David Calderon

Abrir con corazón

Si no hay una preparación previa para los maestros, que parta de su autorreflexión como personas con sentimientos y esperanzas, la apertura está condenada a fracasar.

En esta semana presentamos el primer atisbo de una investigación en curso, Equidad y Regreso, en la cual estamos siguiendo a poco más de dos mil estudiantes mexicanos, entre 10 y 15 años de edad, que viven en contextos desfavorecidos y sus familias son beneficiarias de los apoyos sociales. Es una investigación de entrevista en el propio hogar, en la que además de las respuestas de niñas, niños y jóvenes tuvimos oportunidad de explorar con sus madres, padres o tutores algunos aspectos de la condición socioeconómica, de la dinámica familiar y de la experiencia con Aprende en Casa en su expresión típica de programación televisiva.

Este esfuerzo, que es único en su tipo en México y del cual hemos recibido muy buenos comentarios de expertos de la región por su planteamiento novedoso e integral, quiere abonar a tres objetivos: en primer lugar, mostrar la realidad de las barreras y las pérdidas que enfrentan niñas, niños y jóvenes mismos, la disposición y limitaciones de sus familias y los retos que deberán atender sus docentes. Es un corte de caja de “lo que la pandemia se llevó”, actualizado a mayo de 2021, en entrevistas cara a cara, con cuestionarios que permiten comparar resultados con instrumentos validados por otras investigaciones en México y el mundo. ¿Qué les cuesta trabajo, qué expectativas tienen, de qué les sirvieron los esfuerzos oficiales a estas familias y sus hijas e hijos? ¿Qué tanto les apoyaron los adultos en el aprendizaje, cómo valoran lo realizado en los meses de cierre? ¿Cómo están en las emociones, en qué punto se sitúan objetivamente, no con conjeturas, no con tareas que no se sabe quién hizo realmente, no con la impresión subjetiva de una nota para la boleta, sino con un instrumento sólido, que mide desempeño en compresión lectora y en habilidades matemáticas fundamentales?

El segundo objetivo que nos propusimos al realizar la investigación y hacer la difusión de los resultados es exigir acción decidida a las autoridades –que tienen los nombramientos, las atribuciones legales, el control administrativo y presupuestario del sistema educativo nacional– para remontar la exclusión y la inequidad que se agravaron en este año y dos meses de aulas clausuradas.

El tercer objetivo es que, reconociendo la realidad y recapitulando la responsabilidad de los titulares de las obligaciones, hacer propuestas que aterricen la corresponsabilidad. Se va a necesitar de toda la energía social: no podemos dejar solas a las familias, las y los estudiantes y sus docentes. Los académicos, las empresas, los gremios, las organizaciones de sociedad civil, los grupos comunitarios, religiosos, de las distintas convicciones y preferencias, todas y todos tenemos que poner el hombro para poner sobre sus llantas a este camión que se nos volteó, y que retome su camino. Queremos ofrecer colaboración en las estrategias para dar paso a un ciclo escolar de recuperación y reforzamiento.

Uno de los aspectos que queremos destacar prioritariamente es la dimensión socioemocional. Si está desajustada, herida, invisibilizada, ello siempre será para mal. No se puede ejercer en forma, al menos inicial, el derecho de la joven generación sin salud socioemocional, porque se convierte en la primera y a veces principal barrera para el aprendizaje y la participación. La ausencia de violencia, la elemental nutrición y la salud física de arranque son prerrequisitos obvios para aprender, pero de ahí, en nuestra sociedad y en nuestra situación, nos vamos a equivocar gravemente si no la atendemos para reiniciar las actividades presenciales en las escuelas.

No bastan vacunas y aspectos obvios de infraestructura y gestión como lavarnos las manos, filtro sanitario, ventilación, cubrebocas. Si no hay una preparación previa para los maestros, que parta de su autorreflexión como personas con sentimientos y esperanzas, como conductores de grupo, como miembros de sus propias familias y a la vez líderes comunitarios, la apertura está condenada a fracasar. Habrá actividades y se abrirán las puertas, pero la experiencia será decepcionante. Estamos impactados con el nivel de pérdidas y duelo, de tensión y de temores que han vivido las y los chicos. La investigación Equidad y Regreso nos confirma lo crucial que es ejecutar la Ruta Socioemocional, un trabajo ya realizado, de uso gratuito y disponible, una formación emergente y un acompañamiento sólido para maestras y maestros, que no podrán ofrecer lo que no vivan. Se necesita recuperar confianza, sentido de propósito, dinámica de grupo. De eso seguiré escribiendo en la próxima entrega. Se necesita abrir con corazón.

El autor es presidente ejecutivo de Mexicanos Primero.

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