David Calderon

Presencia plena

La presencia plena de niñas y niños va a requerir la dedicación plena de los adultos a quienes la educación les importe de verdad.

La evidencia desde la investigación de campo (como la presentada por nuestro estudio ‘Equidad y regreso’, pero coincidente con lo que se ha hecho en diversas partes del mundo, de India a Italia, de Botsuana a Holanda) y la experiencia personal nos confirman lo que desde siempre sabíamos, o al menos sospechábamos: la educación a distancia, en las variantes tomadas en México durante 15 meses de cierre de aula, son en general un pálido y problemático sucedáneo de la educación presencial.

Al inicio de la pandemia padecimos, recetada por la autoridad, de una retórica triunfalista que afirmaba que los niños estaban contentos, los adultos se daban cuenta de que sus hijas e hijos “aprendían mucho” y se confundía los esfuerzos –literalmente heroicos– de Televisión Educativa con un efecto proporcionado y adecuado en el aprendizaje de cada estudiante. Vamos, hasta se llegó a decir que en México no había habido, como en otros lados, pérdida de aprendizaje.

La dificultad del presente ya no pende tanto del comparativo de educación a distancia vs. educación presencial: hasta el presidente está ya convencido que hay que volver a las aulas, y que el impacto del aspecto socioemocional es mayúsculo en el bienestar de la joven generación… encontrarse y reconocerse con los pares, estar a resguardo en la escuela, se han vuelto imperativos, como nunca.

Ante tamaña emergencia, se requiere actuar en forma urgente, focalizada y decidida. Niñas, niños y jóvenes necesitan volver. Todos, no sólo los privilegiados con escuelas que sí cuentan con infraestructura alistada, suministros asegurados y protocolos claros y socializados por docentes y familias; todos, no sólo aquellos en cuyas escuelas los adultos decidieron con Google Forms que se quedarían sin asistir otro mes.

Nadie debe aceptar ir a una escuela que no está lista. Pero nadie, nunca, debe aceptar que la escuela de sus hijos no está lista porque sí, porque no les tocó, porque no hay dinero. Que es fatalidad y destino histórico perder. Que sus hijas e hijos sean menos importantes que los estudiantes de las escuelas en la capital. No debiera haber una sola escuela sin agua, o que el corte no durara más de una semana. No debiera haber una sola escuela sin protocolo, aceptado y modificado en asamblea, juntos madres y padres, docentes y representantes de los estudiantes.

Sí hay dinero en México para infraestructura y trabajos… el punto es quién lo administra, y por qué no es –todavía ahora– la educación actividad esencial; al Consejo General de Salubridad no le importó, en la práctica, lo que emitió SIPINNA como indicaciones de interés superior de la niñez. Tenemos que seguir cuestionando por qué todavía ahora La Escuela es Nuestra la opera territorialmente la Secretaría de Bienestar y no la SEP; por qué unas escuelas están listas, otras sólo pintadas a la carrera, con una supercuadrilla que llegó en diez horas a ‘producir’ para la foto, y hoy está miserablemente cerrada. Por qué, después de 15 meses, no renuncian los funcionarios que no pueden garantizar que haya agua en cada escuela, ventilación, termómetro y cubrebocas.

¿Cuándo regresar? Lo más pronto posible. Reconocer con honestidad que para los niños es más segura la escuela que el mercado, la plaza comercial, la fiesta infantil y hasta la reunión familiar en donde ya se han visto expuestos a las decisiones de los adultos. Para que agosto no sea un fiasco, julio –que apenas comienza– necesita ser de actividad intensa. Y anticiparse: no es aceptable que el escalonamiento –que no lleguen todos los chicos de cada grupo al plantel, sino la mitad, una cuarta parte y hasta menos, según sea lo indicado– signifique que el maestro repetirá varias veces la lección, o que hará “streaming” con su celular desde el aula para que lo vean en casa los que ahí les tocó el turno, o –peor horror de todos– que unos “verán el tema” en presencial y otros les tocará Aprende en Casa temporada 5, 6 o 7.

El sistema híbrido o mixto no es una realidad operable para las grandes mayorías en México. Es restarles a su derecho, y darles gato por liebre, un programa de tele con exposición frontal contra una sesión con su propio maestro y con compañeros en tiempo real. No deberemos aceptar menos, pues el efecto ya lo vemos ahora: pérdida de aprendizaje, marchitarse en las emociones, desánimo para continuar. No rehuyamos el reto. Que la autoridad honestamente pida colaboración y ayuda, y que esté lista a abandonar la actitud de todo sabe y todo puede. La presencia plena de niñas y niños va a requerir la dedicación plena de los adultos a quienes la educación les importe de verdad.

El autor es presidente ejecutivo de Mexicanos Primero.

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