Los bienes raíces constituyen una parte importante de la cartera de inversión de las familias empresarias. Si bien se recomienda que cerca de un 10% del portafolio de inversión esté compuesto por este tipo de activos, en la mayoría de los casos, las familias con grandes patrimonios poseen inversiones inmobiliarias directas que superan, por mucho, esta proporción.
¿Por qué? Porque la inversión inmobiliaria directa protege de la inflación, disminuye la volatilidad del portafolio de inversión y aporta rentabilidades de entre un 8% y un 15%, permitiendo a la familia empresaria nutrir y mantener su patrimonio a través de las generaciones.
Aunque se tiende a hablar de bienes raíces como una sola categoría, la realidad es que existen varias subclases: 1) Inmuebles residenciales—casas, departamentos; 2) comerciales—oficinas, hoteles, locales, tiendas y centros comerciales; 3) industriales—fábricas, bodegas, naves industriales y centros logísticos. En este sentido, la intención debe ser, siempre, diversificar las tenencias inmobiliarias; es decir, poseer un poquito de todo para minimizar el riesgo.
La inversión inmobiliaria aporta liquidez (rentas) y plusvalía (revalorización). No obstante, hay que ser cautelosos. Operar bienes raíces es todo un arte. Y no siempre las habilidades y conocimientos que nos valieron para hacer crecer nuestra empresa familiar, nos ayudarán a manejar y rentabilizar los inmuebles de la familia.
Y es que, este tipo de inversiones envuelve no sólo la adquisición (barata) de un buen activo, sino también una administración eficiente y efectiva del mismo—hay que darle mantenimiento, buscar y seleccionar a los inquilinos, desarrollar contratos, negociar y cobrar las rentas, desarrollar proyectos de construcción, resolver los problemas que se vayan presentando, etc.
Una inversión inmobiliaria bien gestionada implica planificación, atención y trabajo continuo. El hecho de que las rentas lleguen mes a mes y que la familia goce de cierta liquidez, no quiere decir que se le esté sacando el mejor provecho al patrimonio familiar inmobiliario. De hecho, muchas familias empresarias realizan inversiones en bienes raíces sin una comprensión completa de su complejidad, y aunque algo ganan, no logran maximizar la rentabilidad de sus inversiones… ¿Cómo hacerlo?
1. Conocimiento: Preparar a todos los miembros de la familia empresaria en temas inmobiliarios. Explicarles que tarde o temprano, por la propia naturaleza y evolución de la familia empresaria y del negocio familiar, todos o algunos de ellos terminarán gestionando activos inmobiliarios. Es importante que sepan cómo comprarlos, administrarlos y rentabilizarlos.
2. Cartera (mix): Conocer y comprender cómo está conformado el mix de la cartera inmobiliaria familiar (activos residenciales, comerciales, industriales, así como las características de cada uno) y su impacto en el portafolio de inversión global de la familia empresaria.
3. Ciclo de Vida Familiar: Acordar un nivel de riesgo adecuado con el que todos los miembros de la familia puedan vivir. No es lo mismo tener 37 años, que 68… El ciclo de vida determina, por ejemplo, cuánto tiempo puedo dejar madurar un inmueble. Las familias empresarias deben evaluar su tolerancia al riesgo, pero sobretodo, sus objetivos conjuntos y tiempos.
4. Custodia (guardar los activos con cuidado y vigilancia): Definir rendimientos objetivo para cada tipo de inmueble y desarrollar métricas claras; informar a la familia propietaria sobre su inversión. La transparencia es básica cuando se trata de “custodiar” el patrimonio familiar inmobiliario.
5. Congruencia: La inversión inmobiliaria está ligada al desarrollo de las ciudades—por ejemplo, al crecimiento de zonas residenciales, comerciales, industriales; a la inversión pública en servicios e infraestructura; a la política urbanística (legislación)... y, en este sentido, hay que considerar que su rendimiento se mide no en el corto, sino en el mediano o largo plazo—entre cinco y diez años.
En resumen: Perpetuar la riqueza familiar implica ser exigentes no sólo con nuestras inversiones empresariales, sino también con nuestro patrimonio familiar inmobiliario. Por eso, cada cierto tiempo, hay que preguntarnos—y contestarnos honestamente: ¿Es éste el mejor uso que podemos darle a nuestros inmuebles familiares?
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