La Feria

El burocrático milagro de la multiplicación de los granos

Más producción para más autoconsumo para más autosuficiencia alimentaria para menos inflación. ¿Se puede?, preguntó López Obrador. Y claro, la respuesta fue ‘sí se puede’.

Hasta para un Presidente con fama de bueno para ranchear, qué gran gira se aventó el Ciudadano el fin de semana, pero todo sea para invocar el milagro de la burocrática multiplicación de los granos.

El viernes Nuevo León, y más tarde ese mismo día Jalisco. El sábado Veracruz y Puebla. Cierre triunfal, por supuesto, el domingo en esa potencia granera que es la capital.

Cinco discursos presidenciales cinco, pero una sola prédica. Vayan, burócratas míos, y multipliquen los granos, y de paso también los animales de campo, les dijo el mandatario en cada acto regional a quienes se congregaron a vitorearlo, aplaudirle, apapacharlo.

Más producción para más autoconsumo para más autosuficiencia alimentaria para menos inflación. “¿Se puede?”, les preguntó el creador de esta política pública que cómo no se nos había ocurrido más antes, caray.

Y en cada ocasión filas y filas de enchalecados contestaron que cómo que no se va a poder producir más, que sí se puede, que ahí donde hay árboles de Sembrando Vida ahora habrá maíz o frijol. Con tantito más fertilizante salen más tortillas, mi general. Casi tan fácil como enchílame otra.

Porque para que un milagro de estas magnitudes ocurra, se sabe, ha de repetirse una y otra vez la parábola del buen Presidente.

Ese buen Presidente que cuando se espantó porque la inflación nomás no cedía, caminó y caminó en Palacio hasta que, viendo al gris cielo capitalino, dijo en voz alta las providenciales palabras: ‘ya sé'.

Resuelto, llamó a quien llama y díjole que comunicara a las personas encargadas de Agricultura, Medio Ambiente y Bienestar que se iban de gira, que trajeran también a alguien de Hacienda y, de paso, a los que queden de lo que queda de Segalmex.

Y como tropa de circo todos los funcionarios partieron a Nuevo León, primera escala de esta gira que hará llover granos, quizá también de café, no vayan ustedes a creer que hay límites en la capacidad presidencial de milagrear.

Una cosa cambió en cada etapa de estos rituales. Y otra fue la constante. No se me distraigan mucho porque esta última es la importante.

Vamos primero con lo que cambió: la mayor variación fue, además del paisaje, el gobernador en turno; la gran Federación tuvo la cortesía de, ya que eran los anfitriones, dar chance a los mandatarios estatales de sumarse al rollo rural. Que hablen Samuel, Enrique, Cuitláhuac y Miguel. Un poquito, pero que hablen. Y en Ciudad de México, que hable, faltaba más, Claudia.

Lo que no cambió fue que en cada acto el Presidente habló, en cada escala habló parte de su gabinete, en cada evento hablaron incluso –cuando gritaban que sí se puede– los trabajadores de Agricultura, Bienestar o Sembrando Vida. Poquito, un par de arengas, pero hablaron. Habló el Supremo Gobierno, pues. Pero no hablaron los agricultores, ni chiquitos ni medianos, ni grandotes ni ejidales, ni de huarache ni de megatractor.

Cinco eventos para que México escuche la orden presidencial a sus colaboradores: id y convenced a los que no nos dimos tiempo ni de traer, menos de escuchar, decidles que sí se puede, que el maíz es un cultivo noble, que desde aquí el gobierno hace lo que sí puede –hablar–, para que ellos hagan lo que puedan, pero que no vayan a caer en la herejía de creer que estamos poniendo los caballos detrás de la carreta.

“Declaro inauguradas las ‘jornadas para la producción de autoconsumo’, y el milagro sucederá”. El señor vio que todo era bueno y retornó a Palacio, satisfecho.

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