Rosario Guerra

¿Qué sigue?

Tengan o no razón en actuar con rudeza, legítima o ilegítimamente, es imposible escapar a lo que Trump advirtió a Sheinbaum: van a combatir al narcotráfico como organización internacional con influencia sobre México.

Desde luego, la Copa Mundial de la FIFA 2026. La Presidente no asistirá a la inauguración para evitar rechiflas. Muchos portarán su pañuelo blanco; otros no. Se espera el triunfo de la selección nacional. No sabemos cómo lograrán entrar al estadio los aficionados. La policía ha logrado impedir a la CNTE llegar hasta el Estadio Ciudad de México. Lo que piden los maestros de la CNTE, el Estado no puede cumplirlo, pues no existen fondos suficientes para atender sus demandas. Y como el juego es la extorsión, si no hay dinero, habrá marchas. O bien, el tema puede ser político para descarrilar al gobierno.

Muchos se han unido a la protesta para ser escuchados, y sus razones son válidas: madres buscadoras, transportistas, pensionistas y jubilados a quienes les han reducido sus rentas sin tomar en cuenta sus cotizaciones y derechos, campesinos, estudiantes; en fin, todo el cúmulo de grupos afectados por el gobierno.

Pero más allá de lo que hoy suceda, lo que realmente preocupa es la confrontación con los EEUU. Claudia Sheinbaum, tras su visita a AMLO, decidió proteger a los extraditables, pues alega que no existe prueba alguna. No ha cumplido con el Tratado de Extradición y decidió lanzar un discurso confrontativo acusando a los EEUU de injerencistas y llamando al pueblo a defender la soberanía. Acusó una alianza entre ultraderechistas de EEUU y México, y aseguró que el TMEC subsistirá porque ambos países lo necesitan. Defendió a PEMEX y a CFE. Culpó al equipo de Donald Trump de fracturar el compromiso de colaboración en materia de seguridad. Defendió el cambio del Poder Judicial. Volvió a acusar a Maru Campos.

Acusó que se intenta desestabilizar a su gobierno. Dijo que una oficina de EEUU solicitó la detención con fines de extradición de diez mexicanos sin presentar pruebas. E insinuó que este hecho tiene pretensiones electorales tanto en México como en EEUU, y que no responde al combate al narcotráfico. Aseguró que México no acepta injerencias de nadie.

Y surgió la frase: “vienen por unos, luego vienen por otros”, y agregó que no permitirá que una oficina de EEUU tome el control del gobierno mexicano. Aquí es donde se muestra el miedo de la mandataria. ¿Qué se oculta? ¿Por qué en México no se investiga al narco, las desapariciones y los muertos? La respuesta lógica es que no hay crimen exitoso sin complicidad gubernamental.

Aun cuando existiera la voluntad de combatir al narcotráfico organizado, ¿tendría el gobierno la capacidad de hacerlo por sí mismo? La respuesta es obvia.

Su discurso fue rudo. Dijo que no permitirá que otros pueblos definan nuestro destino. Afirmó que es falso que quieran instaurar una dictadura, aunque ya casi lo son, pues controlan los tres Poderes y los órganos electorales. Dijo que no se doblegará. Pero tras el tono rijoso del domingo, el lunes la Presidenta moderó su discurso, alabó a Trump y a la relación bilateral con EEUU. O sea, el miedo no anda en burro.

Además, se hizo público que los gobernadores de Tamaulipas y Sonora son investigados por EEUU y, al parecer, cooperan con las autoridades.

Pero he aquí que AMLO decidió regresar al escenario político y redactó una carta verdaderamente alucinante. Le da una serie de consejos a Trump porque, según él, tiene malos colaboradores. Los ofende, los disminuye y los acusa de manipularlo. Se asume como el verdadero líder de México y mantiene las líneas del discurso de Sheinbaum. Veladamente acusa a Marco Rubio por rechazar al régimen de Morena.

AMLO evita tocar el tema de las organizaciones criminales que claramente gobiernan amplias regiones del país. Y queda claro que sigue siendo el conductor político del movimiento. Puede ser que exista miedo y busque blindarse a sí mismo y a sus hijos. O bien, que su ego lo lleve a provocar una confrontación para volver a ser protagonista, aun cuando le vaya la vida en ello.

Sigue la película.

S&P bajó la calificación de PEMEX y CFE. Al día siguiente, Moody ‘s hizo lo mismo con México como país. Actos que inhibirán la inversión y el empleo. Y para rematar, se redujo la calificación de los ocho bancos más importantes de México y se informó que uno de ellos es investigado.

Los capitales huyen. Los bancos se defienden y sacan de sus carteras a todos los mencionados como narcopolíticos.

Sheinbaum reanuda sus pláticas con AMLO, ahora en Tabasco. Ante la imposibilidad de realizar en orden las elecciones del Poder Judicial y por el efecto que tendrán sus resultados, decide postergar dicha contienda. Pero he aquí que el líder de la Cámara de Diputados aprovecha y propone como causa de nulidad electoral la injerencia extranjera, concepto que no es definido ni reglamentado, dejando al TEPJF en absoluta libertad para emitir sentencias bajo criterios discrecionales. Ya pretende aplicarlo en Coahuila tras la goliza de 16-0.

La siguiente respuesta fue atacar las remesas de los migrantes hacia México y cerrar la red bancaria norteamericana a muchos mexicanos. Estas medidas tendrán durísimas repercusiones para nuestros paisanos y para quienes son empresarios o trabajan legalmente en EEUU. Las complicaciones son gravísimas y aún no se analizan debidamente. México guarda silencio.

Ya se había comentado públicamente que las remesas podían utilizarse como vehículo para el lavado de dinero, pero hasta hoy se actúa.

Pese al discurso de Sheinbaum, los EEUU anuncian que habrá más acciones que solicitarán al gobierno mexicano. ¿Serán más extradiciones? ¿Cuánto más podrá resistir la narrativa morenista frente a hechos, pruebas y presiones? ¿Estará aún Claudia en condiciones de negociar, salvar su cabeza y convertirse en una nueva Delcy? ¿O terminará fundiéndose políticamente con AMLO? ¿Serán secuestrados, enfermarán o simplemente desaparecerán los inculpados? ¿Buscarán convertirse en testigos protegidos?

Corredero.

Se percibe el fin.

Todas estas preguntas tendrán pronto una respuesta. Puede gustarnos o no, pero es claro que EEUU va tras los narcopolíticos para cortar de raíz la afectación a su población. Tengan o no razón en actuar con rudeza, legítima o ilegítimamente, es imposible escapar a lo que Trump advirtió a Sheinbaum: van a combatir al narcotráfico como organización internacional con influencia sobre México.

Su problema de venta de armas y prevención de adicciones es algo que ellos podrán o no atender. Pero, por lo pronto, lo que urge es poner un alto a más de 200 mil muertos.

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