En las aguas del Alto Golfo de California, encontrar una vaquita marina puede depender de unos cuantos segundos: una pequeña aleta que emerge entre las olas, un movimiento fugaz en la superficie y, después, nada. El animal vuelve a desaparecer en el agua, dejando a quienes lo buscan con apenas un instante para documentar su presencia.
Ahora, un grupo de jóvenes de San Felipe, Baja California, se prepara para convertir esos breves encuentros en información científica que ayude a salvar a la especie. La organización Sea Shepherd, en colaboración con científicos mexicanos y habitantes de la comunidad pesquera, impulsó un programa de capacitación para formar a una nueva generación de observadores capaces de localizar y registrar a uno de los mamíferos marinos más difíciles de estudiar.
La iniciativa llega en un momento crítico. Recientemente, el Gobierno de México publicó nuevas disposiciones que redujeron aproximadamente 86 por ciento el área donde está prohibido utilizar redes de enmalle en el norte del Golfo de California: pasó de unos 11 mil 106 a mil 562 kilómetros cuadrados.
La decisión busca conciliar la conservación de la biodiversidad con las condiciones económicas de las comunidades pesqueras, pero también ha despertado preocupación entre especialistas por sus posibles consecuencias para la supervivencia de la vaquita marina.

Diez días en el mar para aprender a encontrar una vaquita marina
De acuerdo con el reporte publicado por Sea Shepherd el 10 de julio de 2026, la campaña de capacitación se realizó en mayo y reunió a ocho integrantes de la comunidad de San Felipe a bordo del buque M/V Seahorse, utilizado por la organización para mantener su presencia durante todo el año en el Alto Golfo de California.
Durante diez días en el mar, los participantes aprendieron junto a observadores experimentados las técnicas necesarias para detectar a las vaquitas marinas, registrar sus movimientos y producir información que posteriormente pueda utilizarse en investigaciones científicas.
Una de sus principales herramientas fueron los llamados big eyes: binoculares de 25 aumentos montados sobre trípodes que permiten buscar animales a más de una milla de distancia, incluso cuando las condiciones del agua dificultan la observación.
Los aprendices se turnaron frente a los instrumentos mientras especialistas corregían su técnica y registraban las direcciones en las que aparecían los animales. La tarea exige concentración, paciencia y capacidad para distinguir una aleta entre el oleaje, a veces durante apenas unos segundos.
Los participantes también practicaron la elaboración de narraciones detalladas de cada avistamiento y aprendieron a contrastar sus observaciones para determinar cuántos ejemplares fueron vistos y si había crías. Este procedimiento ayuda a reducir las discrepancias entre observadores y a construir registros científicos más sólidos.

Rastreadores que también pueden leer el ADN del agua
Antes de las jornadas de observación, integrantes de la comunidad y personal de la reserva dedicaron dos días al aprendizaje de una técnica conocida como ADN ambiental o eDNA.
Este método permite identificar rastros genéticos que los organismos dejan en el entorno, en este caso, en el agua. Para estudiarlos, los participantes practicaron el proceso desde la recolección de una muestra hasta su preparación y análisis para obtener resultados interpretables.
La técnica es especialmente útil para estudiar a la vaquita marina, ya que su pequeño tamaño y el poco tiempo que permanece en la superficie dificultan su observación.
El ADN ambiental no sustituye los avistamientos ni los detectores acústicos, pero aporta una fuente adicional de información para ayudar a establecer dónde permanece la especie. Combinadas, estas herramientas pueden ofrecer a los científicos una imagen más completa de la distribución de los ejemplares que sobreviven.
La capacitación forma parte de un esfuerzo más amplio por transferir conocimientos que durante décadas estuvieron concentrados en un grupo reducido de investigadores y observadores profesionales.

Sea Shepherd pide ampliar la zona protegida de la vaquita marina
Pese a los vientos fuertes y el oleaje elevado, el equipo pudo registrar tres avistamientos, cada uno de entre unos segundos y aproximadamente un minuto. Los detectores submarinos también documentaron 72 encuentros acústicos durante el periodo de trabajo.
Los tres avistamientos y las detecciones acústicas más intensas se concentraron en el extremo norte del núcleo protegido y en aguas situadas al noroeste del mismo, una región donde también se había registrado una concentración de vaquitas marinas en septiembre de 2025.
Se trata de un dato relevante porque buena parte de esa zona se encuentra fuera del núcleo donde se han instalado bloques de concreto y dispositivos con anzuelos para dificultar el uso de redes de enmalle ilegales.
El informe también destaca a Frida, una hembra documentada en 2025 junto a una cría de poco más de un año. Su registro constituye una señal de que la reproducción de la especie continúa, pese a la grave reducción de su población. Las condiciones meteorológicas impidieron que el equipo volviera a localizarla durante la campaña de mayo.
Finalmente, los resultados de dos temporadas apuntaron hacia una misma preocupación: los ejemplares que sobreviven parecen concentrarse en una zona del Golfo de California que permanece fuera del núcleo protegido. Ante este escenario, Sea Shepherd urgió a ampliar el área de protección para resguardar los sitios donde aún habita la vaquita marina.







