El lunes, en su conferencia matutina, el presidente López Obrador rechazó una crisis de fin de sexenio por malos manejos económicos internos, pero no descartó que pudiera haber una crisis financiera externa con impacto sobre México:
“No estamos nosotros avizorando ninguna crisis económica o financiera este año ni el otro, y se descarta que en el futuro se pueda presentar una crisis como las que ha habido en los cambios de gobierno”.
Sin embargo, AMLO admitió que “no descartamos que sí pueda haber una crisis financiera externa que pueda impactarnos, pero de acuerdo con nuestras proyecciones esa crisis podría darse a partir del 2025 y, desde luego, no lo deseamos”.
Según el presidente, en México tenemos una economía fuerte, finanzas públicas sólidas y “vamos a continuar con nuestra disciplina económica financiera, con el plan de austeridad aunque no les guste (…)”.
De darse, la causa de una posible crisis externa en dos años sería que está de por medio el proceso electoral en Estados Unidos y “es muy difícil que se dé una crisis antes de las elecciones. Van a aguantar todo, pasando las elecciones es otro asunto, gane quien gane”.
AMLO aceptó que los problemas de inestabilidad en EU “sí nos afectarían por la interdependencia económica y la integración que tenemos entre nuestras economías”.
Por eso, abundó, “este año y el próximo vamos a seguir manejando las finanzas con mucha responsabilidad para ‘blindar’ bien la economía pensando hacia adelante”.
Aunque AMLO descarta que en el futuro se pueda presentar una crisis de origen interno, lo evidente en este momento es que el debilitamiento de las finanzas públicas no se corresponde con lo que sugiere la expansión de la actividad económica.
En marzo, los ingresos presupuestarios del sector público no sólo cayeron 18.9 por ciento real anual, sino que observaron retrocesos en sus principales rubros.
Los ingresos petroleros disminuyeron 38.7 por ciento real anual, en el contexto de la reducción de los precios del crudo y de la apreciación del peso frente al dólar.
Los ingresos tributarios se contrajeron 16.2 por ciento real en comparación con lo captado en el tercer mes de 2022, lo que representa su mayor retroceso en seis años.
El 69.2 por ciento de la recaudación de marzo correspondió al ISR, que si bien tuvo un excedente de 26.7 mil millones de pesos respecto a lo previsto, reportó una caída anual de 18.5 por ciento en términos reales.
La captación del IVA, que contribuyó con la quinta parte de la recaudación total, mostró un desplome de 19.4 por ciento real en marzo de 2023 en comparación con el mismo mes del año anterior.
En una perspectiva más amplia, los ingresos presupuestarios del trimestre enero-marzo quedaron 117.5 mil millones por debajo de lo programado, y los tributarios fueron menores a lo previsto en 41.3 mil millones.
Los 117.5 mil millones de pérdida en los ingresos presupuestarios de sólo tres meses representan 89 por ciento del faltante en ingresos estimado para todo el año.
En el caso de los ingresos tributarios, los 41.3 mil millones de pesos no recaudados equivalen a casi 62 por ciento del faltante previsto en la estimación de finanzas públicas para 2023.
El viernes, en la conferencia sobre los informes trimestrales de finanzas públicas, los funcionarios de Hacienda afirmaron que el programa económico está ‘blindado’ y que no tiene desviaciones por el lado del ingreso ni por el del gasto. Además, dijeron que en este momento no prevén recortes.
Lo que probablemente se advierte son ajustes y una contención del gasto, pues en el periodo enero-marzo el gasto neto total del sector público se ubicó en 190.5 mil millones de pesos por debajo de lo programado.
En su interior, el gasto programable del gobierno fue 161 mil millones de pesos inferior al programado.
Por el contrario, el costo financiero superó lo previsto en 14.1 mil millones de pesos debido a las mayores tasas de interés.
La combinación de la tensión en los ingresos y la necesidad de mantener la asignación de recursos bajo la política de austeridad representa un gran reto fiscal para el cierre de la administración.
AMLO desestima una crisis económica o financiera de origen interno, pero no estaría mal que descarte riesgos para las finanzas públicas que pudieran ejercer presión sobre la economía mexicana.