Mitos y Mentadas

Trump, los economistas y el déficit comercial [I]

Los déficits bilaterales con China, México o cualquier otro país dicen relativamente poco, porque lo que importa es el saldo total. Corregirlos con aranceles difícilmente funcionará si no cambian el ahorro, la inversión y el gasto de Estados Unidos.

Durante casi medio siglo Estados Unidos ha registrado déficits comerciales persistentes. Para muchos economistas esto no es por sí mismo un problema. Para otros, entre ellos Michael Pettis y Matthew Klein, los grandes desequilibrios comerciales pueden tener consecuencias profundas. La diferencia no está en las cifras, sino en qué las provoca.

La explicación convencional sostiene que cuando un país invierte más de lo que ahorra, necesita capital extranjero para financiar la diferencia. EU atrae ese capital gracias al tamaño de sus mercados financieros y al papel del dólar como principal moneda de reserva mundial. Desde esta perspectiva, el déficit comercial puede incluso reflejar fortaleza. Los déficits bilaterales con China, México o cualquier otro país dicen relativamente poco, porque lo que importa es el saldo total. Corregirlos con aranceles difícilmente funcionará si no cambian el ahorro, la inversión y el gasto de Estados Unidos.

Trump interpreta el déficit de otra manera. Para él, es prueba de que EU ha sido perjudicado por sus socios comerciales y no está solo. Peter Navarro, Jamieson Greer y Stephen Miran también cuestionan que los grandes déficits sean inocuos. EU ha mantenido déficits durante décadas sin sufrir un colapso económico. Ha creado empleo y conservado una enorme capacidad de innovación. Tampoco toda la pérdida de la manufactura puede atribuirse al comercio. Pettis y Klein parten de otra explicación. Los grandes superávits de países como China pueden originarse no sólo en mayor eficiencia, sino también en políticas internas que transfieren ingreso de los hogares hacia empresas o gobiernos. El consumo crece entonces menos que la producción, aumenta el ahorro y el país tiene que colocar en el exterior lo que no consume internamente. El exceso de ahorro también se exporta.

Aquí está el verdadero desacuerdo. La explicación tradicional dice que Estados Unidos ahorra poco y por eso necesita capital extranjero. Pettis sostiene que la causalidad también puede funcionar al revés. La entrada de capital puede obligar a EU a absorber el exceso de ahorro del resto del mundo y reducir su propio ahorro.

No todas las entradas de capital extranjero tienen las mismas consecuencias. Si financian inversión productiva que de otra manera no se realizaría, pueden aumentar la capacidad de la economía y entonces no necesariamente representarían un problema. Pero Pettis argumenta que una economía avanzada como la estadounidense normalmente no carece de capital. El ajuste puede aparecer entonces como menor ahorro, más deuda, burbujas de activos o desplazamiento de producción manufacturera.

Trump y Pettis llegan por caminos distintos a cuestionar la idea de que los grandes desequilibrios comerciales puedan persistir indefinidamente sin costos importantes para la economía estadounidense. Pero difieren en las causas y en las soluciones.

Pettis ha considerado que un arancel amplio puede ser una herramienta para enfrentar el desequilibrio, aunque no considere que los aranceles bilaterales resuelvan el problema. Para él, los excedentes de ahorro extranjero que terminan siendo absorbidos por EU son parte central del desequilibrio, y un arancel puede funcionar como un impuesto al consumo que encarece las importaciones y favorece la producción nacional. Pero si no se modifica el exceso de ahorro de los países superavitarios, las importaciones pueden simplemente desplazarse de un país a otro y el déficit total permanecer. Por eso Pettis ha planteado una alternativa más directa. Sugiere actuar sobre las entradas de capital extranjero, incluso gravándolas para atacar el desequilibrio en su origen.

Conviene recordar que los modelos económicos también tienen límites. Durante mucho tiempo la teoría económica trató en cero como límite inferior para las tasas nominales de interés. Sin embargo, varios bancos centrales europeos y el Banco de Japón las llevaron a terreno negativo, y durante años hubo billones de dólares en bonos con rendimientos negativos. La teoría tuvo que adaptarse a la realidad. Con el déficit comercial conviene mantener la misma apertura. Que las cuentas cuadren es indiscutible; que eso explique el desequilibrio es otra cosa. Una identidad contable muestra cómo se relacionan las cifras, pero no demuestra qué causa qué.

Trump puede equivocarse al obsesionarse con los déficits bilaterales. Pero sus errores no convierten en acierto la costumbre de restar importancia a los grandes desequilibrios globales. La ortodoxia también debe dar explicaciones. En la próxima entrega analizaré qué ocurre cuando al déficit comercial se suma otro desequilibrio: el déficit fiscal.

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