Mitos y Mentadas

México: cuando la ley estorba al poder

La petición de arresto contra el gobernador en funciones de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y otros funcionarios emitida desde el Distrito Sur de Nueva York, entra exactamente en esa categoría.

En México, cuando la ley alcanza al poder siempre es “política” y cuando no, también. La petición de arresto contra el gobernador en funciones de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y otros funcionarios emitida desde el Distrito Sur de Nueva York, entra exactamente en esa categoría. La reacción inmediata ha sido etiquetarla como política. Desacreditar el origen para evitar discutir el fondo.

Esta lectura ignora cómo funciona el sistema legal federal en el estado de Nueva York. El “United States District Court for the Southern District of New York” no es un tribunal cualquiera. Es una institución con una arquitectura diseñada precisamente para resistir presiones políticas. Sus jueces, una vez confirmados, tienen nombramientos vitalicios. No dependen de ciclos electorales, no responden a incentivos partidistas. Su única obligación es con la ley y con la evidencia que se les presenta. En México, donde estamos acostumbrados a que las decisiones son políticas no se entiende esto. Con sede en Manhattan, es conocido como el “Sovereign District” (Distrito soberano), un apodo que no es retórico sino descriptivo. Subraya su tradición de independencia y su papel en algunos de los casos más complejos del mundo.

Del otro lado está la “U.S. Attorney’s Office for the Southern District of New York”, una fiscalía con una reputación construida durante décadas sobre un principio: no pedir permiso. Aunque formalmente forma parte del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, en la práctica opera con un grado de autonomía que ha consolidado ese carácter. No es una exageración. Es una forma de operar. El SDNY atrae a los mejores fiscales del país que buscan hacer carrera lejos de la influencia de los partidos.

Sus decisiones no son políticas con consecuencias legales. Son decisiones legales con consecuencias políticas. Una orden de arresto no surge de una instrucción tomada en Washington, sino de investigaciones largas construidas caso por caso, con evidencia que debe pasar por múltiples filtros. Antes de una orden de arresto, un gran jurado federal conformado por un grupo de ciudadanos debe considerar la evidencia presentada por los fiscales y determinar si existe causa probable. Primero, el trabajo de fiscales y agencias. Después, la validación de ese gran jurado. Finalmente, la revisión de un juez federal. Cada etapa añade un nivel de escrutinio que reduce el margen para motivaciones políticas. Además, se hace en total sigilo, sin pedir permiso a nadie, algo que en México es impensable.

En México, las investigaciones contra figuras de alto nivel suelen filtrarse, congelarse o diluirse antes de llegar a un juez. En el Distrito Sur de Nueva York, el proceso es el inverso. Primero se construye el caso durante meses, en ocasiones años y solo aparece cuando está listo para sostenerse en tribunales. Los que creen que fue Trump el que dio la orden se equivocan. La investigación de Rocha Moya comenzó desde el 2024 cuando llegó el Mayo Zambada a EU. Biden era presidente de los Estados Unidos. Por cierto, el caso del general Cienfuegos estaba domiciliado en el distrito Este de Nueva York que no tiene la misma fama, en cuanto a independencia.

El prestigio del SDNY no se construyó obedeciendo sino desafiando poder. Actuar por consigna política sería una ruptura con la lógica que le ha dado legitimidad durante décadas. El tipo de casos que maneja responde a jurisdicción. Lavado de dinero, fraude financiero, corrupción vinculada al sistema bancario, narcotráfico con operaciones en dólares. Es decir, delitos que tocan directamente el sistema financiero de Estados Unidos. No importa si el acusado es un banquero en Manhattan o un funcionario en otro país. La acusación incluye cláusulas específicas para la confiscación de bienes.

Perseguir a un gobernador en funciones de otro país no es gratis para Estados Unidos. Genera fricción diplomática, presión mediática y riesgo institucional. Precisamente por eso, estos casos no se construyen para enviar mensajes políticos, sino para sobrevivir el escrutinio judicial.

La narrativa política mexicana confunde consecuencias con causas. Que un caso tenga implicaciones políticas no lo convierte en un caso político. Son dos cosas distintas. Por eso, la pregunta relevante no es si la orden de arresto es política. La pregunta debería ser ¿qué evidencia existe para haya decidido avanzar? Desviar la discusión hacia la política es, en el fondo, una forma de no enfrentar esa pregunta.

México tiene una larga tradición de explicar sus problemas mirando hacia afuera. La diferencia entre sistemas donde la ley puede alcanzar al poder y sistemas donde el poder define hasta dónde llega la ley. En un mundo interconectado, la debilidad institucional mexicana termina externalizando la justicia.

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