La marcha del 8 de marzo en la Ciudad de México se topó con problemas para llegar al Zócalo. La policía dejó una sola ruta de ingreso, muy angosta, para que los contingentes entraran a la Plaza de la Constitución, lo que provocó que aún a las 8 pm continuaran su camino a la Plaza de la Constitución. No faltaron las anarquistas rompiendo semáforos y golpeando muros, pero en un número reducido y sin interactuar con las marchistas que gritaban ¡Violencia NO!
Lo más significativo es el número de jóvenes que acuden con bebes, perros y abuelas. Organizadas, cada quien en diversas asociaciones, muchas estudiantes de preparatorias coreaban las consignas feministas. Si bien hubo muchas pancartas, desde las desaparecidas hasta causas, nunca se quebró el ánimo.
En general, el tema que más molesta son los feminicidios, la inseguridad, que regresar a casa sea una aventura, que desaparezca tu hermana, hija, sobrina, sin tener la más mínima idea de si viven o mueren. Si son víctimas de trata o simplemente están sus cuerpos en una fosa clandestinas. Suman miles los registros y muy pocos los casos resueltos. No entiendo por qué no se resuelve el problema. Cómo ha crecido el número de víctimas. El movimiento feminista busca la igualdad, pero en México se pide seguridad como prioridad. Las jóvenes se quejaban sobre todo de los ataques, violaciones, acoso, hostigamiento en sus trabajos, sus escuelas, el transporte público. No hay lugar seguro.
Además, hoy el feminismo encara nuevos retos. La afectación de los derechos políticos de las mujeres por el plan B de AMLO, quien le tiene más miedo a las mujeres que a los narcotraficantes. No soporta que la ministra Norma Piña presida la SCJN, como mujer valiente, honesta e independiente. Solo las que él somete son vistas, no como iguales, pero con simpatía, como las mascotas.
La paridad, que llevó años, logró ampliarse como derecho constitucional a la paridad en todo. Pero una cosa es la ley y otra su cumplimiento. Si bien este principio prevalece en la Constitución, con la reforma electoral se permite a los partidos su autodeterminación para cumplirla, sin que los órganos electorales puedan intervenir. Los violentadores de mujeres podrán ser representantes populares si no tienen sentencia penal en su contra. Si hay otras sentencias, por violencia familiar, sexual, económica, patrimonial, institucional o política, o si son deudores alimentarios, eso no impide su registro. La 3 de 3 pasó a mejor vida. Sin embargo; la SCJN ha declarado constitucional la reforma de Yucatán, que legisló la materia, y que la CNDH impugnó porque se violaba el derecho al trabajo. Absurdo. Pero, cómo le explicas a una persona falta de razón, que solo se impedía que los que no cumplen con proteger a sus hijos o agreden a las mujeres puedan representar a la sociedad. Que trabajen, sí, y que cumplan sus responsabilidades, pero no me representen.
El plan B limita la justicia a las mujeres violentadas políticamente al reducir facultades y funciones del TEPJF y del INE que ya no podrán actuar para defender nuestros derechos humanos. Con las limitaciones que se les imponen y la disminución de sus estructuras no podrán aplicar criterios pro persona o la progresividad de nuestros derechos político electorales, como lo ha venido haciendo. Por eso se dice entre las mujeres que el plan B tiene V de venganza.
Los agravios a las mujeres en este sexenio han sido múltiples. Quitar apoyo de guarderías para que las mujeres trabajen. Desaparecer los refugios para mujeres violentadas y sus hijos. Supuestamente entregaría directamente el dinero a los padres, no dijo si también a los violentadores, pero el cuidado de un menor es mucho mayor, en costos y tiempos, cuando está aislado y no socializa, cuando se queda encerrado en casa. El abuso de los menores, según los registros, los realizan quienes los cuidan, vecinos, parientes, ministros de culto, personal de servicio doméstico. No es lo mismo que contar con una protección y dar a la madre la seguridad de que su hijo está seguro, alimentado y cuidado con otros niños en una comunidad.
¿Por qué tantas mujeres quieren participar en política si son discriminadas, violentadas, anuladas? Porque sabemos mirar a la sociedad con otra visión, de género. Somos las de los cuidados a niños, discapacitados y adultos mayores. Somos las que transitan por las calles para ir por hijos a la escuela; las que vemos el deterioro de la comunidad; las que sabemos cuáles son las zonas de peligro y de venta de drogas; las que convivimos con maestros, los marchantes, con policías. Sabemos de los problemas y de su solución, porque los vivimos.
Muchas mujeres, casi 40 por ciento, son jefas de familia en la Ciudad de México y no cuentan con apoyo para el cuidado de sus familias. Diariamente miles toman el transporte público, y a veces sufren asaltos u hostigamiento, llegan a sus empleos, soportan abusos, regresan con miedo a sus casas, ahí les espera la otra jornada, la del hogar. Y se les violenta diariamente, en diversas formas.
Queremos que la política tenga mirada de mujer para que logremos proteger a todas de la violencia y los abusos, para crear políticas públicas que las ayuden, que rescaten a sus hijos de la pobreza, no con dádivas, sino con oportunidades. Educación, salud, capacitación, armas para romper el asistencialismo, pero con responsabilidad; con médicos mexicanos y medicinas suficientes, con educadores y no con ideólogos, con el desarrollo de habilidades para conseguir un empleo. No se trata de bordar y tejer, sino de aprender sobre las nuevas tecnologías de la información, tener acceso a el mundo digital, poder desarrollar emprendeduría.
Somos más de la mitad de la población y aún así nos miran con desdén. Somos las que más votamos y nos quieren invisibilizar. Somos las que resolvemos conflictos y nos quieren humillar. Pues no estamos dispuestas a perder a una más. Rechazamos una política de seguridad que nos victimiza. Queremos ser libres e iguales. No daremos un paso atrás en los avances que hemos logrado. Y nuestra voz se escuchará fuerte.