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Retrato de un México ‘poco menos’ desigual

Víctor Piz hace lecturas sobre la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2020.

Las críticas y algunas ofensas no se hicieron esperar sobre lo publicado en este espacio el miércoles pasado, previo a que el INEGI diera a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2020.

En el texto se anticipó equivocadamente un ‘aumento dramático en la desigualdad y más concentración del ingreso respecto a 2018, como se sugería en algunos estudios preliminares del tema.

Pero lo que la ENIGH muestra es una disminución en la desigualdad del ingreso, medida por el coeficiente de Gini, cuyo valor bajó de 0.43 en 2018 a 0.42 en 2020.

El Gini es una medida de la desigualdad que indica que cuando todos tienden a ganar lo mismo, su valor se acerca cero y la concentración del ingreso es menor.

Por el contrario, cuando el ingreso se concentra en unos cuantos, su valor se aproxima a uno.

Sin embargo, el retroceso del Gini no debe interpretarse como si hubiera menos desigualdad en México, así sea levemente.

De hecho, la reducción en la desigualdad es resultado de la fuerte contracción del ingreso en los hogares más ricos, no de la mejoría marginal del ingreso en los hogares más pobres.

La ENIGH revela que el 90 por ciento de los hogares en México observó una reducción en su ingreso entre 2018 y 2020.

La mayor contracción se dio en el decil más alto, el de mayor ingreso, donde cayó 9.2 por ciento.

El ingreso de los deciles centrales, donde está justamente la clase media, cayó entre 4 y 4.3 por ciento.

Sólo creció en el decil más bajo, el de menor ingreso, donde aumentó 1.3 por ciento, gracias a las transferencias recibidas como pensiones, programas gubernamentales y remesas.

El INEGI identificó 12.5 millones de personas que reportaron un ingreso proveniente de algún programa como becas, pensión para adultos mayores o Jóvenes Construyendo el Futuro, entre otros.

Los datos sobre la caída del ingreso en casi toda la distribución revelan que los hogares más ricos perdieron el doble que los de la clase media, que –a su vez– perdieron el triple de lo que ganaron los más pobres.

Otra lectura de la encuesta nos dice que sigue habiendo grandes diferencias entre deciles de ingreso.

Los hogares del decil I, donde está el 10 por ciento más pobre, reciben sólo 2 por ciento del ingreso corriente total.

Por el contrario, los hogares del decil X, donde está el 10 por ciento más rico, concentran 32.5 por ciento del ingreso.

La diferencia de ingresos entre un extremo y otro es de 16.2 veces, menos que en la ENIGH de 2018, cuando era de 18.7 veces.

Aun así, la brecha entre el ingreso del decil más alto y el del más bajo es un botón de muestra de la alta concentración del ingreso en México.

Adicionalmente, la desigualdad en el país podría ser mayor, pues los hogares de más altos ingresos no incluyen información correcta en la ENIGH, lo que lleva a una subestimación del ingreso del sector más rico.

La subdeclaración u omisión de información en la parte alta de la distribución no sólo provoca una subestimación de la concentración del ingreso, sino que también afecta el cálculo de otros indicadores sociales, como la pobreza multidimensional.

Por lo pronto, sobre la base de la información de la ENIGH, el Coneval dará a conocer el próximo jueves los datos de la medición multidimensional de la pobreza 2018-2020.

A nivel nacional, 61.1 millones de personas estaban identificadas con un ingreso inferior a la línea de pobreza por ingresos en 2018.

En febrero pasado, el Coneval mantuvo sus estimados de mayo de 2020 sobre el incremento de la pobreza por efecto de la pandemia.

Desde entonces se estimó un aumento de hasta 9.8 millones en el número de personas en situación de pobreza por ingresos.

De cumplirse esa proyección, alrededor de 70 millones de personas quedarían por debajo de la línea de pobreza por ingresos.

Dicho de otra manera, más de la mitad de la población en México habría terminado el año uno de la pandemia en situación de pobreza.

Tomará años revertir el retroceso en el combate a las carencias sociales, que lamentablemente condenará a millones de mexicanos a ser víctimas de la pobreza estructural por décadas.

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