no lo decida Washington, sino los mercados. ¿Qué sucedería si los inversionistas extranjeros exigieran rendimientos considerablemente mayores para continuar acumulando activos estadounidenses? El financiamiento sería más costoso y podría obligar a reducir el consumo y las importaciones. El ajuste también afectaría a China, México y otras economías que dependen de la demanda estadounidense.

Ésta es la paradoja. El mundo critica a EU por sus déficits, pero necesita mercados donde colocar sus excedentes. EU critica los superávits de otros mientras aprovecha la demanda internacional por sus activos para financiar su propio exceso de gasto.

El verdadero riesgo es que algún día los mercados impongan el ajuste que Washington no quiso hacer. Las cuentas siempre terminan cuadrando. Lo que no garantizan las identidades contables es a qué precio tendrán que cuadrar.

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