El conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha provocado un repunte sustancial en los precios de los energéticos, impactando directamente la estructura de costos de la industria aérea. Debido a que la turbosina representa hasta el 40 por ciento de los gastos operativos de las empresas, la exposición indirecta al conflicto anticipa un incremento en el precio de los boletos en la medida que las hostilidades se prolonguen.
Brian Rodríguez, analista del sector aéreo para Monex Casa de Bolsa, advirtió a El Financiero que la tendencia de los pasajes en México apunta hacia un alza sistemática.
Esta presión responde no solo al encarecimiento del combustible, sino también a la volatilidad en la paridad cambiaria, factores que condicionan la viabilidad financiera de las rutas comerciales en el corto plazo.
Aunque la proyección de tarifas mantiene un sesgo alcista, el ajuste no será uniforme en todo el sector, pues dependerá de los mercados atendidos y de la agresividad con la que cada firma traslade los costos.
“Las tarifas, por presiones inflacionarias, van a trasladar el aumento al cliente; el que quiere viajar tiene que reconocer que el contexto actual no favorece”, puntualizó Rodríguez.
El transporte aéreo registró un incremento del 21.8 por ciento en la primera quincena de marzo, consolidándose como el rubro con mayor incidencia al alza dentro del INPC del Inegi. El ajuste en el costo de los pasajes superó el dinamismo del resto de los servicios, posicionándose como el componente más afectado por la inflación durante el periodo.
El director de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) advirtió que el suministro y el precio del combustible de aviación tardarán meses en normalizarse, incluso si el estrecho de Ormuz permanece abierto, gracias a la tregua entre Irán y Estados Unidos.
“Todavía llevará varios meses volver a los niveles de suministro necesarios, dada la interrupción de la capacidad de refinado en Oriente Medio. No creo que ocurra en semanas”, dijo a Willie Walsh.
EU e Irán anunciaron el martes un alto el fuego de dos semanas, poco antes de que expirara el ultimátum del presidente Donald Trump que había amenazado con “aniquilar” el país.
Para Eliseo Llamazares, socio líder de Aviación y Turismo en KPMG México, el dilema de las aerolíneas radica en decidir qué proporción del incremento pueden absorber antes de comprometer sus márgenes.
El experto detalló que la mayoría optará por trasladar el coste al usuario, medida que impacta con mayor fuerza a las compañías de bajo precio, cuyos clientes presentan una alta sensibilidad a las variaciones tarifarias.
En la aviación mexicana, el combustible es el pilar fundamental del gasto, representando entre el 31 y el 40 por ciento de los costos operativos totales, como se observó en el balance de Volaris al cierre del año pasado.
Ante esta vulnerabilidad, las empresas recurren a coberturas financieras, cuya efectividad depende enteramente de la precisión en sus proyecciones de consumo y precio para los trimestres venideros.
Volaris, por ejemplo, ha designado opciones para cubrir 2.9 millones de galones proyectados para el segundo trimestre de este año, además de 14.3 millones de galones para proteger una fracción de su consumo inicial. Los próximos estados financieros revelarán en qué medida estas coberturas permitieron a las aerolíneas mexicanas mitigar las presiones del entorno geopolítico y mantener sus operaciones sin pérdidas drásticas.

Brian Rodríguez añadió que las empresas que logren mantener altos niveles de ocupación serán las más resilientes frente a estos choques externos. La capacidad de ejecutar incrementos moderados en las tarifas sin desplomar la demanda será el factor determinante para conservar los márgenes operativos en un periodo marcado por la incertidumbre energética global.
El análisis de Deutsche Bank, liderado por Michael Linenberg, sugiere un escenario sombrío si no existe un alivio a corto plazo en los precios del petróleo.
La entidad financiera advirtió que las aerolíneas con mayor debilidad financiera podrían verse obligadas a suspender operaciones o a mantener en tierra a miles de aeronaves debido a la guerra.
Apenas cinco semanas de conflicto han bastado para que el precio de la turbosina se dispare un 117 por ciento, según el Monitor de Precios de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA). Los datos, basados en reportes de Platts de S&P, sitúan el barril promedio en 209 dólares al cierre del 3 de abril, duplicando su valor previo a los ataques sobre suelo iraní.
Esta escalada representa un aumento promedio de 113 dólares por barril, un reto vertiginoso para las aerolíneas de todo el mundo. En América Latina, la situación es particularmente compleja debido a que el insumo se cotiza en dólares, generando un doble impacto negativo por la depreciación de las monedas locales frente a la divisa estadounidense.
En el último año, el costo regional del combustible ha subido casi un 115 por ciento, consolidando un entorno de fuertes presiones inflacionarias.
Analistas de Citigroup Inc., encabezados por Anthony Yuen, señalaron que estas disrupciones en las rutas de Medio Oriente plantean riesgos adicionales para las economías dependientes del turismo, al encarecer drásticamente el acceso a los destinos internacionales.







