Financial Times

La presidenta Fernández enfrenta una importante batalla

La popularidad de la mandataria argentina, Cristina Fernández se ha desplomado desde su reelección en 2011 y podría caer más, mientras se apresura a evitar inminentes problemas económicos, mediante la implementación de reformas de mercado ortodoxas.
Benedict Mander
31 marzo 2014 20:6 Última actualización 01 abril 2014 5:0
 [Reuters] Ambos países tienen gobiernos democráticos y no hay peligro de ninguna naturaleza bélica, expone Cristina Fernández. 

La popularidad de la presidenta va a sufrir mucho, afirman analistas. (Reuters)

Cristina Fernández confesó recientemente en un discurso transmitido por televisión que, además de ser la presidenta de Argentina, le gustaba imaginarse como la “madre” de la nación.

Aunque la mandataria de 61 años complació a un grupo de simpatizantes al posar para fotos inmediatamente después de su presentación, muchos argentinos se enfurecieron por el discurso, en el cual la Sra. Fernández negó que habría un importante aumento de los costos de los servicios públicos, aunque algunos incluso podrían aumentar sus costos hasta cinco veces más; y esto, justo después de que se anunciaran recortes de los subsidios sólo unas horas antes.

A pesar de sus instintos maternales, la popularidad de la Sra. Fernández se ha desplomado desde su reelección en 2011, y podría caer aún más mientras la lideresa izquierdista se apresura a evitar inminentes problemas económicos mediante la implementación de reformas de mercado ortodoxas que su gobierno durante tanto tiempo evitó.

Esta serie de retractaciones gubernamentales acerca de política económica – que también incluyen una devaluación, la renovación del índice de precios al consumidor y la resolución de prolongadas controversias con inversionistas – han llevado a algunos a preguntarse si ha habido un cambio de actitud en la cima del gobierno argentino.

El jueves pasado, el gobierno, falto de liquidez, anunció que recortaría los subsidios al gas natural y al agua en un 20 por ciento, deshaciendo así uno de los pilares de la política gubernamental implementados durante lo que la Sra. Fernández llama “la década victoriosa” – que comenzó cuando su esposo, Néstor Kirchner, tomó el poder después de la crisis económica argentina de 2001-02.

El mismo día, el gobierno corrigió su pronóstico de crecimiento para 2013 de 4.9 por ciento a 3 por ciento, en línea con los pronósticos del sector privado, y justo a tiempo para la fecha límite fijada por el Fondo Monetario Internacional para que Argentina mejorara sus estadísticas, cuestionadas ya desde hace mucho tiempo. Al hacer esto, la administración se ahorró el pago de 3.5 mil millones de dólares a los titulares de garantías del PIB, que se hubiera activado si el crecimiento hubiera excedido el 3.2 por ciento.
El intento de seguir políticas económicas más ortodoxas ha ayudado a los bonos argentinos a repuntar con fuerza.

Sin embargo, José Octavio Bordón, embajador argentino en EU durante la administración del Sr. Kirchner, dijo que no ha existido ningún “cambio ideológico” dentro del gobierno. “Esto es sólo una respuesta objetiva al hecho de que el gobierno se ha quedado sin dinero,” dijo.

El Sr. Bordón está de acuerdo en que los subsidios fueron necesarios para estimular el consumo cuando la economía argentina colapsó después del impago de 2002, pero dice que permanecieron en vigor durante demasiado tiempo después de la recuperación.

Los altos precios de los productos básicos impulsaron el crecimiento anual promedio de 7.2 por ciento de 2003 a 2011. Sin embargo, ahora se están eliminando los subsidios al avecinarse otra recesión.

Carlos Germano, analista político, dijo: “No existe una estrategia política clara. Ellos (el gobierno) sólo van de aquí para allá apagando fuegos, arreglando los problemas mientras surgen sin pensar mucho en las consecuencias a largo plazo”. Él espera más recortes a los subsidios.

“La popularidad de la presidenta va a sufrir mucho. Esto está debilitando mucho su liderazgo,” añadió.

La política exterior, marcada por la desesperada necesidad de atraer inversión desde que Argentina quedó fuera de los mercados internacionales de capital a raíz del impago de 2001, también ha sido caótica.

En un viaje a Europa el mes pasado, la Sra. Fernández buscó el apoyo de François Hollande, presidente francés, en negociaciones con el Club de París de naciones acreedoras al que Argentina debe unos 10 mil millones de dólares.

Pero también provocó la irritación de los líderes occidentales cuando recibió una llamada telefónica del presidente ruso, Vladimir Putin, para agradecerle por su posición en cuanto a la crisis de Crimea. La Sra. Fernández había criticado el “doble rasero” de los líderes del Reino Unido y EU, que apoyaron el referendo acerca de las Islas Malvinas el año pasado, en el cual el 99.8 por ciento de los habitantes votaron por continuar siendo territorio británico, y a la vez, rechazaron el actual referendo en Crimea.

Sin embargo, los irregulares esfuerzos argentinos de mejorar las malas relaciones con la comunidad internacional fueron fructíferos recientemente, cuando Francia, Brasil y México declararon su apoyo a Argentina en la Suprema Corte estadounidense en una disputa con los llamados acreedores “holdout”, quienes rechazaron una deuda reestructurada después del impago de 2001 y están presionando para que se les pague íntegramente.

El éxito de la Sra. Fernández al abordar los problemas que asedian a su gobierno, que incluyen desde una de las más altas tasas de inflación a nivel mundial hasta alarmantemente bajos niveles de reservas de divisas, determinará su futuro político.

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