Desde San Lázaro

Democracia de cínicos

Vivimos en una democracia de cínicos en donde el presidente simula que acata los mandatos del pueblo, pero en realidad hace lo que quiere, más cuando el Legislativo es su subordinado.

Vivimos en una democracia de cínicos en donde el presidente simula que acata los mandatos del pueblo, pero en realidad hace lo que quiere, más cuando el Poder Legislativo es comparsa y subordinado de sus indicaciones.

No hay división de poderes, no hay respeto a la autonomía de los órganos oficiales independientes y para acabarla de amolar la autoridad electoral está socavada, arrinconada y disminuida.

”El pueblo bueno y noble” anda entretenido en subsistir, mientras el presidente desmantela el andamiaje institucional que mantiene a la democracia colgada de alfileres.

Tenemos el peor escenario para las próximas elecciones del 6 de junio. Una autoridad electoral rebasada y omisa; los candidatos, casi todos, buscan ganar sin importar los medios para después recuperar su inversión económica erogada en campaña; la ciudadanía a punto del hartazgo y la indiferencia; el crimen organizado metido como nunca y el presidente de la República operando en el proceso electoral sin importarte los graves problemas por los que transita el país, como las crisis sanitaria y económica derivada de la pandemia y del mal gobierno.

Con el actual régimen queda en evidencia que estamos más cerca de una dictadura que de una plena democracia.

En México las elecciones le dan un simulado toque de participación a la ciudadanía en las decisiones de gobierno, pero al pasar éstas y con el arribo de los nuevos representantes populares se deja a un lado la voluntad del pueblo y se gobierna al antojo de la clase gobernante.

Se llama a todos los gobernadores a signar un pacto por la democracia, empero el que los convoca, el jefe del Ejecutivo federal, la transgrede todos los días al ignorar al INE, institución garante por antonomasia de que se respete la voluntad del pueblo.

La obsesión por el poder se hace sin recato y sin ningún prurito de vergüenza.

Aún con las limitantes legales y determinaciones del Tribunal Electoral, AMLO sigue promoviendo las ‘obras y logros del gobierno’, sin que el INE le diga nada y, si le dice, pues se lo pasa por el arco del triunfo.

En las calles, las brigadas de los ‘cuervos’ de la nación recorren los hogares para hacer proselitismo político en favor de Morena y todos se hacen como que no existen, a pesar de que sangran el presupuesto como pocos grupos sociales.

Se copia del modelo cubano y venezolano en esas brigadas de adoctrinamiento que, con el pretexto de apoyar directamente a la población, llevan la consigna de lavarle el coco a la gente y si no aceptan el mensaje del mesías, pues simple y sencillamente se quedan sin los apoyos de los programas sociales.

Faltan dos meses para las elecciones y la maquinaria del Estado está funcionando a todo vapor con recursos económicos de los mexicanos, puestos a disposición del partido en el poder y sus aliados.

La voluntad popular solo existe en el discurso y es un término en desuso cuando no hay campañas políticas. Ya cuando están el poder ni se acuerdan de aquellos que los llevaron a la posición que ocupan.

Lo más grave de todo es que AMLO busca a toda costa mantenerse en el poder después de 2024 y para ello copió de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro la fórmula de la revocación de mandato, para con ella cruzar la frontera sexenal e irse hasta donde la vida le dé.

El fin justifica los medios, no hay intención de cumplir lo que mandata la Carta Magna en cuanto a los términos constitucionales de su gobierno, pero al mayor transgresor de la Constitución que le puede importar esta minucia, si para eso tendrá la mayoría otra vez en la Cámara de Diputados, luego de los resultados de las elecciones intermedias.

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