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Un gobierno criminal

La pila de muertos no deja de aumentar mientras que el Presidente ofrece en la mañanera que habrá reunión de seguridad los sábados.

A todas las familias mexicanas a quien este gobierno ha enlutado por acción u omisión.

Se repite mucho que México no tiene Presidente. Que Andrés Manuel López Obrador haya abdicado de varias de sus funciones o que cometa crímenes por acción o pasividad no lo quita del cargo. Es Presidente, y además un criminal que ojalá un día responda por ello ante una corte nacional o internacional y acabe donde merece estar: tras las rejas, sea en México o en Estados Unidos.

Es un presidente criminal al provocar muertes de mexicanos con sus recortes incesantes en el sector salud. Un fiscal quizá documentaría de entrada la destrucción del Seguro Popular y su sustitución por ese remedo de cuarta (digno de la cuarta transformación) llamado Insabi. Presentaría las cifras agregadas de millones de personas que quedaron sin consultas médicas, medicamentos y toda clase de intervenciones quirúrgicas por ese brutal desmantelamiento.

Incluiría, además, casos específicos de familias destrozadas por la negligencia presidencial. Los niños huérfanos de madre que falleció de cáncer de mama que no se detectó o trató a tiempo, o la familia que llora a ese niño que murió igualmente de cáncer por la falta de quimios. O los infantes por la falta de una vacuna hexavalente, el adulto que falleció tras cancelarse su cirugía del corazón.

¿La más reciente respuesta gubernamental? Condenar los consultorios médicos en farmacias, una de las pocas alternativas accesibles a la población de bajos recursos. No existirían si clínicas del sector salud pudiesen proveer un servicio parecido en prontitud y precio, pero ya llegó de nuevo el subsecretario Hugo López Gatell al ataque, como si el Insabi fuese el sistema de salud tipo Dinamarca que ofreció su jefe en 2019. Hay que reconocer la habilidad del funcionario (decirle médico es ofender a la profesión) que al parecer no se cansa de plantear la peor estrategia de salud posible con tal de congraciarse con AMLO.

No solo están los muertos por un sistema de salud diezmado. Hay que agregar los miles del crimen organizado, que realmente se ha organizado en forma extraordinaria para controlar partes del país. El presidente de la República abiertamente fraternizando con algunos de sus líderes, aparte de que no se cansa de ofrecerles abrazos. Que, por favor, ya se porten bien, que no quiere perseguirlos.

Pero siguen matando y han ampliado el negocio a la extorsión, que por supuesto también incluye matar a los reticentes en hacer los pagos correspondientes. La muerte siempre está como recurso de persuasión. Al Presidente, que tanto le gusta tener intermedios musicales en sus mañaneras, quizá deba un día poner a José Alfredo Jiménez cantando “no vale nada la vida, la vida no vale nada, comienza siempre llorado y, así, llorando se acaba”. Es lo que tantos miles han acabado haciendo durante su gobierno.

No se invierte en salud, tampoco en seguridad y menos en infraestructura. Ya se sabe que, para el tabasqueño, invertir en mantenimiento es un desperdicio de recursos, un gasto neoliberal que se presta a la corrupción. Su solución es no hacerlo, y esperar que no pase nada, hasta que forzosamente pasa. Ahí están los 27 muertos del Metro, el absoluto desastre en que se ha convertido ese pilar del transporte público capitalino.

La pila de muertos no deja de aumentar mientras que el Presidente ofrece en la mañanera que habrá reunión de seguridad los sábados. No es la paz de los sepulcros porfirista, es la simulación lopezobradorista de pretender buscar la paz mientras llena el país de sepulcros.

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