Dicen que en la empresa familiar los fundadores se retiran por voluntad propia cuando “se aburren, enferman o mueren”. Y es que, existen cuatro miedos fundamentales que todos los empresari@s exitos@s enfrentan al pensar en su jubilación: El miedo a perder poder, a no saber hacer otras cosas más que trabajar (pasión por su trabajo), a quedarse sin patrimonio para vivir (dinero) y a quebrantar la estabilidad familiar de la que gozan (conflicto).
1. Poder: “Uno se acostumbra a mandar…”
El poder, como verbo y sustantivo, seduce—especialmente si lo hemos experimentado durante largo tiempo. La capacidad de mandar y hacer que las cosas sucedan alimenta nuestra auto-estima y auto-concepto. Puesto que esta facultad está dada, en parte, por la posición que ocupamos, la mayoría de los fundadores temen perderla al dejar el puesto.
Retirarse no debiera verse como una forma de perder poder; sino como un medio para ganar legitimidad—potestad de servir a otros e influir en ellos. Con todo, siempre existe la tentación de querer conservar el poder formal sin asumir las responsabilidades, los riesgos y el trabajo que conlleva una dedicación de tiempo completo a la empresa. Es por eso que, algunos predecesores, no terminan nunca (ni terminarán) de “entrenar” a sus hij@s— así, mantienen el poder formal de la dirección general, con dedicación parcial al negocio.
2. Pasión por su trabajo: “Esto es lo que sé hacer y me gusta”.
Para los fundadores, el trabajo es su esencia. A lo largo de los años han invertido su tiempo y persona en la empresa, logrando desarrollar sus capacidades empresariales al máximo, pero dejando de lado aficiones y amigos. Por eso, ahora que han de retirarse, no saben qué otras cosas hacer. El trabajo los mantiene vivos, ocupados y útiles.
Una cosa es segura, mientras puedan trabajar, deben hacerlo. Esto no quiere decir que lo hagan como directores generales del negocio familiar. Existen otras opciones: realizar actividades de relaciones públicas—convertirse en embajador de la propia empresa; ejercer como presidente vitalicio del Consejo de Administración; liderar la Fundación Familiar, dirigir la Oficina de la Familia, etc. Transicionar a puestos más estratégicos y menos intensivos en trabajo les ayudará a aportar valor y a ganar calidad de vida.
3. El Dinero / Liquidez: “Que me manden mi cheque mensual”.
Aunque la mayoría de los fundadores de empresa no se retiran porque les apasiona lo que hacen; otros, simplemente, carecen de esta posibilidad. Y es que, no poseen la liquidez suficiente para mantener su tren de vida—y ya ni hablar de pagar el seguro de gastos médicos mayores. Que quede claro: Es una imprudencia no construir un patrimonio personal para la vejez.
Un fundador/a inteligente sabe que lo mejor para la empresa familiar es no retrasar la sucesión. Para ello ejerce, con suficiente tiempo, acciones que le permitan asegurar su situación económica a futuro. Se trata de que cuando se retire o cambie de puesto, pueda vivir con serenidad, y no estresado porque la siguiente generación pueda tomar decisiones arriesgadas “que me hagan perder todo lo que tengo”.
4. El Conflicto: “No quiero problemas en casa”.
El proceso sucesorio, por sí solo, implica cambios que trastocan la estabilidad familiar-empresarial. Tener que elegir a un hij@ sobre otro o seleccionar a un ejecutivo externo en vez de a algún miembro de siguiente generación puede causar reclamos.
Tener conflictos en casa no es productivo. Al final, no se descansa ni se trabaja bien. Los fundadores lo saben, y por eso, después de cierta edad, tratan de evitar las confrontaciones. Lamentablemente, las cosas no se arreglan solas y tarde o temprano los eventos suceden. El tema es que, cuando no se comunican ni se planifican, los hechos ocurren de la peor forma posible. Así que, en vez de darle largas, hay que tomar al toro por los cuernos.
En resumen: Ningún fundador abandona de la noche a la mañana su posición de poder, su pasión por el trabajo, su patrimonio y/o su paz familiar. Así que, cuidado con proponer retiros no factibles. Una persona exitosa que posee capacidad, vigor y experiencia, no renunciará a su negocio para irse a jugar golf o a tomar café con sus amigos. Hay que promover procesos de transición viables, o… ¡Esperar un golpe de estado!
SOBRE LA AUTORA:
Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.
