Rosario Guerra

Pruebas y tratados

La DEA apuntó que lo de Rubén Rocha Moya es solo el comienzo de una lucha contra políticos mexicanos que encubren narcotraficantes.

La Presidente Claudia Sheinbaum protege a quienes Estados Unidos solicita extraditar porque, según ella, no hay pruebas. El Tratado de Extradición firmado por ambos países es muy claro: se solicita la aprehensión de quienes tienen órdenes de detención en un país para evitar su escape, y se establece un plazo de 60 días para que el país solicitante aporte las pruebas y sean las autoridades del país requerido las que determinen si dichas pruebas son sólidas para proceder con la extradición.

Sin embargo, la Presidente hace caso omiso del tratado. Exige pruebas sin detener a los inculpados y habla de que una posible incursión de EE.UU. para detener a narcopolíticos sería una violación a la soberanía. Así, entre pruebas, soberanía y consultas en Palenque, se protegió a Rocha Moya y el Senador Inzunza se oculta en Badiraguato, mientras los otros ocho circulan con relativa libertad.

CNN denuncia que la CIA causó la explosión de la camioneta en la que falleció Francisco Beltrán “El Payín”, lo cual ha sido negado por el secretario Omar García Harfuch y por la propia Claudia Sheinbaum. También fue negado por la vocera de la CIA, quien afirma que se trata de desinformación que solo ayuda a los cárteles.

The New York Times también apuntó a una posible intervención de la CIA, aunque quizá de manera indirecta, proporcionando información y sin participar directamente. La Fiscalía del Estado de México sostiene que el caso sigue investigándose y que aún no se han determinado las causas.

Los mexicanos tenemos claro que las agencias de inteligencia de EE.UU. y de otros países, como Rusia, tienen agentes en suelo mexicano desde finales de la Segunda Guerra Mundial. No sabemos cómo actúan ni si participan activamente o solo proporcionan información en materia de seguridad nacional. Pero lo cierto es que la relación entre Sheinbaum y Trump se ha deteriorado y cada día se vuelve más complicado el panorama.

La DEA apuntó que lo de Rocha Moya es solo el comienzo de una lucha contra políticos mexicanos que encubren narcotraficantes. Todos sabemos que en cualquier país el narcotráfico no avanza sin la protección de autoridades de alto rango. Ese binomio es clásico en todas las operaciones mundiales de combate al narcotráfico.

Querer involucrar a la gobernadora Maru Campos en un tema de traición a la patria por un operativo encabezado por el ejército mexicano, sin tener claro si los agentes de la CIA —obviamente coordinados con las fuerzas mexicanas— participaron activamente o no, cuando además quedó claro que el operativo fue alertado porque nadie se encontraba en los laboratorios, es un simple acto político dentro de la lucha electoral por la gubernatura.

Quienes deberían marchar no son los de Morena encabezando absurdas acusaciones. Debería marchar el pueblo de Chihuahua para defender su soberanía.

Por el momento, el panorama aún es confuso. Pero si Sheinbaum se niega a seguir los protocolos para la extradición, además de aliarse con países opositores a nuestro principal socio comercial en Barcelona y pedir la liberación de Cristina Kirchner sin fundamentos, la situación se complica todavía más.

EE.UU., por el contrario, cada vez se ve más alejado de México. No al grado de terminar con el Tratado Comercial, ya que también es básico para su economía. Tampoco creo que se atrevan a incursionar en territorio mexicano para extraer narcopolíticos, porque tienen muchas otras herramientas para presionar.

La primera ya se echó a andar: la revisión y posible cierre de consulados mexicanos en EE.UU., lo que dejaría desprotegidos a paisanos, turistas, prestadores de servicios, comerciantes, migrantes, enfermos, estudiantes, profesores, gobiernos estatales mexicanos y organizaciones de intercambio cultural y social, además de un sinfín de actividades que dependen de la relación bilateral. Lo anterior bajo el supuesto de que desde los consulados se hace propaganda política contra los republicanos.

La DEA ya anunció más solicitudes de extradición y, si tampoco se atienden, crecerán los problemas. No solo se retirarán visas. En México se argumenta que no hay denuncias, lo cual es falso. Pero ese es el discurso para cubrir los hechos. Puede ser que Sheinbaum, por la dependencia en las cadenas productivas entre nuestras naciones, piense que no habrá graves consecuencias.

Sin embargo, hay muchas formas de presionar. Desde luego, más solicitudes de extradición. Pero también más aranceles; mayores operativos de ICE; que las pruebas lleguen vía prensa para que todo México se entere de lo que ya suponemos; bloqueos a ciertos productos; limitaciones para hacer negocios en EE.UU.; disminución de créditos a empresas mexicanas; reducción de visas de trabajo o estudio; disminución de intercambios académicos, culturales y sociales; barreras para disminuir el turismo norteamericano a México; prohibiciones a ciertos productos mexicanos; o evitar contrataciones de mexicanos en el cuidado de adultos, en el campo o en hospitales. Incluso podrían reducirse las green cards aun cuando existan derechos adquiridos.

Desde luego, también podrían venir operativos en barcos para “revisar” cargas; retiro de policías migratorios en cruces fronterizos; disminución de vuelos a México, playas o ciudades; o quejas ante organismos internacionales por violar el tratado de extradición. Son algunas medidas que pueden ocurrir sin necesidad de incursionar en el país.

La cooperación se reduciría al mínimo necesario para los intereses norteamericanos. Y si a esto agregamos la deuda externa, la falta de crecimiento de la economía mexicana y la ausencia de certeza y seguridad jurídica, es probable una recesión que afectaría primero a los pobres.

Por eso Sheinbaum tiene necesariamente que anteponer al país antes que a su partido. Su temor a extraditar a políticos protectores del narco parece más una necesidad que una decisión. Esto deriva de lo que esos políticos saben sobre cómo se otorgaba la protección y quiénes de sus superiores lo sabían o incluso recibían beneficios.

Porque estamos hablando de miles de millones de pesos que no se pueden ocultar. Y ahí está otra pista que seguramente EE.UU. seguirá. ¿Puede Morena hacer su propia limpia o esa medida implicaría su muerte política?

Pronto sabremos del involucramiento de varios políticos, a quienes ya conocemos, en la protección al narco y en su enriquecimiento ilícito como forma de ejercer el poder. No para servir, sino para aprovechar ventajas inenarrables para su peculio propio. ¿Está Sheinbaum comprometida en estas estrategias? Si no es así, solo le queda actuar en defensa de México.

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