Trópicos

La odisea de Lula

Aunque las encuestas le dan 5 puntos de ventaja al actual presidente en los resultados del próximo fin de semana, para el desenlace definitivo, 21 días después, las cartas están marcadas con un empate técnico.

Más vale que Luis Inácio Lula da Silva gane las elecciones presidenciales, primero el próximo domingo (4 de octubre), y después cuando se celebre una inminente segunda vuelta (25 de octubre). Aunque las encuestas le dan 5 puntos de ventaja al actual presidente en los resultados del próximo fin de semana, para el desenlace definitivo, 21 días después, las cartas están marcadas con un empate técnico.

Y es que si pierde el gran Lula, uno de esos políticos que nacen cada 200 años, la derechización del continente sería una fuerza inquietante; de por sí ya lo es con la llegada de los impredecibles outsiders, alineados a los intereses de un egocentrista y muy poderoso Donald Trump, que también se juega su destino el 3 de noviembre en unas elecciones intermedias que podrían restarle peso si se imponen los demócratas.

La democracia se está encargando de empoderar a líderes que impulsan movimientos político-ideológicos bajo destinos impredecibles. Son fenómenos sociales que gustan del autoritarismo, el libre mercado sin límites y omisiones a la protección de los derechos humanos. No obstante, no es culpa de la democracia, sino de hombres y mujeres que han pervertido el poder, independientemente de si se es de derecha o de izquierda, términos que, por cierto, cada vez son más ambiguos y confusos.

Por ello, hay que atribuir el ascenso de estos políticos de extrema derecha o outsiders, en gran parte, a los malos oficios de la llamada izquierda latinoamericana. Cuando se les ha dado la oportunidad de gobernar, basan sus periodos de gobierno en demagogia, populismo y pactos con el crimen organizado, sin ofrecer resultados que realmente cambien la realidad de las sociedades.

No obstante, los equilibrios siempre son importantes para contrastar, y a la izquierda-centro de Lula conviene que siga en el poder ante un resentido Flávio Bolsonaro, quien viene de un historial político más reconocible al ascenso y caída de su padre, expresidente de Brasil, que por su propia trayectoria, la cual había sido hasta hace poco “de medio pelo”.

No obstante, ha tomado vuelo, y quienes flanquean sus actos son personalidades del tipo Javier Milei, Benjamín Netanyahu y el omnipresente Donald Trump. El joven político de 45 años, Flávio Nantes Bolsonaro, nació el 30 de abril de 1981 en Resende, Río de Janeiro. Es abogado, empresario, quien además comenzó su carrera política apenas cumplidos los 21 años.

En 2003, fue elegido diputado estatal, cargo que mantuvo durante cuatro mandatos consecutivos. En 2018, consiguió un escaño como senador. Siempre se presentó ante la opinión pública como el personaje moderado dentro de una familia radical de extrema derecha, cuyo pináculo se vio traducido cuando su padre, Jair Bolsonaro, llegó al poder de Brasil, pero que su futuro se vio difuminado cuando fue sentenciado por intento de golpe de Estado, después del triunfo en 2022 del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, tras liderar una organización criminal armada.

Esos hechos movieron las fibras de la sociedad brasileña, para bien y para mal. La popularidad de Jair Bolsonaro era mucha y está permeando ahora en favor de su hijo. Por ello se pronostica que en la segunda vuelta se dé un empate técnico.

Pero lo más dramático se produjo hace unos días y podría darle la puntilla a Flávio Bolsonaro. Se pusieron en tela de juicio los intereses que hubo detrás de ese supuesto golpe de Estado, después de que saliera a la luz que el juez que imputó a Jair Bolsonaro, Alexandre de Moraes, y cercano a Lula da Silva, se le ha vinculado con diversos tipos de estafa.

Lula da Silva busca un cuarto mandato no consecutivo a sus 80 años, edad que se ha encargado de demostrar que luce a plenitud con sesiones de gimnasio publicadas por todo lo alto, aunque recordemos que a fines de 2024 enfrentó una hemorragia intracraneal tras sufrir una caída.

Nació el 27 de octubre de 1945 en Pernambuco, por lo que se verá si el 25 de octubre celebra doblemente. Durante la década de 1970, se convirtió en uno de los principales dirigentes de los trabajadores metalúrgicos de Sao Paulo, desde donde desafió a la dictadura brasileña, lo que le dio, al mismo tiempo, presencia nacional. Fundó el Partido de los Trabajadores (PT) y, tras perder en 3 ocasiones, finalmente ganó la presidencia de Brasil en 2002.

No obstante, la corrupción de prominentes miembros del PT y de su entorno impactó en su trayectoria política. Bajo ese contexto, fue condenado a prisión en 2018, donde estuvo preso 580 días; después, la condena fue anulada por la dudosa actuación del juez, lo que le permitió recuperar sus derechos políticos. En 2022, Lula derrotó por estrecho margen a Jair Bolsonaro. Hoy, heroicamente, enfrenta a su hijo.

TRÓPICO DE CÁNCER

Fue lamentable ver el reality show que montó Morena con la selección de sus candidatos. No sólo porque viola la ley electoral, por más que quieran disfrazarla con nombres seudocombativos, sino porque entre llantos, gritos y divisiones, está alimentando una farsa que quieren disfrazar de demócrata. Pero el “pueblo sabio” se da cuenta de que, en el fondo, lo único que les interesa es conservar el poder.

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