Rosario Guerra

Injerencia

Quedará en manos del TEPJF, del que ya conocemos su falta de apego al derecho y sus interpretaciones a modo del gobierno, decidir si una elección debe anularse o no bajo esta causal.

¡Sorpresa nos dio el gobierno! Ahora convierten la supuesta injerencia extranjera en causal de nulidad electoral, el castigo más drástico dentro de un proceso democrático, cuando la diferencia entre candidatos sea menor a cinco puntos. Pero no definen qué es injerencia extranjera ni habrá ley secundaria que regule este tema. Quedará en manos del TEPJF, del que ya conocemos su falta de apego al derecho y sus interpretaciones a modo del gobierno, decidir si una elección debe anularse o no bajo esta causal. A cambio de la docilidad de este Tribunal, se les otorga la posibilidad de permanecer 17 años más en el cargo. Ni con don Porfirio Díaz vimos semejantes abusos.

Cerca de 40 morenistas se pronunciaron en contra de esta legislación o se abstuvieron de votarla. Pasó apenas por tres votos. Es una forma de mantenerse en el poder, pierdan o ganen elecciones. La crítica a México en el mundo es cada vez mayor: desde narcoestado hasta centro mundial del fentanilo. Las redes de producción y distribución global de esta droga nos colocan en una situación gravísima y generan cuestionamientos constantes en periódicos y revistas internacionales.

¿Cómo evitar las críticas y cómo definir si influyen en el votante? Aquí entra la magia de la bruja mayor del TEPJF. Puede ser una entrevista, una columna, mensajes en redes sociales, opiniones de líderes de partidos extranjeros, la publicación de un libro sobre elecciones en México, el pronunciamiento de migrantes mexicanos, la opinión de un Presidente o un Primer Ministro, una cátedra universitaria en el extranjero, una condena a los acordeones o al pago del voto, o incluso reiterar que México es un narcoestado. También podría considerarse la postura de una ONG o cualquier otro hecho que, según la interpretación del Tribunal, influya en una elección, aunque ni siquiera dependa de los partidos en contienda. México llegó a ser ejemplo internacional en materia electoral. Hoy quieren convertir cualquier crítica externa en causal de nulidad porque saben que el escenario de una derrota electoral es cada vez más posible.

Ante esto, la Presidenta apela a una soberanía nacional que en los hechos no existe, porque el Estado ya no domina por completo el territorio. Hay regiones a las que ni el Ejército ni la Guardia Nacional pueden entrar. Incluso habla de una inexistente unidad nacional y llama a defender una patria que se ha perdido bajo el cobijo y la protección del narcotráfico. No subsisten uno sin el otro.

Por eso se niega a realizar extradiciones y asegura que no existen pruebas, cuando las denuncias sobre la elección en Sinaloa fueron desechadas aquí y hoy se encuentran en tribunales internacionales. También rechaza que seamos el país con más desaparecidos en el mundo y se niega a recibir apoyo de Naciones Unidas frente a esta tragedia. La imagen de las madres buscadoras con pala y pico ya es conocida internacionalmente. Los líderes limoneros y aguacateros que se atrevieron a denunciar el cobro de derecho de piso hoy están muertos.

Los ministros de la Corte acudirán a respaldar públicamente a la Presidenta en su informe. No existe certeza para las inversiones y así la economía no puede avanzar.

El discurso de Sheinbaum en su Segundo Informe fue una declaratoria de guerra: contra el gobierno norteamericano, contra la oposición, los partidos, los periodistas y cualquiera que no se someta a su verdad. La defensa de Rocha como símbolo de soberanía es un exceso. “Vienen por unos, luego por otros”, dijo Sheinbaum, en una frase que refleja el miedo que carga sobre los hombros. Afirmó que la cooperación internacional ha devenido en injerencia y en un factor determinante de los procesos electorales. Ahí se cayó la máscara.

Acude nuevamente a AMLO en busca de orientación, pero el discurso se radicaliza cada vez más. El ex presidente parece sentirse más cómodo en la confrontación permanente que en la moderación institucional.

En Barcelona, Sheinbaum pidió la libertad de Cristina Kirchner; ahora opina sobre Colombia y respalda a Petro, quien no ha presentado pruebas de fraude en uno de los sistemas electorales más confiables del continente. La crisis diplomática con Perú, derivada de la defensa mexicana de actores políticos procesados por la justicia peruana, terminó incluso con el ingreso de fuerzas peruanas a la embajada mexicana. ¿Eso no es injerencia? Sheinbaum es claramente injerencista, pero solo condena las opiniones que la cuestionan. Ese será el criterio detrás de la nulidad de elecciones.

El embajador norteamericano Johnson lanzó un mensaje conciliador y pidió no politizar el narcotráfico, privilegiando la coordinación bilateral. La respuesta fue grosera: se le dijo que no debía intervenir en asuntos internos de México. Entonces, ¿el problema del narcotráfico no es binacional ni mundial? El gobierno termina reconociendo así, de manera implícita, la incapacidad —o la falta de voluntad— para enfrentar a los cárteles, que financian campañas, secuestran, amenazan opositores, roban casillas, obligan al voto por Morena y utilizan drones. Harfuch ha cumplido su tarea, pero con enormes limitaciones.

Pese al discurso rijoso, ayer se publicó en la prensa estadounidense que los gobernadores de Sonora y Tamaulipas, Alfonso Durazo y Américo Villarreal, están bajo investigación y sin visa. El primero, por presuntos vínculos con el crimen organizado; el segundo, por el llamado huachicol fiscal. Sheinbaum pidió explicaciones a ambos y los dos se deslindaron. Un periodista de Los Angeles Times aseguró que ambos cuentan con permisos especiales “Significant Public Benefit” para ingresar a Estados Unidos por su supuesta cooperación con autoridades norteamericanas.

Claudia Sheinbaum no puede gobernar México. No puede disminuir el número de muertos y desaparecidos; no puede contener al narcotráfico; no puede asumirse plenamente como comandante de las Fuerzas Armadas mientras culpa a gobernadores por operativos militares. No puede resolver el sistema de salud, mejorar la educación o devolver matemáticas y español a las aulas. No tiene recursos y mantiene subsidios improductivos para el Tren Maya, el AIFA y el Corredor Interoceánico.

Acabó con la certeza jurídica y la independencia judicial. La inversión y el empleo se desploman. México no crece y dejó de aspirar al lugar que podría ocupar en el mundo. Su partido no la respalda plenamente y su gabinete está dividido. Sus nervios están a flor de piel frente a las múltiples amenazas que enfrenta.

Hay logros importantes, como la reducción de la pobreza y los subsidios generalizados a grupos vulnerables, lo que ha sostenido parcialmente el mercado interno. Pero son demasiados los frentes abiertos y demasiado clara la decisión de no actuar contra los narcopolíticos de su movimiento ni de proteger a los ciudadanos frente a la violencia y la inseguridad.

Ante esta situación solo queda un camino: el electoral. Una votación copiosa y contundente que haga imposible cualquier intento de anulación. Será difícil, porque operan en contra los recursos del narcotráfico, los recursos gubernamentales, las amenazas, los secuestros, los homicidios y las estructuras morenistas que controlan comunidades enteras.

Pero todo es posible si existe decisión ciudadana. A eso le teme Morena y toda la 4T: a que el pueblo, bueno y sabio, decida cambiar el rumbo de la nación.

El 2027 y el 2030 definirán el rumbo.

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