Las medidas arancelarias tomadas por el gobierno mexicano a finales de 2025 le están funcionando para reducir las importaciones provenientes de China y otros países asiáticos.
En materia comercial, uno de los objetivos de la administración Trump es evitar que México funcione como una plataforma de entrada a la región de Norteamérica de productos con alto contenido asiático, principalmente chino.
Para dejarlo claro, el gobierno mexicano impuso aranceles a las importaciones de productos procedentes de países con los que no existen tratados de libre comercio (TLC) vigentes, como los asiáticos, sobre todo chinos.
Los aranceles impuestos por el país buscan impulsar la producción nacional, fortalecer las cadenas de suministro y reducir la dependencia del exterior, en particular de las importaciones desde China.
En el Paquete Económico de 2026 se anunció un Programa de Protección para las Industrias Estratégicas de México basado en un incremento arancelario en mil 463 fracciones, que está vigente desde diciembre pasado.
El paquete arancelario se aplica a todos los países sin tratado comercial con México, la mayoría de Asia, en especial China, que es nuestro segundo mayor socio comercial y segundo mayor proveedor de bienes.
El Programa de Protección para las Industrias Estratégicas se presentó a través de una iniciativa de ley, que, una vez aprobada por el Congreso, impuso aranceles promedio de 35 por ciento y máximos de hasta 50 por ciento a los países sin tratado comercial con México.
Por ejemplo, los vehículos provenientes de Asia, en particular de China, tenían un arancel de 20 por ciento y ahora éste llega hasta 50 por ciento.
Los aranceles, que se elevaron hasta el tope permitido por la Organización Mundial de Comercio a productos extranjeros, cubren menos del 10 por ciento de las importaciones totales de México.
La aplicación de aranceles ha impactado a sectores industriales dependientes de insumos y bienes procedentes de Asia, como el automotor, autopartes, textiles, acero y electrodomésticos, entre otros.
Dicho incremento de aranceles a las importaciones provenientes de países sin tratado comercial ya muestra resultados claros, según información de la Subsecretaría de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía.
Las importaciones de México de las mil 463 fracciones arancelarias procedentes de países sin TLC, entre enero y mayo de este año se contrajeron 23.2 por ciento respecto a igual periodo de 2025, al pasar de 15 mil 383 millones de dólares a 11 mil 808 millones.
En el caso de las compras provenientes de China, la reducción es aún mayor, de 28.4 por ciento, al pasar de 10 mil 99 millones de dólares a 7 mil 228 millones del año anterior a este.
De hecho, de los 3 mil 575 millones de dólares en que se redujeron las importaciones de las mil 463 fracciones arancelarias, 80 por ciento correspondió a China, con dos mil 871 millones de dólares menos.
Más atrás se situaron las compras procedentes de Corea del Sur, que disminuyeron 21.9 por ciento, al pasar de mil 374 millones de dólares a mil 74 millones.
En el caso de Taiwán, la reducción fue de 32.7 por ciento anual, pero su monto es significativamente inferior.
Como antecedente, en julio de 2024, todavía en el gobierno de AMLO, el entonces secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, reclamó que México no tiene un comercio recíproco con China, pues “nos vende y no nos compra”.
Para fundamentar su argumento, dijo que México compra a China 119 mil millones de dólares por año y le vende 11 mil millones, por lo que planteó hacer una revisión de nuestro comercio con el gigante asiático y protegernos.
¿Qué significa ‘protegernos’? Se entendería que fue la aplicación de ‘aranceles estratégicos’ a países con los que no existen acuerdos comerciales vigentes, lo que no ocurrió en la administración anterior, sino en la de la presidenta Sheinbaum.
Hasta ahora los datos oficiales no sugieren que se haya dado un traslado de esos aranceles a los precios al consumidor, lo cual no significa que no vayan a tener algún efecto.
El mejor ejemplo está en el mercado automotor nacional, cuyas ventas crecen muy por arriba del ritmo de la economía y donde la fortaleza del segmento de vehículos ligeros responde a la política implementada por las armadoras automotrices y sus distribuidores para mantener incentivos en el precio de las unidades nuevas.
Si los precios se mantienen competitivos es porque hay una acumulación de inventario en algunas marcas, incluidas las chinas, lo que les permite absorber parte del incremento en el arancel.