En los últimos días hemos visto cómo han aumentado significativamente las tasas de interés de los bonos gubernamentales en la mayoría de las economías del mundo, para ubicarse en niveles altos desde la perspectiva de la historia reciente. En el caso de Estados Unidos, el rendimiento de los bonos del Tesoro a largo plazo se ubica en 4.6%. Hay que recordar que antes de que comenzara el conflicto en Irán estaban por debajo de 4%. Por su parte, las tasas de los bonos a 30 años están en 5.1%, su nivel más alto desde 2007. También han aumentado los rendimientos de los bonos de largo plazo en muchos otros países. Por ejemplo, el bono alemán a 10 años está por encima de 3%, niveles que no se veían hace 15 años. Por su parte, el rendimiento de los bonos gubernamentales mexicanos a 10 años, los Mbonos, está en 9.3%, siendo que se ubicaba en 8.7% antes de que estallara el conflicto en Medio Oriente.
¿Qué explica estas subidas considerables? Desde luego que la aversión global al riesgo desatada por el ataque a Irán aumenta las primas de riesgo y, por tanto, los rendimientos de los bonos. Esto en parte porque se percibe que la guerra traerá un incremento en la inflación debido al cierre del estrecho de Ormuz, por donde pasan entre 20% y 25% del petróleo y gas natural del mundo y 30% de los fertilizantes. Antes del estallido del conflicto, los mercados pensaban que la Reserva Federal bajaría la tasa de interés dos veces este año. Ahora, no solamente no se esperan tales bajadas, sino que se asigna una probabilidad del 70% a que haya una subida.
Pero no solamente es la guerra. Los mercados también reflejan preocupaciones estructurales. En primer lugar, respecto a la posición fiscal de Estados Unidos, donde desde 2020, el déficit fiscal como porcentaje del PIB ha estado en alrededor de 6%, muy por encima del promedio de los últimos 50 años, que fue de 3.8%. Que actualmente el déficit esté en esos niveles, con la economía creciendo por encima de su potencial y con la tasa de desempleo en su nivel de pleno empleo, es una imprudencia mayúscula. Por otra parte, hay dudas acerca de que se mantenga la independencia de la Reserva Federal. Trump ha intentado despedir a Powell, y también despedir a un miembro del Board, Lisa Cook, todo por negarse a sus deseos de que bajen las tasas de interés. Una Fed menos independiente resultaría en niveles de inflación estructuralmente más altos. Por ello, el mercado también demanda retornos más altos para invertir en bonos a largo plazo.
Las tasas de interés de largo plazo más altas significan un viento en contra a la actividad económica. Estas tasas determinan las decisiones de inversión de las empresas y la demanda por créditos hipotecarios de las familias.
Para los mercados emergentes las mayores tasas tendrán efectos negativos. Los inversionistas percibirán que tienen rendimientos más atractivos en los países avanzados, por lo que tendrán menos necesidad de invertir en países emergentes. Es factible que estos niveles de tasas impliquen salidas de flujos de capital para los países emergentes.
En el caso de México, el aumento en los rendimientos de los bonos del Tesoro ha resultado, como ya mencioné, en aumentos en los rendimientos de los bonos de mayor plazo. Hay que mencionar que estas alzas no se deben a un aumento en la percepción de riesgo idiosincrático, sino al aumento en los rendimientos de los bonos del Tesoro, que son la referencia contra la cual se determinan los rendimientos de prácticamente todos los bonos a nivel global. De hecho, las medidas relevantes de riesgo país para México han disminuido en las últimas semanas.
Por lo anterior, creo que podemos esperar que cuando concluya la guerra bajen los rendimientos de los bonos mexicanos de largo plazo, pero no a los niveles que se tenían en 2021, de entre 6% y 7%, porque estructuralmente veremos niveles de rendimiento de los bonos del Tesoro de largo plazo más altos.
Mientras Estados Unidos no ataque sus problemas fiscales e institucionales, debemos esperar vivir en un mundo de tasas más altas, incluso si la Fed baja las tasas de interés, lo cual no se ve factible en el futuro cercano.