El gobierno mexicano confía en que, con las revisiones anuales al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) durante 10 años, el país tendrá ventajas económicas y recibirá una mayor inversión.
“Pienso que México va a tener una oportunidad muy importante estos años para aumentar su crecimiento económico”, comentó el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, el jueves en la conferencia matutina de Palacio Nacional.
“Pienso que tener vigente el tratado y una agenda común con Estados Unidos para reducir la dependencia hacia el exterior, hacia otras regiones, son para México una buena posibilidad de inversión”, aseguró.
En su opinión, “lo que reduce la incertidumbre, en primer lugar, es que el tratado siga vigente, porque la mayor incertidumbre se habría derivado del retiro de Estados Unidos”.
Aunque ahora no se logró la renovación completa, el secretario de Economía ofreció un pronóstico: el T-MEC “se va a renovar en los próximos años por otros 16 años”.
Sin embargo, no es menor el sector de expertos e industrias que advierten que, sin la aprobación de Estados Unidos para la extensión de 16 años, quedando el tratado sujeto a revisiones anuales, se incrementará la incertidumbre entre inversionistas, empresas y negocios.
Una de las ramas más expuestas es la industria automotriz mexicana –una de las más competitivas e integradas a las cadenas de suministro norteamericanas–, que lamentó el anuncio realizado por el gobierno de Estados Unidos de no renovar el T-MEC.
La Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) afirmó que esta decisión “no contribuye a la generación de certidumbre que requiere la industria automotriz, afectada ya durante casi año y medio por los aranceles 232, que han puesto en desventaja a México frente a otros países y que requieren acciones urgentes de resolución”.
En efecto, persisten las medidas unilaterales impuestas por Estados Unidos bajo la Sección 232 de su Ley de Expansión Comercial, que invoca la ‘amenaza a la seguridad nacional’, mediante las cuales aplica aranceles a sus importaciones provenientes de México de autos y autopartes, acero, aluminio y cobre.
En el caso de vehículos ligeros y autopartes, toda unidad o pieza que no cumpla con las reglas de origen del T-MEC tiene que pagar aranceles.
Con las medidas comerciales amparadas en la 232, la industria automotriz mexicana tiene que pagar un arancel de 25 por ciento con la posibilidad de descontar sólo el contenido estadounidense –40 por ciento de las piezas–, no el de la región –75 por ciento de las piezas–, para introducir vehículos a Estados Unidos.
Y, según trascendidos de las negociaciones para la revisión del T-MEC, el gobierno de Donald Trump pretende elevar a 50 por ciento el requisito de contenido estadounidense en la producción de vehículos y sus componentes que se ensamblan en la región de Norteamérica.
La Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA) llamó a reforzar la integración económica en América del Norte, sobre todo en la industria automotriz, así como a eliminar las restricciones impuestas por el gobierno de Trump que limitan el libre comercio mediante la aplicación unilateral de aranceles vigentes desde mayo del año pasado.
Destacó “el acompañamiento y respaldo de la industria automotriz mexicana, de la que (los distribuidores de vehículos) formamos parte, a las gestiones del gobierno de México para pugnar por la eliminación de los aranceles o, cuando menos, por colocarlos en una condición favorable respecto a la que tienen Corea, Japón y la Unión Europea”, que pagan tasas de 15 por ciento.
“En el ámbito estricto de la industria automotriz, estimo que se mantiene la incertidumbre y que es un factor limitativo de la inversión de largo plazo, no únicamente en lo que toca a la posibilidad de atraer nuevas ensambladoras, sino a la ampliación de las ya establecidas”, me dijo Guillermo Rosales, presidente ejecutivo de la AMDA.
Uno de los temas clave para la nueva ronda de negociaciones bilaterales entre México y Estados Unidos, programada para la semana del 20 de julio en Ciudad de México, son las reglas de origen, donde el gobierno mexicano no debe aceptar un endurecimiento de los requisitos de contenido estadounidense en la industria automotriz.
Más aún, México debe pugnar por mantener la exclusión de los aranceles para las exportaciones que cumplan con las reglas de origen del T-MEC y de los que impuso Estados Unidos por ‘seguridad nacional’ bajo la Sección 232, que constituyen una violación directa al tratado.