Plaza Viva

El regreso a las aulas

La vuelta a las aulas significa la oportunidad para que nadie quede atrás. Para lograr ese objetivo, se requieren una gran cantidad de requisitos.

“La crisis que viene para los próximos años es sumamente grave. Niños de tercero de primaria aún no saben leer”, me confiesa una autoridad educativa su percepción sobre el retorno a clases presenciales, con una visible preocupación. Uno de los efectos de estas 62 semanas fuera de las aulas es que se ha afectado el aprendizaje de una buena parte de los 37 millones y medio de estudiantes en nuestro país.

Para poder entender la gravedad del asunto, algunas cifras: uno de cada tres estudiantes a nivel mundial no tuvo acceso a un modelo de enseñanza en línea, según un reporte de la UNICEF. Además, los cierres de los planteles trajeron otras consecuencias negativas como “una reducción de la actividad física y un empeoramiento de la alimentación, un aumento de los niveles de ansiedad y autolesión, y la exposición a la violencia doméstica”.

La crisis en México fue medida por el Inegi en la Encuesta para la Medición del Impacto Covid-19 en la Educación. Los resultados demuestran el tamaño de la emergencia: 65.7 por ciento de la población estudiantil entre tres y 29 años usó principalmente su celular para sus actividades escolares a distancia durante la pandemia. En muchas ocasiones estaban obligados a compartirlo con otras personas. En el caso de los niños de primaria, 74 por ciento se vieron en esta situación.

En términos de abandono escolar, 435 mil personas inscritas para el periodo 2019-2020 no concluyeron dicho ciclo. De este número, casi 60 por ciento es directamente atribuible a la pandemia, mientras que más de 15 por ciento es por razones probablemente vinculadas: falta de recursos o por tener que trabajar. Y para el ciclo 2020-2021, 5.2 millones de personas inscritas al ciclo anterior no se matricularon, tanto por falta de recursos como por la pandemia por Covid. De estos últimos, un cuarto argumenta que las clases a distancia son poco funcionales, mientras que otro cuarto señala que alguno de sus padres o tutores se quedaron sin ingresos. Casi 22 por ciento dijo no tener dispositivos para conectarse a internet, y 20 por ciento que la escuela cerró definitivamente.

Lo más grave es que este escenario limita el potencial, reduce las oportunidades y la posibilidad de movilidad social. Este escenario significa un arranque disparejo en la vida y lleno de obstáculos. Según la UNESCO, “para muchos niños, las alternativas a la escuela son el trabajo infantil, el matrimonio infantil y el embarazo adolescente. Una vez que esto ocurre, puede llegar a ser imposible que las niñas o los niños vuelvan a la escuela”. Al hablar con un maestro, con una directora de plantel o con cualquier persona del sector educativo, uno puede alcanzar a ver la dimensión de la apremiante situación en la que nos encontramos. Curiosamente ahí también arranca la posibilidad de una respuesta.

La vuelta a las aulas también significa un nuevo arranque. La oportunidad para que nadie quede atrás. Para lograr ese objetivo, se requieren una gran cantidad de requisitos ya expuestos por organizaciones y personas expertas en la materia: recursos para tener instalaciones en buenas condiciones y seguras, invertir en las y los maestros, tanto en su formación como en estabilidad laboral, revisar y en su caso modificar los programas educativos, tener acceso a nuevas estrategias pedagógicas, materiales didácticos y alimentos para las y los niños en situación de pobreza, entre otras apremiantes necesidades.

Con ello en mente, los 883 mil 929 millones de pesos que se contemplan en el Proyecto de Presupuesto para 2022 se ven escasos. Es cierto que este presupuesto es un aumento de dos puntos porcentuales con respecto al año pasado; sin embargo, es insuficiente para poder regresar a las aulas a quienes abandonaron la escuela.

Para dar respuesta a ello será necesario que todos los niveles de gobierno, la iniciativa privada, cada persona que se sienta llamada por esta causa, se involucre. Esto no significa claudicar en la exigencia al gobierno federal y de los estados de aumentar los recursos destinados a la educación.

En todo caso, frente a estas condiciones que exacerban la desigualdad, dañan a la niñez y ponen en juego el futuro del país, debemos actuar desde cada oportunidad que tengamos. El regreso a las aulas también se puede convertir en un momento histórico, en un hito de solidaridad, como lo hemos visto frente a los sismos, en la oportunidad de empezar a soñar otro horizonte para el país.

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