Estamos en una etapa conflictiva en la relación bilateral con EE. UU. Tienen la fuerza política y económica para poder doblegarnos, pese a lo que afirme Claudia Sheinbaum. Somos socios comerciales y nuestras cadenas productivas permiten competir y agregar valor a nuestra producción en diversas áreas.
La idea de reindustrialización de Trump mira hacia el pasado, pues gran parte de la manufactura será sustituida por la era robótica. Para preparar a sus ciudadanos y ofrecer empleos bien remunerados, evitando que caigan en la desesperación y las adicciones como el fentanilo, será necesaria una extensa capacitación que reconvierta la mano de obra hacia la nueva revolución tecnológica. Aun así, quizá no alcance para generar suficientes empleos.
Lo mismo debería suceder en México, pero aquí ni siquiera se enseñan adecuadamente las matemáticas.
Las adicciones son mortales y, en buena medida, resultado de decisiones personales. Vencerlas implica trabajo comunitario, aceptación, valores y oportunidades. Por eso es tan difícil erradicarlas. Mientras exista demanda, habrá oferta, sin importar el precio ni los muertos.
La liberalización ha mostrado mejores resultados que la prohibición, aunque el debate no está cerrado ni en la ONU ni en muchos países. Este problema, común a México y EE. UU., debería formar parte de una agenda enfocada más en combatir las adicciones que en intercambiar culpas por el tráfico de drogas y armas.
Si baja la demanda y cae el precio, disminuirá también el poder de las organizaciones criminales, las cuales involucran no solo al crimen organizado, sino también a políticos de ambos lados de la frontera.
La negociación entre México y EE. UU. no es un debate para ver quién tiene la razón. Se trata de alcanzar acuerdos para resolver un problema común. Resulta absurdo el lenguaje utilizado tanto por Sheinbaum como por Trump. Antes de hablar, deberían tener claro qué quieren comunicar.
Amenazar no es negociar.
Hay que centrarse en los intereses, no en las posiciones. Son los intereses los que definen el problema, no las posturas políticas. No existe una sola solución para un conflicto. Tampoco podemos asumir que solo hay dos opciones: ganar o perder, sobre todo cuando nuestra posición es débil.
México no puede aceptar acuerdos que lesionen sus intereses. En ciertos casos, aplazar una negociación puede ser mejor que firmar algo perjudicial. No se puede improvisar ni hablar sin estrategia. Negociar requiere preparación y claridad.
Sin embargo, cada vez vemos más lejana esa posibilidad. Claudia Sheinbaum no logra emitir mensajes claros y no se percibe una estrategia definida. Aunque la mayoría de los mexicanos estaría en contra de acciones armadas, la soberanía ya no existe plenamente; tampoco el Estado de Derecho ni la unidad nacional.
Defender a Rocha Moya no es un acto soberano. Pedir que se combata a posibles invasores tampoco equivale a patriotismo ni a unidad nacional. Exigir pruebas mientras se ignora el tratado de extradición demuestra debilidad institucional y ausencia de Estado de Derecho.
También resulta preocupante el estado emocional y político de la Presidenta. Se enoja, responde con exabruptos, regaña a su equipo, se contradice y se desdibuja cada vez más. Mientras asegura que no ocurre nada grave, pronto llegarán a México negociadores norteamericanos de diversos niveles para revisar temas sensibles de seguridad, comercio y cooperación bilateral.
La relación entre ambos países atraviesa uno de sus momentos más delicados. Y México no parece estar preparado para enfrentarlo.