Entrevisté varias veces a Rebeca Grynspan cuando fue titular de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB). Coincidimos en Colombia, España, Guatemala y México, y un común denominador fue siempre su compromiso por entender los problemas de las sociedades, pero al mismo tiempo, ser pieza clave para encontrar soluciones.
Supo que para brindar alternativas resolutivas, el trabajo cercano y aplicar una comunicación precisa y eficaz con los presidentes y/o primeros ministros, independientemente de su afiliación ideológica o partidista, era esencial para avanzar en una agenda integral.
Los problemas regionales o globales no saben de ideología si son urgentes y requieren de soluciones inmediatas cuando se trata de pobreza, desigualdad, conflictos armados, migración, violencia o respeto a los derechos humanos.
En 2016 hablé con Rebeca Grynspan en el Colegio de México, y me expuso sobre la necesidad de renovar la SEGIB, de su compromiso en rendir cuentas, en impulsar y profundizar una cooperación horizontal, en empoderar a los países para que sean ellos quienes lideren las iniciativas, y en todo momento apostar por programas dirigidos al bienestar de las y los jóvenes.
No sólo hizo de la SEGIB un espacio desde donde promovió el multilateralismo global, sino que dejó muy clara su esencia y visión, las cuales nos permiten retomar de guía si es elegida Secretaria General de la ONU.
Grynspan tiene una trayectoria sustentada en la relevancia de la acción diplomática y en la profunda comprensión de las relaciones internacionales. Ha sido Secretaria General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, y Subsecretaria General de las Naciones Unidas y Administradora Asociada del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Previamente, fue elegida por unanimidad Secretaria General de la Conferencia Iberoamericana por sus 22 Estados miembros de América Latina y Europa.
Vivimos en un mundo donde los conflictos armados se han multiplicado en la última década y la estabilidad mundial pende de un hilo. El conflicto entre Rusia y Ucrania es un reto mayúsculo y complicadísimo, donde el multilateralismo y las negociaciones a varias bandas serán fundamentales si se quiere solucionar una guerra que casi cumple cinco años; por eso, es loable subrayar el papel de Rebeca Grynspan en los Acuerdos de Estambul y la Iniciativa sobre los Cereales del Mar Negro, negociada entre las Naciones Unidas, Turquía, la Federación de Rusia y Ucrania, que permitió la exportación de más de 33 millones de toneladas de cereales, lo que permitió salvar muchas vidas de la desnutrición.
Por su papel, compromiso y capacidades negociadoras, recibió en 2024 el premio “Doha Best Negotiator of the Year” y el reconocimiento “UN Heroes” de la Fundación de las Naciones Unidas.
Previo a toda esta etapa internacional, Grynspan fue vicepresidenta de Costa Rica, así como ministra de Vivienda, ministra coordinadora de Asuntos Económicos y Sociales y viceministra de Hacienda.
Al día de hoy, es la candidata puntera para liderar la ONU. No sólo por su incansable campaña por todo el mundo que tiene como lema “Defender a las Naciones Unidas es tener la valentía para cambiarla”, sino porque la semana pasada se llevó a cabo la tercera votación informal, obteniendo nueve votos a favor; en segundo lugar quedó la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett.
Con la reciente retirada de la contienda de la muy digna Michelle Bachelet, expresidenta chilena, y una lejana posición de los otros contendientes, la balanza se comienza a mover a favor de Grynspan, aunque es sabido que siempre pueden haber imprevistos de último minuto.
Los miembros no permanentes que participan en la selección, sin derecho a veto, son Argelia, Guyana, Sierra Leona, Corea del Sur, Eslovenia, Japón, Malta, Mozambique, Suiza y Ecuador. Obviamente, los que mayor peso tienen son los votos permanentes del Consejo de Seguridad: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña. Son 15 los países que definirán al nuevo liderazgo de la ONU.
Una vez que el Consejo de Seguridad presenta a un candidato, este debe ser aprobado por la Asamblea General. Hasta ahora, nunca han rechazado una propuesta proveniente de los 15. También vale la pena destacar una regla no escrita, la cual dicta que las o los nuevos secretarios roten desde las distintas regiones del mundo, por lo que ahora corresponde a un perfil proveniente de América Latina.
Además, es momento de que una mujer asuma esta responsabilidad. En otra ocasión, en Cartagena de Indias, Rebeca Grynspan me dijo: “He insistido en el empoderamiento de la mujer en todos los ámbitos, y en la autonomía de la mujer en todos los ámbitos, pero principalmente en el empoderamiento económico porque eso permite a la mujer tener autonomía para sus propias decisiones”. Esa visión puede imprimir nuevas variantes en un sector social clave que impulse el desarrollo global, si su futuro se inscribe en ser la nueva Secretaria General de las Naciones Unidas.