La metástasis que la corrupción ha hecho en todo el organismo del Estado mexicano es tal que la putrefacción se huele a distancia. No se habla hoy solo de la corrupción en donde los servidores públicos se roban recursos públicos de manera descarada, o de cómo funcionarios reciben “moches” por otorgar contratos a empresas y privados igual de corruptos, o cómo los criminales “pagan” a empleados de gobierno por protección sus actividades; ahora se habla de cómo a partir de la preponderancia del crimen organizado sobre la clase política desde el principio de la búsqueda del poder inclinan la balanza para la candidatura de determinados candidatos y luego en el proceso electoral participan activamente para amenazar y quitar del camino a los adversarios, ya sea eliminándolos o con amenazas tan fuertes que se retiran despejando el camino a su candidato, o si se llega al final de la contienda previo al día de las elecciones “levantando” a operadores electorales, o el día de la jornada electoral impidiendo a representantes de los partidos adversarios presentarse en la casilla o de plano robándose las urnas electorales, así con sus propios candidatos convirtiéndolos en “representantes populares”, y de ahí después a colocar a sus propios cuadros en la administración pública o en las comisiones claves de los Congresos para la definición del presupuesto y la orientación del gasto para ser ejecutado por empresas de la misma organización criminal. Es ahora esta la nueva realidad en muchas partes de México.
El proceso de la captura del Estado no se dio de la noche a la mañana, sino que esta vino básicamente con dos hechos: las alternancias del poder, de manera central en la Presidencia de la República y los gobiernos estatales, así como de los municipios, y la segunda con el cambio de paradigma que el cártel de Los Zetas impuso con su “cartera de negocios”, es decir, ampliando las actividades delictivas no solo en el contrabando y venta de drogas, sino en su producción, secuestros, extorsiones, robo de gasolina, direccionando el gasto público por medio de servidores públicos corruptos a empresas de ellos, etcétera, y que después fue reproducido por los otros cárteles.
En todo este proceso, muchos integrantes de la “iniciativa privada” tienen desde el principio un papel fundamental, tanto para el lavado de dinero, como en la “orientación empresarial” para los dirigentes del cártel de dónde incursionar en inversiones, formando una “sociedad” que día a día se evidencia más.
Cabe apuntar que la explosión de actividades criminales en el país, así como las nuevas drogas en el mercado norteamericano y europeo vinieron a darles cantidades enormes a los cárteles de dinero, que con ese flujo monetario literalmente pueden comprar cualquier poder público que quieran o de tener tal grado de colusión que los llevó a controlar no solo los puestos de la administración pública en los tres niveles de gobierno de los ejecutivos, sino además el Poder Legislativo y gracias a la corrupción y el método de acordeones en la elección del Poder Judicial quedarse en algunos estados literalmente con todo el Poder Judicial en sus manos y seguramente también en el nivel federal.
Hoy entonces estamos frente a una realidad, el Estado ya no es más ese Leviatán del que nos hablaba Hobbes ni tampoco es “La condensación material de una relación de fuerzas entre clases y fracciones de clase”, como lo definió Nicos Poulantzas, el Estado mexicano no tiene “el monopolio de la violencia legítima” como lo señaló Max Weber, porque hoy está capturado por el crimen organizado, en muchas de sus partes (gobiernos estatales y municipios) de manera directa y con muchas sospechas en el nivel federal también de ese cáncer que carcome sobre todo a la élite política y desgraciadamente a las instituciones de seguridad; y la soberanía que emana del pueblo está castrada por el crimen organizado, de ahí la vacuidad de la “soberanía” de la que habla la presidenta, ya que con esta realidad de captura criminal del Estado, la narrativa morenista de defensa de la soberanía nacional suena más a complicidad que a defensa verdadera de ella.
Tenemos que recordar que el Estado de derecho implica la aplicación de la Ley y la separación de poderes, cosa que hoy ya no sucede en nuestro país, y que han sido los dirigentes de Morena y sus rémoras del PT y PV los que se han encargado de terminar con la separación de poderes y son la impunidad y la colusión los instrumentos de los que se han valido para anular justo la aplicación de la Ley y dejar a los ciudadanos en manos del crimen, ya sea por las extorsiones, ya por la no investigación y persecución de los delitos, ya por el uso pernicioso de las instituciones y de torcer la Ley para con los adversarios o incluso para protección de presuntos criminales cuando otro país como los Estados Unidos los reclaman con tratados internacionales vigentes.
Se ha llegado ahora a tal extremo las evidencias de la colusión, que desnuda la captura del Estado por el crimen organizado y sus cómplices en el gobierno federal, que por ejemplo, incluso ya incautado un buque que contrabandeaba combustible y fue detenido, en el informe oficial se reportó casi la mitad de lo verdaderamente incautado, amén de que quedó al descubierto la trama del uso de la red institucional para realizar dicho delito, sin medida ya de cinismo, y se entiende que es porque saben de la red criminal que los cobija y que les da impunidad. Apenas la semana pasada, el ex director de PEMEX, Francisco Barnes, estimaba que las pérdidas acumuladas por robo de hidrocarburos, tomas clandestinas y contrabando de gasolinas andarían por el orden de 740 mil millones de pesos en los siete años del obradorato e hizo énfasis en los cinco más recientes.
El populismo autocrático que llegó al poder con López Obrador de la mano de un variopinto grupo de seguidores no sólo se dedicó a polarizar la sociedad, la captura institucional, la extinción de instituciones y acabar con la separación de poderes, sino de manera central a destruir la democracia liberal y el estado constitucional de derecho, y hoy hasta donde se ha revelado, en alianza y con financiamiento del crimen organizado, de tal manera que la influencia de este último llegó a tales niveles que no se limitó a pedir la protección política, sino que se coló hasta acceder directamente a la colocación de sus propios integrantes o de concretar tal colusión por el desbordado acto de la corrupción, que en una simbiosis, han capturado al Estado para sus intereses, al grado de que con algunas de sus actividades de producción y distribución de drogas para los Estados Unidos y con ello, la muerte de miles de sus ciudadanos han provocado la reacción de catalogar a estas organizaciones como terroristas y a las drogas, particularmente el fentanilo como arma de destrucción masiva y con ello, la reacción del gobierno norteamericano de amenazar incluso con incursiones para combatirlos en territorio mexicano, generando una grave crisis en la relación bilateral como no se tenía memoria contemporánea, poniendo así en riesgo no solo la seguridad nacional sino la propia soberanía, y la amenaza y posibilidad de la generación de un maxiproceso judicial que desnude a la actual clase política y poniendo a México como un narcoestado con todas las repercusiones que esto traería para nuestro país.
Hay que decir que la soberanía no solo está en peligro por estas posibilidades de incursión norteamericana, sino que de tiempo atrás esta ya se ha perdido justo ante las organizaciones criminales, porque la soberanía, que es el poder superior que tiene el Estado de autogobernarse, de que las decisiones que toma sean sin estar subordinadas a ningún otro poder ya en muchos lugares y temas muy importantes son tomados o por el crimen organizado o por sus aliados políticos (y aquí caben todos los partidos en los diferentes órdenes de gobierno) a favor de los intereses de los criminales.
Las graves crisis que se tienen pues, aún se pueden agudizar y poner a México en una situación aún más crítica, y todo ello hay que subrayarlo en un contexto donde el Tratado comercial ha sufrido un golpe terrible al quedar en revisión anual y con ello, una incertidumbre permanente que absolutamente en nada ayuda a la confianza empresarial para la inversión de mediano y largo plazo, no olvidemos que el presidente Trump que tiene unas elecciones estratégicas del Congreso en noviembre y un contexto internacional como lo de Irán con una “paz” sui generis, por decir lo menos de ella, la invasión de Rusia a Ucrania, los continuos bombardeos que sigue haciendo Israel en la Franja de Gaza sin respetar el alto al fuego, y una China que se levanta como una verdadera potencia y que a querer o no el peón más débil de este ajedrez para la narrativa y los intereses de Trump y su movimiento MAGA es que voltee al sur. Si, nuestra nación está en grave peligro al igual que la soberanía, pero tiene que ver con esa colusión del poder con el crimen organizado que desde hace ya rato pervirtieron y entregaron por corruptos, para que los criminales controlaran territorios, impusieran su “ley”, le quitaran al Estado el monopolio de la fuerza, y cobran impuestos conocidos como “derecho de piso”, perdiendo o entregando así la soberanía, y para que junto con una clase política corrupta capturan el Estado, y lo convirtieran prácticamente en un Estado mafioso.