Monterrey

Rosa Nelly Trevinyo: Entre la guerra y la paz

Los empresarios están acostumbrados a luchar en todos los ámbitos de la vida, y en este sentido, el retiro no es la excepción.

Los empresarios son guerreros. Están acostumbrados a luchar en todos los ámbitos de la vida, y en este sentido, el retiro (jubilación) no es la excepción. Y es que, para la mayoría de ellos, retirarse implica librar una batalla interior en cuatro frentes: la identidad personal, la seguridad patrimonial, la satisfacción emocional y la evolución profesional.

Como en cada uno de estos frentes existe, potencialmente, una pérdida—y como tal, un proceso de duelo tras la guerra—la mayoría de los fundadores y generaciones al mando tiende a postergar, e incluso a autosabotear, su retiro.

¿A qué tipo de pérdidas me refiero?

# 1: La Pérdida de Identidad.

Retirarse conlleva cambiar no sólo nuestro “yo” (auto-imagen) sino también nuestra dinámica de vida—hábitos, actitudes y comportamientos. En el retiro, se gana libertad y descanso, pero se pierde una cotidianidad establecida; una forma de ser y hacer. Cuando la actividad empresarial ha ocupado tantas décadas de la vida de una persona, el “yo hago” es innegablemente parte del “yo soy”. Pelear para defender lo que somos es natural. Se requiere tiempo, asesoramiento profesional y preparación emocional para aprender a separar estos vínculos y aceptar la nueva realidad.

# 2: La Pérdida de Estatus.

Reconocer que ya no tenemos la misma fuerza física ni mental es complejo. No obstante, darnos cuenta de que retirarnos nos obligará a bajar nuestro nivel de vida es frustrante. La jubilación es un proceso que toma entre cinco (5) y ocho (8) años en su estructuración e implementación—a nivel emocional y sobre todo, patrimonial. No considerar este tiempo es negligente. El retiro se planifica, no se improvisa.

# 3: La Pérdida de Conexiones Significativas.

Hay empresarios que en su retiro terminan enfrentando un vacío emocional y personal que los abruma. Han invertido tanto tiempo en su empresa, que se han descuidado ellos mismos, han dejado de lado a su pareja (quien ha madurado y crecido a su lado, más no con ellos), y no tienen un grupo de amigos ni hobbies. Lidiar con la soledad emocional requiere reconocer qué queremos, reconectar (si aún es posible) con aquellos que amamos, ocupar nuestro tiempo en actividades productivas, e incluso, asistir a terapia. Pedir ayuda es un acto de valentía, humildad y sabiduría.

#4: La Pérdida de Ilusión Profesional.

Pensar que no hay vida profesional después del retiro es utópico. Hoy vivimos más y mejor que antes. Hay que reconocer nuestro ciclo de vida (necesidades y deseos), redescubrir nuestras capacidades y potenciar nuestro valor como personas (talento, sabiduría). El retiro—estando sano y con voluntad de tener actividad profesional—provee nuevos comienzos e ilusiones. De hecho, participar en proyectos empresariales como inversor o asesor puede ser un medio para mantenerse al día en temas de negocios.

En resumen: Retirarse entraña un proceso de transformación a nivel personal en el que las batallas se transforman en tiempos de paz y los proyectos profesionales en nuevos comienzos. Y es que, es precisamente en esa intersección entre la guerra y la paz—denominada retiro—donde convergen el amor por uno mismo, la vulnerabilidad de la vejez, la trascendencia social y la evolución profesional del empresario. ¿Así o más claro?

Escríbeme: rosanelly@trevinyorodriguez.com o contáctame vía LinkedIn, Twitter o Facebook.


Dra. Rosa Nelly  Trevinyo

Dra. Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Turismo, Agroalimentario y de Retail.

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