A partir de hoy me integro al equipo de colaboradores del periódico El Financiero, cada viernes compartiré con ustedes acontecimientos gastronómicos; un conjunto de conocimientos y actividades que están relacionados con historias, critica, ingredientes y técnicas de la culinaria que han participado en el proceso narrativo de la humanidad.
Mi pasión por la gastronomía surge a partir de mi afición por la investigación, por conocer la evolución del ser humano desde un contexto histórico que se genera por la necesidad de alimentarnos, implicando el tiempo, la geografía, los gustos y sobre todo con la mano del hombre para satisfacer los sentidos, que se expresan en el buen comer y en los elementos que lo componen.
El alimento resume y transmite un testimonio, establece una circunstancia contextual de los objetos que se mezclan, en donde se incluyen un sinfín de significados, que algunos de estos en apariencia no se ven, pero nos refieren al imaginario colectivo provocando un marco referencial del conocimiento de los hombres y mujeres a través de los años, de los siglos.
El propósito de mis investigaciones, y la crítica gastronómica que se presenta en establecimientos como restaurantes, fondas, puestos callejeros y las cocinas de familia, emiten un referente que dan pie para conocer la historia, recordándome que el intercambio cultural es una parte importante de la evolución de las tradiciones.
En México la cocina prehispánica prevalece, abarrotada de influencias que llegaron desde innumerables rincones del mundo. Fue el primer país en América que inicio y reglamentó el negocio público de alojamiento y comida. Data de 1525 cuando se solicitó por primera ocasión una licencia para instalar el primer mesón de la capital de la Nueva España (hoy Ciudad de México) con venta de “vino, carne y otras cosas necesarias”, estableciéndose en la que posteriormente seria la calle de Mesones del Centro Histórico. Sin embargo, en la época de la Colonia, los verdaderos cocineros estaban en los conventos y en los fogones indígenas. Al llegar los años del México independiente, inmigraciones de diferentes países europeos influenciaron, no solo a los alimentos, también en la forma de comer, mención especial merecen las intervenciones tanto de Estados Unidos como de Francia. A finales del XIX la palabra de origen francés “restaurante” se puso de moda, y los lugares que ofrecían comida comenzaron a utilizar este término, ampliando su menú y lo servicios.
Es así como pretendo ir “deshilvanando” la historia desde el simple hecho de cocinar y de comer (un concepto polisémico), acciones que también emanan las formas de vida de una sociedad, siempre con el propósito de reflejar aquellos valores que rigen mis acciones coherentes, que se basan en los principios básicos de ser colaborativo, escuchando las diferentes voces que se manifiestan sobre el tema, especialmente en fuentes académicas, serias y veraces.
Tomo en cuenta, con interés y apertura, la auténtica esencia de las raíces de nuestra identidad, incorporando la evolutiva creatividad que experimenta, no solo en el sincretismo, también la contemporaneidad, las nuevas generaciones están en constante búsqueda de lo que acontece en un mundo globalizado, donde tenemos al alcance aprendizajes, técnicas y herramientas en las diversas y sofisticadas tecnologías de comunicación, expandiéndose el campo de la erudición.
Promuevo la democracia, la libertad y la tolerancia, todos somos iguales y responsables de la construcción de nuestro futuro con honestidad y respeto. Estoy siempre receptiva a nuevas experiencias del placer gustoso y lo que implica, en el que se va tejiendo el devenir del proceso cambiante sumergido en momentos y circunstancias, que provoca el dejar vestigios culturales para que las generaciones futuras engarcen su pasado y descubran los porqués de su presente.