Samuel Aguilar Solis

¿Ahí viene el lobo?

La propaganda morenista encabezada por la presidenta de México amenaza a los mexicanos como si de niños se trataran asustando con el lobo, de que o aceptan su régimen del obradorato o vendrá la derecha a gobernar.

Día con día la propaganda morenista encabezada por la presidenta de México amenaza a los mexicanos como si de niños se trataran asustando con el lobo, de que o aceptan su régimen del obradorato o vendrá la derecha a gobernar, pero ¿acaso es peor el lobo con el que quieren asustar que el monstruo del Estado mafioso que ahora tiene el poder?

Además si de derecha de la derecha, ósea eso que ahora se llama la ultraderecha hablamos, no se olvide que López Obrador en la formación de su movimiento metió de todo como en un bote de tamales y dentro de estos metió y les dio espacios que hasta el día de hoy conservan sobre todo en el poder legislativo a la ultraderecha como a los líderes del Yunque y la “mexicana” iglesia de la luz del mundo, así es que la titular del ejecutivo seguro se muerde la lengua cada vez que en sus letanías mañaneras habla de la derecha, ademas, no olvidemos decirlo una vez más que Morena es un movimiento no solo autocrático sino que evidenciados día a día que han hecho del Estado mexicano un Estado mafioso.

La nueva derecha o ultraderecha que ahora se viene posicionando como alternativa política, en muchos lugares del mundo tiene ya el poder político, podemos decir que tiene dos antecedentes que apenas datan de hace diez años, por un lado en Reino Unido cuando impulsaron y ganaron el BREXIT, es decir, salirse de la Unión Europea y la primer llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, ambos en 2016.

Comencemos por el principio, ¿de dónde proviene el término ese de “la derecha”?, nació en 1789 cuando se instaló la Asamblea Nacional Constituyente de Francia en la Revolución Francesa, cuando los partidarios del rey Luis XVI, que defendían sin duda alguna a la monarquía y el orden tradicional viendo desde los que presidían la Asamblea se sentaban a su derecha.

De manera tradicional hasta antes de esto se identificaba en la teoría que la derecha tenía como características esenciales: la desigualdad como una forma “natural” de la sociedad, y dentro de esta lógica piensa que las jerarquías sociales que se dan, así como las diferencias en la posición social son obra del mérito personal o surgen de condiciones inherentes a la condición humana, así que al aceptarse la desigualdad como parte del orden establecido rechazan la intervención estatal que busca a través de políticas públicas corregir dicha desigualdad a través de programas sociales, que son una forma de redistribución de la riqueza y con estas consideraciones impulsan el capitalismo de libre mercado, donde las capacidades individuales y el mérito con una mínima intervención del Estado pueden premiar al individuo.

Sin duda, los antecedentes de la derecha son más antiguos, pero hemos querido señalar más particularmente lo que ahora se denomina “ultraderecha” y no aquellos movimientos o partidos conservadores que provienen desde el siglo XIX.

En Europa la nueva ultraderecha tiene como características principales su nativismo, acompañados de su profundo rechazo a la inmigración y en términos religiosos de manera marcada a la población migrante que practica la religión musulmana, haciendo con esto un rechazo a las sociedades multiculturales, son también contrarios al poder supranacional de la Unión Europea y reivindican el nacionalismo, buscando, dicen, devolver la soberanía a sus países y el control absoluto de sus fronteras cerrándolas “a cal y canto”, como acaba de decir el líder del partido Popular español sobre la crisis migratoria desde hace un mes en Ceuta, y en el nombre de la seguridad pública, plantean “Ley y Orden”, es decir, mano dura contra la delincuencia, restringiendo algunos derechos en aras de la seguridad pública, en su discurso se reivindican como representantes del “pueblo puro y olvidado” contraponiéndose a las “élites corruptas” que no representan ni responden a las necesidades del “pueblo bueno y trabajador”, son contrarios también a las políticas que buscan proteger el medio ambiente por frenar la economía y elevar los costos de la vida de la población señalan.

En América Latina, en los últimos años la ultraderecha viene desplazando a los tradicionales partidos conservadores o de derecha a secas que existieron desde el siglo XIX, y lo primero que les reprochan es su fracaso frente al populismo de izquierda que en las últimas décadas habían alcanzado el poder, y a estos populistas de izquierda su absoluto fracaso en la gobernanza que se ha traducido en una gran inseguridad, corrupción y colusión con el crimen organizado, a diferencia de Europa, la ultraderecha latinoamericana su eje central no es la inmigración, aunque si es parte de la narrativa, si hay un rechazo a la ideología de género y de manera central hay una especie de autoritarismo penal, es decir, se plantea una política punitiva extrema en contra de la delincuencia y los cárteles de la droga, sin duda, el “modelo Bukele” es el modelo a seguir y habla del éxito que este está teniendo en el imaginario regional con la pérdida de derechos que esta política pública tiene sin duda. Hay un sector de esta ultraderecha que se auto nombra “libertario”, que en lo económico plantean un ajuste fiscal radical, la participación mínima del Estado en la economía, la privatización de empresas y bienes públicos y el libre mercado como panacea , es decir un neoliberalismo radical, se presentan como jugadores fuera del sistema y enemigos acérrimos del llamado socialismo del siglo XXI, Chávez y sus monaguillos dixit.

En México, más allá de la derecha tradicional pos revolucionaria, donde el PAN ha sido sin duda el partido que más la ha representado y algunas organizaciones patronales como COPARMEX, también han existido organizaciones que aunque sin una presencia nacional han sido catalogadas como de ultraderecha como el llamado Yunque, que fue fundado en la década de los 50’s en Puebla o los Sinrquistas de la región del Bajío en los años 30’s, ambos con fuertes lazos con sectores de lo más conservador del clero, y con posturas en contra de la intervención del Estado en la economía, contra la educación pública y sus libros de texto, rechazo al aborto y agendas de diversidad de género, así como un discurso anticomunista, pero de la marginalidad no han pasado y no representaron nunca una amenaza al poder institucional de los partidos políticos que en su momento han tenido el poder.

Ahora existe una búsqueda de amalgamar estos antecedentes de la ultraderecha mexicana con el conservadurismo de la derecha institucional y tradicional y aprovechar el contexto global para ver si pueden convertirse en una alternativa al régimen del obradorato; sin embargo, es claro que para la democracia ambas posturas no son una alternativa y que los derechos que acompañan a un régimen democrático se ven amenazados por ambos frentes, si ya tenemos un régimen mafioso y este en su discurso busca asustar con el lobo de la ultraderecha es claro que el porvenir de la recuperación democrática no está ni cerca ni viable y la lucha por la narrativa está ya presente en la lucha por los espacios de poder de las elecciones del próximo año.

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