Financial Times

La lucha de China por una nueva economía

Fuera del país asiático, el pesimismo ha crecido con respecto a la capacidad del coloso para sostener su rápido crecimiento. Analistas prestan atención al exceso de capacidad, inversión y deuda.
Martin Wolf
25 marzo 2014 19:55 Última actualización 26 marzo 2014 5:0
Yuan

China es una nación de altos ingresos medianos. (Reuters)

¿Cuáles son las perspectivas de la economía china? Pocas preguntas relacionadas con la economía pueden ser más importantes que ésta. Acabo de regresar del Foro de Desarrollo de China de este año en Beijing, que reúne a líderes empresariales y académicos occidentales con altos responsables políticos e intelectuales chinos, donde esa pregunta ocupó un lugar preeminente.

Fuera de China, el pesimismo ha crecido con respecto a la capacidad del coloso para sostener su rápido crecimiento. Los estudiosos del tema están prestando especial atención al exceso de capacidad, inversión y deuda. Comparto la opinión de que la transición a un crecimiento más lento y más equilibrado es un desafío extraordinariamente difícil, incluso para China. Sin embargo, las apuestas en contra del éxito de los responsables políticos chinos han carecido de sentido. Cuando un caballo extraordinario se encuentra con un nuevo obstáculo, las apuestas deben favorecer al caballo. Pero incluso el mejor caballo puede caer.

Yang Weimin, un viceministro en el gobierno, planteó nuevas “directrices para la profundización de la reforma integral” del país en un documento de referencia invaluable. Esto señala varias condiciones nuevas.

En primer lugar, China es un país de altos ingresos medianos, con un Producto Interno Bruto per cápita de 6 mil 700 dólares. Ahora está abordando la tarea rara vez exitosa de convertirse en una economía avanzada.

En segundo lugar, el entorno internacional es menos favorable de lo que solía ser, en parte debido a que las economías de altos ingresos están estructuralmente debilitadas y en parte debido a que la economía china se ha vuelto mucho más grande en relación a todas los demás.

En tercer lugar, la economía en sí ha cambiado. La tasa de crecimiento potencial se ha reducido al 7-8 por ciento, en parte debido a una disminución de la fuerza de trabajo; el exceso de capacidad es masivo, incluso para los estándares chinos; los riesgos financieros han aumentado, impulsados por el excesivo endeudamiento de las autoridades locales, las burbujas inmobiliarias y el crecimiento de la banca paralela; ahora más de 50 por ciento del país ha sido urbanizado pero sus ciudades sufren una serie de males, incluyendo la contaminación.

Por último, el crecimiento y el uso intensivo de recursos naturales están llegando a sus límites, en particular con respecto al agua, que no es una mercancía directamente comercializable.

La “Decisión sobre importantes asuntos relacionados con las reformas de profundización integrales”, que se acordó el pasado noviembre, es la respuesta. Es el modelo para la próxima ronda de reformas y propone, en particular, sustanciales reformas institucionales y políticas, incluyendo la transformación de un “gobierno imperativo y administrativo” a un “gobierno por la ley”. El mercado desempeñaría un papel “decisivo” en la asignación de recursos. El gobierno, a su vez, sería responsable por “la regulación macroeconómica, la regulación del mercado, el servicio público, la administración social y la protección del medio ambiente”. Occidente reconocería todo eso.

Esto implica cambios en el papel de las empresas de propiedad estatal. También implica un cambio de listas positivas a listas negativas de lo que se les permite hacer a los nuevos participantes: en lugar de obtener aprobaciones, las empresas pueden hacer lo que no está prohibido. Esto podría ser algo revolucionario. También son importantes los cambios propuestos en el sistema de permisos de residencia, lo que debería permitir que 100 millones de migrantes se conviertan en residentes urbanos permanentes.

Para la mayoría de los extranjeros el lenguaje de las declaraciones oficiales es abrumador. Sin embargo, después de haber escuchado al ministro Li Keqiang y al viceprimer ministro Zhang Gaoli, me pareció que todo esto es convincente, al menos desde una perspectiva analítica. Ambos líderes reconocen claramente la necesidad de tomar decisiones firmes en respuesta a los desafíos que enfrentan.

Lo que quieren hacer también tiene sentido tanto en los frentes económicos como en los ambientales.

Un documento de antecedentes sobre las perspectivas económicas de mediano plazo y una presentación de Stephen Roach, ahora en la Universidad de Yale, muestran que China también ha tenido un progreso real en su transición hacia un modelo –más lento, con un menor enfoque en recursos y un mayor enfoque en empleo– del crecimiento económico. Mientras que el sector servicios tiene una participación significativamente menor en el PIB que en casi todas las demás economías, por primera vez se hizo más grande que la industria en 2013.

Antes de 2008, un punto porcentual de crecimiento producía menos de un millón de nuevos puestos de trabajo urbanos. Desde entonces cada punto ha producido un promedio de 1.4 millones de empleos. La inflación se ha mantenido bajo control y la rentabilidad industrial se ha mantenido a pesar de un crecimiento más lento.

Sin embargo, China también tiene una economía muy desequilibrada cuya característica más llamativa es la baja tasa de consumo, tanto pública como privada, y la alta participación de la inversión (ambas cercanas a la mitad del PIB). La gran pregunta ahora es si las fuerzas correctivas en la economía pueden abrumar la capacidad de las autoridades para manejar los ajustes necesarios sin problemas.

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