Carlos Serrano Herrera

Calificación soberana: ¿qué esperar?

Fitch tiene al país en BBB-, justo a un escalón de perder el grado de inversión. Standard & Poor’s en BBB, todavía dos escalones por encima del grado de inversión, pero ahora con alta probabilidad de que si no hay cambios en las tendencias recorten un escalón en los siguientes dos años. Finalmente, en el caso de Moody’s, la calificación lleva casi dos años en BBB ( Baa2 en su escala) con perspectiva negativa.

Hace un par de días, la agencia calificadora Standard & Poor’s informó que mantuvo la calificación de riesgo soberano de México en BBB, pero cambió la perspectiva a negativa, lo que implica una probabilidad importante de que rebaje la calificación en los próximos dos años.

Con esto, la situación desde el punto de vista de las tres principales calificadoras del mundo es la siguiente: Fitch tiene al país en BBB-, justo a un escalón de perder el grado de inversión. Standard & Poor’s en BBB, todavía dos escalones por encima del grado de inversión, pero ahora con alta probabilidad de que si no hay cambios en las tendencias recorten un escalón en los siguientes dos años. Finalmente, en el caso de Moody’s, la calificación lleva casi dos años en BBB ( Baa2 en su escala) con perspectiva negativa. Es muy factible que en las próximas semanas realicen un cambio que podría llevar la calificación a Baa3, con lo que ya serían dos las calificadoras que colocarían al país a un paso de perder el grado de inversión.

Me parece que el mercado ya esperaba este cambio de perspectiva, motivo por el cual ni el tipo de cambio ni otros indicadores relevantes de riesgo país como el Credit Default Swap (CDS), tuvieron movimientos significativos.

Los factores que citó Standard & Poor’s para justificar su cambio de perspectiva son el bajo crecimiento económico, el reducido espacio fiscal y el apoyo que se tiene que otorgar a Pemex y a la CFE. Coincido en que todos estos factores, sobre todo el primero, son reales y motivo de preocupación.

También es cierto que mencionan algunos factores positivos por los cuales se mantiene la calificación, como son la estabilidad política, políticas monetarias y fiscales cautelosas, el grado de apertura comercial y un tipo de cambio flexible. En particular, destacan “la credibilidad del banco central independiente y su capacidad para llevar a cabo una política monetaria de objetivos de inflación” como una fortaleza. Esto es consistente con lo que escribí aquí hace algunas semanas. Una de las principales agencias del mundo no se montó en la cacofonía de sostener que, por bajar la tasa en 25 puntos base, Banxico había perdido su independencia.

Sin embargo, todos estos elementos positivos no quitan que, de no darse un golpe de timón en la política económica, el país se dirigirá a un equilibrio de bajo crecimiento y déficits ampliados — los requerimientos financieros del sector público — de alrededor del 4% del PIB durante los próximos años. Esto significaría que la deuda como porcentaje del PIB continuaría creciendo y se ubicaría cerca del 60% hacia el final de la administración. Ello podría implicar que, en un par de años, se pierda el grado de inversión.

Lo bueno es que este escenario se puede evitar. Para ello, lo más importante es salir de la trampa del bajo crecimiento, lo cual requiere aumentar la inversión privada. Standard & Poor’s cita la caída en la inversión privada como otra debilidad. Creo que, como escribí en estas páginas la semana pasada, para lograrlo es necesario revertir la percepción de debilitamiento del Estado de derecho. Posponer la elección de jueces federales programada para el año que viene y lograr una mejor implementación de la reforma judicial a nivel local serían buenas señales, aunque no suficientes. Desde luego, el proceso de revisión del T-MEC será clave.

Pero, además, se requiere una reforma fiscal que aumente la recaudación. México es uno de los países que menos recauda en América Latina. Esta reforma debe centrarse, en mi opinión, en ampliar la base tributaria reduciendo la informalidad y la evasión. Además, hay que repensar el pacto fiscal federal. Muchos impuestos que son eficientes en el resto del mundo, como el predial y los aplicables a los automóviles, casi no se recaudan en nuestro país, en gran medida porque no hay incentivos para que los gobiernos subnacionales hagan su parte.

Y, finalmente, hay que cambiar el modelo de negocio de Pemex para que no solo represente una carga fiscal, sino que aporte recursos al erario de forma significativa. Para ello habría que hacer fundamentalmente dos cosas. Primero, promover la inversión privada, pues es la única forma realista de explotar las reservas que tiene el país, sobre todo las de aguas profundas, que requieren mayor inversión y para las cuales no hay espacio fiscal que permita a Pemex hacerlo. La segunda es reducir la actividad de refinación, en la que se pierde dinero, y maximizar las exportaciones de petróleo, que es donde más se puede ganar.

El país está a tiempo de evitar la pérdida del grado de inversión. Es mejor actuar ahora, cuando aún hay tiempo, que hacerlo de rodillas cuando se tenga una crisis fiscal encima.

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