Opinión

Por México al Frente

   
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Ricardo Anaya, Alejandra Barrales y Dante Delgado, en el registro de la coalición. (Cuartoscuro)

El Frente PAN-PRD-MC ha recorrido un largo camino desde que Ricardo Anaya y Alejandra Barrales lanzaron el proyecto el 20 de junio. Todas las incertidumbres y dificultades por fin se despejaron. No sólo porque el Frente va, sino porque Anaya será el candidato a la presidencia de la República.

Simultáneamente, la candidatura de Meade por el PRI define lo esencial del tablero electoral del próximo año. EPN ha apostado por un candidato externo que logre cohesionar a los priistas, jalar panistas inconformes y atraer electores independientes.

Vamos, pues, a una competencia entre tres que, para abril o mayo, se decantará entre dos finalistas: López Obrador, por un lado, y Ricardo Anaya o Meade, por el otro. Sobra decir que quien arranque en el segundo sitio tendrá más probabilidades de llegar a la final.

Contrapunto: la ofensiva del gobierno contra el Frente y Ricardo Anaya arreciará en las semanas que vienen, con el objetivo de hacerlos caer al tercer sitio. Porque, sin duda alguna, la ruptura de la alianza y la candidatura de Anaya han estado en la mira desde que se anunció la formación de la coalición. La única incógnita que no ha sido despejada es la de los independientes: ¿cuántos habrá? Y sobre todo, si Margarita Zavala logrará estar en la boleta. Porque su campaña afectaría directamente a Ricardo Anaya y el Frente.

Ahora que hay tres candidatos, habrá que esperar las encuestas para tener una primera impresión del impacto que han tenido las candidaturas de Anaya y Meade en las preferencias electorales. De lo que no hay duda es que López Obrador arrancará en el primer lugar.

Pero como mucho se ha repetido, la contienda y las campañas serán determinantes en el resultado final. En 2000, Francisco Labastida inició con una ventaja enorme, y perdió. Seis años después le sucedió lo mismo a López Obrador.

La capacidad y agudeza de los candidatos serán los factores clave. AMLO tiene la ventaja no sólo de ser el más conocido, sino de ser percibido como un outsider. Meade apuesta a su imagen personal y apartidismo. Anaya es un personaje muy articulado y un temible esgrimista en el debate, como lo experimentó Beltrones la noche triste del 5 de junio de 2016.

Los negativos de AMLO también son evidentes. Ser el candidato más conocido le resta posibilidades de crecimiento, al mismo tiempo que registra un rechazo muy alto entre los electores que ya lo conocen.

A Meade le pesará enormemente la losa del PRI. Su desempeño será, sin duda, mejor al de cualquier priista, pero no es seguro, si bien es una posibilidad real, que eso le permita neutralizar los negativos del partido en el gobierno.

La ofensiva contra Anaya se ha concentrado en dos cuestiones: su ambición desmedida por alcanzar la candidatura (ergo, la presidencia de la República) y los presuntos actos de corrupción que se le atribuyen. El primer punto no parece relevante, ya que todos los políticos son ambiciosos; y el segundo le hará mella si efectivamente se prueban las denuncias.

Vamos, pues, a una elección muy disputada, en la que el candidato triunfador se impondrá con poco más de 30 por ciento de la votación. Por otra parte, las campañas y los debates se articularán sobre dos cuestiones fundamentales: a) la corrupción y la impunidad; b) la continuidad o rechazo de las reformas estructurales. AMLO, como bien se sabe, está por echar abajo la reforma educativa y la energética –para empezar.

De ese clivaje, y de la forma en que la gente lo procese, surgirá un candidato ganador. En el entendido de que, como ha ocurrido en el pasado, los electores optarán por el voto útil para elegir, no al mejor, sino al candidato menos peligroso y menos peor.

Al respecto y para concluir, vale recordar la célebre cita de Max Weber, sobre le esencia de la política: “quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando”.

Es por eso que a los políticos hay que exigirles responsabilidad, eficacia y honradez. Esperar que nos rediman, además de una ingenuidad, es una tontería muy peligrosa. De ahí que AMLO sea la peor de las opciones.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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