El gobierno de Claudia Sheinbaum no logra pasar un día en paz. La avalancha de hechos negativos se le está colando como goteras en todo Palacio Nacional, y no hay cubetas que las detengan.
Todo se ha movido de forma crítica desde aquel día, ya hace un mes, cuando se dio a conocer que el Departamento de Justicia de Estados Unidos requería a 10 funcionarios sinaloenses, acusados de narcopolíticos, entre ellos el gobernador Rubén Rocha Moya, ahora con licencia y ficha roja por la Interpol.
Desde entonces, el tema ha ocupado diariamente las mañaneras, y estrategias en la comunicación presidencial para buscar contener una crisis desbordada, la cual consiste en defender a los acusados por medio de argumentos soberanistas y exigencias de pruebas a la justicia estadounidense, que desde su trinchera juega su unilateral táctica, sin inmutarse un milímetro sobre las solicitudes de la presidenta de México, quien poco a poco ha manejado las cosas hacia un inevitable destino: la entrega o detención de los acusados.
Funcionarios mexicanos y estadounidenses se han trasladado a un juego de sordos, donde el vecino del norte lleva las de ganar, con movimientos sorprendentes como la de presionar para que dos de los implicados se entreguen y rindan, brazos derechos de las operaciones de Rocha Moya. Si ellos lo hicieron, es evidente que hay pruebas y responsabilidades, y si las hay, entonces también aumentan las goteras en Palacio Nacional.
Mientras tanto, el gobierno y movimiento de la presidenta se desdibujan, lo dicen varias encuestas, y su desesperación por buscar frenar el desgaste de Morena, que se divide y escuece, acusando a diestra y siniestra al pasado, a medios de comunicación, al presente y ya hasta al futuro, no le está dando resultados.
Un partido en retroceso al no encontrar su personalidad por el mosaico de ideologías que le conforman y que ni ellos mismos entienden, personajes de malísimos antecedentes que les retratan como el movimiento de la desconfianza, cuyos slogans se caen a pedazos, como el de “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”, “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”, “es preferible heredar a los hijos pobreza que deshonra”, “deben aprender a vivir en la justa medianía”, etc. Y es que esas frases que fueron su esencia ahora son la constante contradicción de su ser y vivir.
La visita de Markwayne Mullin, responsable del poderoso Departamento de Seguridad Interior, a Palacio Nacional, quien sabe de las goteras que se distribuyen en los techos del histórico recinto, escribió un mensaje después de su diálogo con autoridades mexicanas de máximo nivel, que contrastó con el escueto mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Eso significó que, dentro de ese diálogo de sordos, cada quien concluyó la reunión con percepciones distintas, realidades difusas y objetivos encontrados.
La presidenta Sheinbaum escribió el pasado 21 de mayo: “Recibimos en Palacio Nacional al Secretario del Departamento de Seguridad Interior de los Estados Unidos, Markwayne Mullin. Acordamos seguir colaborando conjuntamente en el marco de respeto de nuestros países”.
Las palabras a subrayar fueron dos, “colaborar” y “respeto”, que son las mismas que repite diariamente en la mañanera cuando no hay sustancia en los hechos. No usó ningún otro término que ampliara o definiera la relevancia del encuentro, lo cual deja a la interpretación que no resultó como lo esperaba.
Contrariamente, Markwayne Mullin afirmó: “Fue un placer reunirme hoy con Claudia Sheinbaum y el embajador de Estados Unidos en México. Discutimos prioridades clave de EU, incluyendo: Fortalecer los esfuerzos de México contra los narcoterroristas. Sostener el progreso en la lucha contra el tráfico de personas y narcóticos ilegales. Reforzar los compromisos operativos para nuestra seguridad fronteriza compartida y prevenir la migración ilegal. Bajo Donald Trump, hemos logrado una seguridad fronteriza histórica de EU. Las asociaciones sólidas y la coordinación continua son clave para hacer a América Segura de Nuevo”.
De entrada, quien se presenta en su cuenta de X como “Cristiano. Esposo. Padre de 6. Noveno secretario del Departamento de Seguridad Interna bajo el liderazgo del presidente Donald Trump”, utiliza palabras reveladoras: “discutimos prioridades” para EU, no para México. Un lenguaje ríspido, impositivo y asimétrico hacia lo que debe hacer el gobierno de Sheinbaum. Deja claro que el problema está en el vecino del sur.
Mullin presenta una lista de: “esfuerzos”, “progreso”, “compromiso” y “prevención”, para, ¡ojo!, combatir a los “narcoterroristas”, “tráfico de personas”, “narcóticos ilegales”, “seguridad fronteriza” y “migración ilegal”. Una abundante lista de prioridades para el gobierno de Donald Trump que vinieron a imponerlas al humedecido Palacio Nacional para que comiencen a actuar.
Recordemos que la “Homeland Security” se creó once días después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, cuyo objetivo fue proteger al país contra el terrorismo.
Ahora los cárteles de la droga ya son considerados terroristas, por lo que las estrategias en México para eliminarlos llevan consigo muchas acciones que el gobierno mexicano aún no quiere aceptar.