Carlos Ruiz Gonzalez

Liderazgo centrado en la persona

La verdadera labor de un buen dirigente es ser el mentor de quienes están a su cargo, sin paternalismos y sin exigencias ciegas. Manifestando simultáneamente cariño y exigencia.

“Al buen líder le importan más las personas que hacen las cosas

que las cosas que hacen las personas”.

Carlos Llano (1932-2010)

Un reciente (y muy oportuno) libro de mi colega Ricardo Murcio (Liderazgo centrado en la persona; La propuesta de Carlos Llano, EUNSA, España, 2020) vuelve a presentar el tema del liderazgo de una manera profunda y rigurosa. El autor presenta el pensamiento de Carlos Llano (quien fuera su profesor y amigo) de una manera interesante y muy completa.

No pretendemos en este espacio presentar todo el contenido del libro de 463 páginas, pero sí reflexionar un poco sobre el concepto de liderazgo de Carlos Llano, el cual, como afirma Murcio, está totalmente centrado en la persona.

En una entrevista que concedió Llano poco antes de fallecer, afirmaba que “el que es verdaderamente líder, tiene que comprender con mucha profundidad cuál es el modo de ser, el modo de pensar de las personas que tiene a su cargo. Para ello, tiene que estar atento a escuchar, no solo lo que dicen, sino también cuál es su conducta. De esa manera se dará cuenta o se percatará de cómo son las personas a las cuáles tiene que dirigir y eso le servirá para cambiar también su modo de dirigir”.

Esta idea habla de una de las principales características del liderazgo para Llano: la empatía, el entender a las personas, el ponerse en su lugar, “en sus zapatos”, como se afirma coloquialmente. De esta manera, se conocerán sus anhelos, sus deseos, sus aspiraciones y entonces se facilitará su dirección. Obviamente se trata de dirigirlas para su propia realización, si no estaríamos hablando de manipulación.

Por eso, la frase que abre esta columna es muy importante. Un buen líder le da mucha más importancia a las personas que hacen las cosas (liderazgo centrado en la persona) que a las cosas (los resultados) que hacen las personas.

Rasgos esenciales del líder centrado en la persona

El estilo de mando centrado en la persona, afirma Murcio , “exige tres rasgos específicos en el líder que lo quiere implementar: (1) tener más autoridad que poder, (2) buscar más la amistad que la subordinación y (3) fundamentar su liderazgo en la humildad más que en la exaltación de su persona”.

Los rasgos que propone Llano son consecuencia necesaria de ver a la persona como fin del trabajo. Si lo hacemos así, escribe Murcio, “nos daremos cuenta que: (1) La verdadera autoridad convence, no obliga. Un colaborador de acuerdo con los objetivos de su líder está dispuesto a aceptar, libremente, lo que este le ordena. (2) La amistad surge de la confianza mutua, de contemplar el fin trascendente de cada individuo; los amigos son leales y no se desean ni se provocan daños. Quien es amigo, está abierto al diálogo, a poner especial interés en la persona más que en el proceso. (3) La humildad es un rasgo único, que distingue al líder auténtico; surge de aceptar la limitación personal, la necesidad del otro, condición propia de todos los individuos; posibilita llevar el cargo con una visión trascendente”.

Y ese conocimiento de las personas no excluye (sino todo lo contrario, incluye) el interés en que se formen, como en el caso de un verdadero amigo que busca el bien de sus amigos, es decir, combina dos cosas aparentemente distintas (e incluso opuestas): cariño y exigencia. Se preocupa por ellos, porque sean mejores, los conoce bien y les exige con caridad.

El liderazgo centrado en la persona se compagina bien con la idea de que la empresa no es solamente un lugar donde se producen bienes o servicios para la sociedad (sería esta una visión mecanicista). No, se trata de un lugar donde, además de producir productos para la sociedad, los colaboradores pueden desarrollarse, crecer y mejorar como personas. Aquí es donde se “inserta” el liderazgo centrado en las personas, como claramente nos lo presenta Ricardo Murcio en la obra citada.

La verdadera labor de un buen dirigente es ser el mentor de quienes están a su cargo, sin paternalismos y sin exigencias ciegas. Manifestando simultáneamente cariño y exigencia. Cariño que es interés genuino por ellos, exigencia para que se desarrollen. Quienes así son tratados, siempre lo reconocerán y agradecerán.

* Profesor Decano del Área de Política de Empresa (Estrategia y Dirección) en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE).

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