Financial Times

México desea borrar el lastre que amarra la productividad

A través de las décadas, México, un fuerte país manufacturero, ha cambiado de maravilla a pesadilla. Entre 1950 y 1970, la productividad creció 4.3 por ciento anual y de 1990 a 2011, se hundió en un promedio de 0.4 puntos.
Jude Webber
30 marzo 2014 18:28 Última actualización 31 marzo 2014 5:0
Manufactura Bloomberg

Para las Pymes, la innovación es escasa y la productividad baja. (Bloomberg)

Cuando una pequeña compañía mexicana encuentra que los impuestos y los trámites burocráticos necesarios para abrir una planta elevan los costos de operación hasta en un 50 por ciento, no es difícil entender por qué puede ser difícil encontrar el dinero necesario para invertir en la productividad.

Cómo aumentar la productividad por trabajador en México se ha vuelto uno de los más urgentes retos a los que se enfrenta el gobierno de Enrique Peña Nieto conforme implementa un grupo de reformas estructurales diseñadas para sacar al país del estancamiento de crecimiento en el que se encuentra.

A través de las décadas México, un fuerte país manufacturero, ha cambiado de maravilla a pesadilla. En las décadas de 1950 a 1970, la productividad creció un promedio de 4.3 por ciento anual; de 1990 a 2011 se hundió en un promedio de 0.4 por ciento anual. El gobierno quiere aumentar esa cifra a 1 por ciento anual, dice Abraham Zamora, un funcionario de alto nivel de la Secretaría de Hacienda, quien está liderando un grupo de trabajo sobre productividad que comenzó a elaborar la semana pasada.

Pero un nuevo estudio elaborado por la firma de consultoría McKinsey encontró que la tarea es más difícil de lo que parece. En México se presentan dos economías, y la separación entre las dos sigue creciendo.

Por un lado está el México de alta tecnología en varios sectores que incluyen el automotriz, el aeroespacial y el de electrónica, fábricas de punta y multinacionales de vanguardia, como el gigante del pan, Bimbo, o la compañía de cemento Cemex.

La otra, mucho mayor economía, es la de las compañías pequeñas y medianas que emplean al 80 por ciento de los trabajadores pero que tienen problemas con los impuestos y los obstáculos burocráticos.

Alejandro Pulido García, socio de Corporativo Urios, una compañía de destrucción de datos, con una planta laboral de 15 personas, dice que los impuestos y los permisos burocráticos necesarios para abrir un nuevo laboratorio habían “incrementado el costo de producción en 40 ó 50 por ciento”.

Por lo tanto, para las compañías medianas y pequeñas, la innovación es escasa y la productividad baja. Existen muchas compañías en el amplio sector informal, que de acuerdo al Sr. Zamora emplean 6 de cada 10 trabajadores mexicanos y cuya productividad es 40 por ciento más baja que en el sector formal.

Mientras que la productividad en las plantas modernas se ha elevado en un 5.8 por ciento anual desde 1999, según McKinsey, esos logros se han visto erosionados por las compañías más pequeñas, donde han caído a 6.5 por ciento anualmente. Además, el sector “tradicional” de la pequeña y mediana industria está contratando más rápidamente que las compañías principales y cambiando más mano de obra hacia trabajo de baja productividad.

Todo esto es importante porque México está luchando por arreglar su triste crecimiento económico, que ha promediado apenas 2.3 por ciento anual desde 1981. La economía creció sólo 1.1 por ciento el año pasado y el pronóstico gubernamental para el 2014 de 3.9 por ciento se ve demasiado optimista.

“La baja productividad de las compañías tradicionales es el meollo del reto del crecimiento de México,” dijo el informe McKinsey, titulado “El cuento de dos Méxicos: Crecimiento y prosperidad en una economía de dos velocidades”.

Añadió: “El bajo crecimiento del salario en las últimas tres décadas – el PIB por individuo ha crecido solamente el 0.6 por ciento anual en promedio y sólo 0.4 por ciento durante 2013 – se debe a una mano de obra con productividad débil, que cayó de 18.30 dólares por trabajador por hora (en términos de paridad del poder adquisitivo) en 1981 a 17.90 dólares en 2012.”

El reto es más urgente debido a que el denominado “dividendo demográfico” – un crecimiento rápido en la fuerza laboral que ha alimentado el crecimiento del PIB por tres décadas – se está acabando. “Para alcanzar un crecimiento del PIB de 3.5 por ciento anual al mismo tiempo que se desacelera el crecimiento de la fuerza laboral, se requeriría un incremento de la tasa de crecimiento de productividad de casi tres veces el promedio del 0.8 por ciento anual desde 1990,” sostuvo el informe.

Para enfrentarse a este problema, el Sr. Zamora está dirigiendo lo que llama un “esfuerzo conjunto” entre el gobierno, el sector privado, los sindicatos y los académicos para ampliar esfuerzos para que las compañías en el sector informal paguen impuestos y seguridad social. También busca apoyar a las pequeñas industrias, mejorar las inversiones en ciencia y tecnología – que sólo toman en cuenta un 8 por ciento de las compañías – e invertir en capacitación e incentivos. “Queremos revertir la tendencia y generar un círculo virtuoso,” dice. Subrayando el sentido de urgencia de este grupo de trabajo, el gobierno dice que el grupo se reunirá al menos una vez al mes este año en vez de una vez al trimestre.

Pero no todas las compañías tienen el flujo de efectivo ni el acceso al crédito para hacerlo. McKinsey reconoce que las compañías mexicanas necesitan 60 mil millones de dólares más en crédito, y tres cuartas partes de esa cifra representan las necesidades no cubiertas de la pequeña y mediana industria.

Eduardo Bolio, director de McKinsey México, dice que se mantiene optimista sobre el futuro. Añade, sin embargo, que “No hay una varita mágica”.

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