Opinión

Las sorpresas del
Reino Unido

 
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Brexit

A finales de marzo el Reino Unido iniciará negociaciones para separarse de la Unión Europea. En contraste con las previsiones sombrías después del voto popular de abandonar este club de naciones, la economía británica ha mostrado una gran resiliencia. La continuación del desempeño favorable dependerá, entre otros factores, del mantenimiento de la apertura de ese país hacia Europa.

La decisión mayoritaria del referéndum de junio pasado causó un choque negativo a los mercados financieros. En particular, descendieron los precios de las acciones de los bancos europeos y se desplomó el valor de la libra esterlina en términos de otras monedas. Al mismo tiempo, los precios de los metales preciosos incrementaron su valor, como activos de refugio.

Este ajuste, que a la postre resultó ser de una sola vez y, con excepción de la depreciación de la libra, se fue corrigiendo en los meses siguientes, estuvo acompañado de una evaluación negativa del Brexit por parte de la mayoría de los expertos económicos. Las proyecciones de lo que podría pasar a la economía británica eran desalentadoras, al considerarse que se suspenderían los nexos comerciales y de inversión con el gran mercado de Europa. Así, en promedio los analistas ajustaron a la baja los pronósticos de crecimiento económico del Reino Unido para el corto y mediano plazos, y previeron un contagio hacia otras naciones.

El Banco de Inglaterra no estuvo al margen de esta reacción. Este instituto central había calculado previamente que tan sólo la incertidumbre sobre el resultado del referéndum podría restar 0.7 puntos porcentuales al PIB de 2016, aun suponiendo que la decisión fuera permanecer. Después del referéndum, recortó el crecimiento esperado para 2017 a 0.8 por ciento, a partir de 2.3 por ciento estimado anteriormente.

Ante este panorama, el Banco de Inglaterra aplicó un programa sustantivo de estímulo monetario a principios de agosto de 2016, basado en un recorte de su tasa de referencia, un aumento de compras de activos financieros, incluyendo bonos corporativos, y un programa de financiamiento a plazo para el crédito bancario. Aun con este impulso, estimaba 'conservadoramente' que el voto del referéndum había reducido en 2.5 por ciento el crecimiento económico del Reino Unido para los siguientes tres años.

Desde entonces, la divergencia entre las expectativas y la realidad ha sido notable. Lejos de desacelerarse, la economía del Reino Unido registró un crecimiento estable durante la segunda parte de 2016 y existen indicios de que el buen desempeño ha continuado durante 2017. Específicamente, se mantuvo el vigor del consumo privado y el dinamismo de la inversión disminuyó sólo moderadamente. Al mismo tiempo, los precios de los bienes raíces y las acciones han continuado creciendo y la tasa de desempleo ha mantenido su tendencia descendente de los últimos cinco años.

La evolución satisfactoria reciente ha llevado a los analistas a incrementar gradualmente los pronósticos de crecimiento del Reino Unido. El Banco de Inglaterra ahora estima una expansión de 2.0 por ciento para 2017, sólo tres décimas por debajo de lo que preveía antes del referéndum.

¿Que podría explicar este contraste? Una posibilidad es que las políticas de estímulo monetario apoyaron la actividad económica. Sin negar que la laxitud monetaria pudo haber ejercido cierto efecto, la sorpresa permanece a la luz de las expectativas de las propias autoridades monetarias.

Una segunda y más plausible explicación es que el público espera que la redefinición de la apertura del Reino Unido al movimiento de bienes, servicios, gente y capital será adecuada. De hecho, el plan de salida presentado por la primera ministra al Parlamento contiene doce principios, entre los que destacan dos: asegurar el comercio libre con los mercados europeos y construir nuevos tratados comerciales con otras naciones. Adicionalmente, se buscará el control de la inmigración en el sentido de recuperar el dominio de las fronteras, pero no de desalentar las solicitudes de inmigración con motivos laborales.

La búsqueda de estos objetivos requerirá una ardua negociación con la Unión Europea. Tendrá el gobierno británico dos años a partir del inicio de las pláticas para lograr un acuerdo, pero el plazo podría ampliarse si existe consenso de parte de la Unión.

Las expectativas han mejorado probablemente porque la salida parece buscar el fortalecimiento de la soberanía política y legislativa del país, y no un cierre económico. Obviamente, el resultado no está garantizado. Sin embargo, el Reino Unido tiene una larga historia de creciente apertura que seguramente buscará profundizar en el futuro.

Manuel Sánchez González es exsubgobernador del Banco de México y profesor de EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey.

Twitter: @mansanchezgz

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