La Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico) decidió por unanimidad de sus cinco miembros mantener sin cambios la tasa de referencia en el nivel de 6.50 por ciento, en un contexto de inflación reducida, de 3.1 por ciento anual en el índice general en julio pasado, la más baja desde mayo de 2020.
Se trata de la segunda decisión de política monetaria consecutiva en que el banco central mantiene sin cambio su tasa objetivo.
La decisión de esta semana, en línea con las expectativas de los analistas de mercados financieros, confirma que el ciclo de flexibilización monetaria en México ya terminó.
El ciclo de recortes a la tasa de referencia inició en marzo de 2024 desde el nivel de 11.25 por ciento, cuando la inflación en la economía mexicana se ubicaba en torno a 4.4 por ciento anual.
El nivel actual de la tasa de Banxico se sitúa dentro del rango estimado de neutralidad; esto es, donde la postura monetaria deja de ser explícitamente restrictiva.
Las expectativas de inflación general para el tercer trimestre de 2026, publicadas en el anuncio de política monetaria del 6 de agosto, se redujeron en 0.3 puntos.
Sin embargo, el banco central revisó al alza sus pronósticos para la inflación general y su componente subyacente, que excluye bienes y servicios con precios más volátiles, entre el primer y el tercer trimestre de 2027.
Dichos pronósticos para la inflación se ampliaron hasta 0.3 puntos porcentuales para el primer y el segundo trimestre del próximo año.
El comunicado del jueves sobre la decisión de política monetaria de Banxico advirtió que “los cambios de política económica por parte de la administración estadounidense y la posible prolongación de los conflictos geopolíticos continúan añadiendo incertidumbre a las previsiones”.
No sólo eso, sino que “sus efectos podrían implicar presiones sobre la inflación en ambos lados del balance”; es decir, tanto al alza como a la baja.
En ese contexto, el banco central mexicano reconoce que la inflación tardará más tiempo en llegar a la meta de 3.0 por ciento.
Ahora “se espera que la inflación general converja a la meta en el cuarto trimestre de 2027”.
Todavía en el anuncio de política monetaria previo, el del 25 de junio, se esperaba que la inflación general alcanzara la meta de 3.0 por ciento anual en el segundo trimestre de 2027.
Una vez más, la convergencia puntual a la meta de inflación se ve retrasada por parte del banco central mexicano.
Al ‘patear el bote’ para el cuarto trimestre del próximo año, se admite que el progreso en la reducción de la inflación será más lento y no estará exento de riesgos, entre los que destaca la persistencia de la inflación subyacente.
Y al señalar en el comunicado que entre los principales riesgos al alza para los nuevos pronósticos de inflación está la persistencia del componente subyacente, la Junta de Gobierno está mostrándose cautelosa.
A diferencia de la inflación general, el componente subyacente se situó prácticamente en 4.0 por ciento anual en julio pasado, por lo que mantiene una brecha muy amplia respecto a la meta del Banco de México.
No ha sido fácil romper con la persistencia de la inflación subyacente, que antes del dato de julio, publicado este viernes, llevaba 14 meses por arriba de 4.0 por ciento anual.
Todo lo anterior se resume en tres mensajes: Banxico incrementa los pronósticos tanto para la inflación general como para la subyacente en los trimestres señalados de 2027, retrasa la convergencia a la meta en seis meses y dice en su comunicado que se mantiene el sesgo al alza en el balance de riesgos para la inflación.
Aunque en este momento la inflación general está cerca de la meta de 3.0 por ciento, probablemente ya alcanzó sus mínimos del año y observará un repunte en el corto plazo.
El reto del banco central mexicano es reforzar su credibilidad frente al compromiso con su mandato constitucional de mantener la estabilidad de precios y de situar la inflación en el nivel objetivo.
Pero todavía tiene un gran desafío para anclar las expectativas inflacionarias del mercado en torno a 3.0 por ciento. Más le vale a Banxico no volver a ‘patear el bote’, si no quiere ver minada su credibilidad.