Carlos Ruiz González

El espejo que incomoda — y que ninguna organización debería evitar

El FODA no es un ritual burocático que se llena en una tarde y se archiva. Es una herramienta viva que, bien usada, obliga a una conversación honesta sobre la realidad de la organización.

No hay estrategia honesta sin diagnóstico honesto. Y no hay diagnóstico honesto sin el valor de mirarse de frente.

En una sesión de planeación con un equipo directivo, pedí que cada uno escribiera en una tarjeta la principal debilidad de su organización. Hubo silencio. Luego miradas cruzadas. Luego una respuesta que nadie esperaba del director general: “Preferiría que empezáramos por las fortalezas.”

Preferimos mirarnos al espejo cuando nos vemos bien.

“El primer paso hacia el cambio es la conciencia. El segundo es la aceptación.”

— Nathaniel Branden

Antes de definir hacia dónde quiere ir una organización, hay que saber con honestidad dónde está. Eso es el diagnóstico interno: un ejercicio de autoconocimiento riguroso que examina las fortalezas, las debilidades y — concepto menos común pero igualmente importante — las querencias.

La herramienta clásica para este ejercicio es el FODA. Pero conviene aclararlo desde el principio: el FODA no es un ritual burocático que se llena en una tarde y se archiva. Es una herramienta viva que, bien usada, obliga a una conversación honesta sobre la realidad de la organización. La diferencia entre un FODA que transforma y uno que decora está, casi siempre, en el nivel de honestidad con que se construye.

Un punto que suele confundirse: las fortalezas y las debilidades son internas —viven dentro de la organización. No dependen del entorno, del mercado ni de la competencia. Dependen de lo que somos, de lo que sabemos hacer y de lo que nos falta. Confundirlas con factores externos es uno de los errores más frecuentes — y más costosos — del diagnóstico.

Las fortalezas son las capacidades, habilidades, competencias y recursos con los que cuenta la organización y que le dan ventaja real. No las que quisiéramos tener. Las que realmente existen, las que el mercado reconoce, las que nos diferencian de verdad.

Las debilidades son las limitaciones o carencias internas que reducen la capacidad de competir o crecer. Y aquí está el nudo: la mayoría de las organizaciones las minimizan, las disfrazan o simplemente se niegan a nombrarlas. No por mala fe — por vanidad institucional. Porque reconocer una debilidad se siente, erróneamente, como una derrota.

Pregunta provocadora: ¿Cuál es la debilidad que su organización nunca se atreve a nombrar en voz alta? Si nadie responde, eso ya es una respuesta.

Y luego están las querencias: lo que la organización quiere hacer, lo que disfruta haciendo, aunque no sea necesariamente en lo que es más competitiva. Conocerlas permite tomar decisiones más realistas: a veces hay que desarrollar capacidades donde hay querencia; otras, hay que reconocer que la querencia no alcanza para sostener una estrategia. Este concepto es especialmente relevante en organizaciones de gobierno, donde el mandato institucional y las querencias del equipo directivo no siempre coinciden.

“Conocerse bien es el primer acto estratégico: sin diagnóstico honesto, la planeación es solo optimismo con formato de PowerPoint.”

— C.R.G.

El mayor enemigo de este ejercicio no es la ignorancia. Es la vanidad institucional. Los equipos directivos tienden a inflar las fortalezas, minimizar las debilidades y confundir las querencias con capacidades reales. Por eso el diagnóstico más honesto casi nunca lo hace uno solo: un consejo de administración diverso, un equipo heterogéneo o un asesor externo ayudan a ver lo que el espejo propio no refleja.

Porque el espejo propio siempre miente un poco. Sobre todo los lunes por la mañana, antes del primer café.

El diagnóstico honesto no debilita a una organización. La prepara. El que no se conoce bien toma decisiones de fantasía. El que se conoce bien toma decisiones de estrategia.

La diferencia entre los dos suele verse con claridad dos o tres años después.

Cuando ya es tarde para el diagnóstico y temprano para las disculpas.

Puntos de reflexión

¿Cuáles son las tres fortalezas de tu organización que el mercado reconoce — no las que tú crees tener?

¿Hay alguna debilidad que todos en tu equipo conocen pero que nadie ha puesto formalmente sobre la mesa?

¿Saben distinguir en tu organización entre lo que son capaces de hacer bien y lo que simplemente les gusta hacer?

¿Cuándo fue la última vez que alguien en tu equipo dijo “esto no lo hacemos bien” sin que nadie se pusiera a la defensiva?

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