El jueves pasado se informó que, con base en la estimación oportuna del INEGI sobre el PIB, en el periodo abril-junio de 2026 la actividad económica de México creció a una tasa trimestral de 1.5 por ciento con cifras ajustadas por estacionalidad, luego de un retroceso de 0.6 por ciento en el trimestre anterior, siendo su mayor expansión desde finales de 2020.
Con respecto al segundo trimestre de 2025, el PIB registró un crecimiento anual de 2.1 por ciento, acelerando velozmente desde el avance de 0.4 por ciento en el trimestre previo, además de representar el mayor ritmo de actividad económica desde finales de 2023.
Además, en la primera mitad de 2026 el PIB acumuló un crecimiento anual de 1.2 por ciento, el más elevado en los últimos cuatro semestres.
A juzgar por los datos, la economía de México repuntó con fuerza en el segundo trimestre.
El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) señaló que la estimación oportuna del PIB del segundo trimestre sorprendió al alza y que, debido a un efecto estadístico de base de comparación, “la aritmética del año mejora, pero el ritmo subyacente no”.
Según su análisis, “el arrastre estadístico que deja el primer semestre se ubica cerca de 1.2 por ciento (anual), de modo que la economía cerraría en torno a esa cifra incluso con un PIB plano en la segunda mitad” del año.
“El perfil intratrimestral advierte que eso no vendrá de forma automática: el impulso se concentró en abril –construcción e infraestructura asociada al Mundial–, mayo revirtió y junio recuperó apenas, por lo que el tercer trimestre inicia sin arrastre inercial”, apuntó el IMEF.
Además de lo que advierten los ejecutivos de finanzas, los indicadores de confianza empresarial que mide la Encuesta Mensual de Opinión Empresarial del INEGI, publicados el lunes, mantienen su debilidad y reflejan la cautela de los directivos.
En julio pasado y con cifras desestacionalizadas, el Indicador Global de Opinión Empresarial de Confianza se ubicó en 48.2 puntos y se incrementó sólo 0.1 unidades en relación con el mes anterior, pero retrocedió 0.7 puntos en su comparación anual.
Con esta última observación, el indicador hila 27 meses consecutivos de bajas frente al mismo periodo del año anterior y acumula 17 meses seguidos por debajo del umbral de los 50 puntos, que separa el pesimismo del optimismo.
La debilidad sigue siendo generalizada entre sectores, pues todos se ubican por debajo de la frontera de los 50 puntos y, por lo tanto, se encuentran en zona de pesimismo.
De los cuatro sectores que lo integran, el mayor deterioro se observó en el Indicador de Confianza Empresarial del comercio, que se situó en 48.4 puntos, 0.6 unidades menos que en junio previo.
El sector que mostró recuperación es el de la construcción, cuyo indicador fue de 47.2 puntos en julio de 2026 y aumentó 0.9 unidades en su comparación mensual, aunque se mantiene, por 23 meses consecutivos, por debajo de la frontera de los 50 puntos.
Además, los cuatro sectores arrastran un prolongado sesgo negativo en la percepción de los directivos empresariales sobre el momento adecuado para invertir, que llega a 158 meses –más de 13 años– por debajo de 50 puntos en el caso de las industrias manufactureras y a 182 meses –más de 15 años– en el de la construcción.
La percepción de los directivos se corresponde con lo que deja ver la encuesta mensual del Banco de México entre especialistas en economía del sector privado, donde el porcentaje de los que creen que ahora es buen momento para realizar inversiones es de cero.
Tal nivel de percepción, reflejado en la encuesta de julio y que en las de marzo y mayo también fue de cero, significa que la coyuntura actual de las empresas para efectuar inversiones no es favorable ni propicia, pues 41 por ciento ve un mal momento y 59 por ciento dice no estar seguro.
La misma encuesta advierte que, en opinión de los analistas, el factor que más puede obstaculizar el crecimiento de México en los próximos meses se asocia con la gobernanza, donde la principal limitante son los problemas de inseguridad pública.
A este factor se le otorga el mayor nivel de preocupación, con 6.3 –en una escala del 1 al 7–, seguido de otros problemas de falta de Estado de derecho, con 5.9.
Estas preocupaciones pueden condenar al país a tener un crecimiento económico básicamente inercial en el resto de la administración.