Unir familias empresarias a través de las generaciones es, sin duda alguna, un privilegio y una labor compleja. Y es que, aún y cuando la ilusión de todo padre y madre es que sus hijos trabajen juntos y generen sinergia entre ellos o con sus primos, la dinámica familiar-empresarial (relaciones) no siempre lo permite.
La generación al mando tiene la opción de ser reactiva o proactiva ante esta realidad. Extrañamente, la forma más común de enfrentarla es ignorándola… hasta que el malestar impide el crecimiento empresarial, transforma las aspiraciones, compromisos y lealtades de los miembros de la familia y contamina a los miembros de la siguiente generación. Han aparecido los bandos; ha comenzado la guerra.
A lo largo de mi carrera profesional he visto como, algunas veces, las familias empresarias requieren dividir su negocio para mantener y mejorar su unidad familiar. Una separación a tiempo puede evitar el desgaste emocional, familiar y empresarial que la hostilidad y la desconfianza conllevan. No obstante, la pregunta clave es: ¿Cuándo debemos realmente pensar en separarnos?
Y es que, seamos realistas: No existe familia perfecta, ni negocio sin adversidades. Así que una parte esencial del funcionamiento de la dinámica familiar-empresarial es que podamos enfrentar desacuerdos y resolver conflictos juntos. Pero… ¿Cómo saber si ya hemos llegado al límite?
1. Ya NO tenemos los Mismos Valores
Los valores son importantes porque le dan sentido a nuestro comportamiento como personas—a nuestras acciones. Si los valores del fundador o de la generación al mando se han diluido o cambiado con el tiempo, y ya no son compartidos por los miembros de la familia, ¡cuidado! Y es que, son los valores—más que los intereses—los que determinan si una familia empresaria puede o no construir un proyecto empresarial conjunto. Las acciones hablan más que mil palabras.
2. Apatía, Deshonestidad y Desconfianza
Cuando no existe compromiso con la empresa por parte de los miembros de la familia (no sirven al negocio, sino que, se sirven del negocio); cuando los acuerdos no se respetan; cuando “me tengo que cuidar” de mis propios hermanos o primos; o cuando existe abuso de confianza y maquillaje de cifras (entre otros), hay que poner un alto. Reconstruir la confianza en el ámbito familiar-empresarial es una labor titánica que se sólo materializa una vez. Así que, cuidado con cometer el mismo error dos veces, porque… la segunda vez que se efectúa, ya no es un error, es una opción.
3. Desdén hacia la Generación al Mando
Cada socio familiar tiene sus aciertos y desaciertos. Sin embargo, cuando gracias a ellos, la siguiente generación tiene la oportunidad de gozar de un nivel de vida superior, el agradecimiento debe hacerse patente. Hayan aportado lo que hayan aportado (más o menos trabajo, capital, patrimonio heredado o relaciones), fue la sumatoria (conjunto) de esos activos, lo que los han llevado a donde están. Los miembros de siguiente generación no deben sentirse jueces ni justicieros. La irreverencia y la ingratitud son el principio del fin.
4. Ya NO nos sentimos Familia
Cuando me inquieta que mis hijos se vean obligados a ser socios de mis hermanos o de sus primos; cuando tenemos la percepción de que los otros “no nos quieren” o que “nos ponen piedras en el camino”; cuando las reuniones familiares ya no son armoniosas y las conversaciones son superficiales; cuando no existe voluntad de escuchar ni de negociar—y mucho menos de cambiar, hay que actuar de forma proactiva y prever el futuro. Si la cordialidad y la solidaridad escasean, la guerra está cantada.
5. Diferentes Visiones de Futuro
Cuando tenemos diferentes puntos de vista sobre nuestro proyecto empresarial y el conflicto no nos permite tomar decisiones juntos, ni operar el negocio adecuadamente, hay que reflexionar, visualizar el futuro y actuar—especialmente si estamos pasando por un proceso de estancamiento empresarial y pérdida de talento. Las decisiones arbitrarias y unilaterales no nos llevarán a ningún lado.
En resumen: ¿Son evitables las divisiones de empresas? Sí, siempre y cuando los problemas se manejen a tiempo y adecuadamente. No obstante, cuando las 5 condiciones anteriores se cumplen a raja tabla y las voluntades no se alinean, es mejor dividir el negocio y mantener la familia unida.
¿Así o más claro?
Escríbeme: rosanelly@trevinyorodriguez.com o contáctame vía LinkedIn, Twitter o Facebook.
https://www.linkedin.com/in/trevinyorodriguez/
Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Turismo, Agroalimentario y de Retail.
