Sonya Santos

El curioso día en que una zanahoria se volvió estrategia militar

La creencia de que las zanahorias mejoran la visión nocturna nació como una operación de propaganda británica durante la Segunda Guerra Mundial, cuenta Sonya Santos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, una simple verdura se convirtió inesperadamente en herramienta de propaganda militar. La protagonista fue la humilde zanahoria, y la historia detrás de su fama revela cómo la comida, la política y la cultura popular pueden mezclarse de maneras sorprendentes.

Hoy muchas personas siguen creyendo que comer zanahorias mejora drásticamente la vista, especialmente la visión nocturna. Aunque esta raíz sí contiene nutrientes importantes para la salud ocular, el origen de esta creencia tiene más relación con estrategias militares británicas que con la nutrición.

Todo comenzó en los años cuarenta, cuando el Reino Unido enfrentaba los bombardeos alemanes durante la guerra. La fuerza aérea británica, la Royal Air Force, empezó a obtener importantes victorias nocturnas contra los aviones enemigos. Los británicos necesitaban explicar por qué sus pilotos parecían detectar aeronaves en la oscuridad con tanta precisión.

La verdadera razón era secreta: el desarrollo del radar.

El gobierno británico había logrado avances tecnológicos importantes en sistemas de radar capaces de localizar aviones enemigos durante la noche. Como esta tecnología era información militar altamente confidencial, las autoridades decidieron construir una explicación alternativa para despistar a los alemanes.

Entonces nació una de las campañas alimentarias más exitosas del siglo XX.

El Ministerio de Información británico, en inglés Ministry of Information, fue un departamento del gobierno británico creado durante la Primera y Segunda Guerra Mundial que comenzó a difundir que los pilotos ingleses tenían una extraordinaria visión nocturna gracias al consumo frecuente de zanahorias. La propaganda presentaba a los aviadores como hombres saludables que podían “ver en la oscuridad” gracias a esta verdura rica en vitamina A. En gastronomía entra en la categoría amplia de las verduras porque es una hortaliza comestible, a pesar de que la botánica la considera una raíz.

Uno de los personajes más famosos de la campaña fue “Doctor Carrot”, una caricatura creada para promover el consumo de zanahorias entre la población. En carteles, folletos y anuncios se recomendaba comerlas para mejorar la vista, mantenerse sano y apoyar el esfuerzo de guerra.

La campaña tenía además una ventaja práctica: durante el conflicto había escasez de muchos alimentos, pero las zanahorias eran relativamente baratas y fáciles de cultivar en territorio británico. Promoverlas ayudaba también a sostener la alimentación civil durante el racionamiento.

La propaganda fue tan poderosa que incluso terminó influyendo en la cultura popular global. Décadas después, personajes animados como Bugs Bunny aparecieron constantemente comiendo zanahorias, reforzando la asociación entre este vegetal y la agilidad, la inteligencia o ciertas habilidades “especiales”. Su imagen masticando zanahorias ayudó enormemente a consolidar el mito en la imaginación colectiva del siglo XX.

Y la estrategia funcionó extraordinariamente bien.

La idea de que las zanahorias daban “supervisión” se extendió por generaciones y terminó convirtiéndose casi en verdad universal. Hasta hoy, muchos niños siguen escuchando frases como:

“Come zanahorias para ver mejor”.

Lo interesante es que el mito no es completamente falso… pero tampoco completamente cierto.

La zanahoria sí contiene betacarotenos, compuestos que el cuerpo transforma en vitamina A, nutriente fundamental para la salud ocular. Una deficiencia grave de este compuesto nutritivo puede causar problemas visuales e incluso ceguera nocturna.

Sin embargo, consumir grandes cantidades de zanahorias no otorga visión sobrehumana ni permite ver perfectamente en la oscuridad si la persona ya tiene niveles normales de vitamina A. El cuerpo simplemente no funciona de esa manera.

La historia resulta fascinante porque muestra cómo las sociedades modernas utilizan la comida para construir narrativas mucho más grandes que la nutrición. Durante la guerra, la zanahoria dejó de ser únicamente un vegetal, se convirtió en símbolo de patriotismo, salud y superioridad tecnológica.

Paradójicamente, una campaña diseñada para ocultar el radar terminó transformando permanentemente las costumbres culinarias de la sociedad.

Y quizá ahí está una de las lecciones más interesantes de esta historia: muchas de las ideas que damos por ciertas sobre la comida no nacen sólo de la ciencia, sino también de la publicidad, la política, la guerra y la cultura popular.

Porque al final, los seres humanos rara vez comemos únicamente nutrientes. También consumimos historias.

Notas de sobremesa

La zanahoria esconde otro dato curioso: cruda, el cuerpo apenas aprovecha cerca del 11% del betacaroteno que contiene. Pero al cocinarla —especialmente salteada— la biodisponibilidad puede aumentar hasta un 75%. Incluso el jugo ayuda a mejorar su absorción.

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