Trópicos

Panorama sombrío para Morena y la 4T

Después de que autoridades de justicia estadounidenses señalaran a Rubén Rocha Moya de ser un narcopolítico, primer gobernador en funciones acusado y hombre cercano a López Obrador, y a otros nueve funcionarios de diversos niveles y poderes, se cruzó la línea que los está llevando a sufrir una crisis estructural, ganada a pulso.

Para nadie es un secreto que el gobierno de México, bajo la etapa cuatroteísta que involucra a partidos políticos como el Verde o el PT, pero en específico a la estructura de Morena, partido hegemónico, vive en un momento crítico por su creciente ausencia de credibilidad, eficacia y moralidad, que ponen en entredicho su viabilidad y futuro.

Después de que autoridades de justicia estadounidenses señalaran a Rubén Rocha Moya de ser un narcopolítico, primer gobernador en funciones acusado y hombre cercano a López Obrador, y a otros nueve funcionarios de diversos niveles y poderes, se cruzó la línea que los está llevando a sufrir una crisis estructural, ganada a pulso. Porque no es el único caso de escándalo.

A Morena le salen facturas en todos los estados del país, que le están cobrando estrepitosamente preferencias entre el electorado, al identificárseles como una institución política asociada principalmente a narcotraficantes, corrupción, impunidad e ineficacia.

Las mañaneras dejaron de ser desde hace mucho el megáfono que en su momento sirvió para contener los escándalos que les quemaban la piel. Ahora sus pecados están cayendo por su propio peso.

Antes podían, más o menos, desviar la atención de casos de corrupción como el del huachicol fiscal, pero ahora, a pesar de que las fiscalías juegan a su favor para abrir carpetas de investigación a modo, o bien esconder otras, están llenando una pared, dentro del breve historial de Morena, de manchas negras y rojas y un futuro en franco declive que muy probablemente se concrete en las próximas elecciones de 2027.

Desde el sexenio anterior, el caso de los hermanos Manuel y Fernando Farías, cabezas del mayor caso de corrupción y nepotismo en la historia reciente de México, el “huachicol fiscal”, protegidos por su tío y en ese entonces secretario de la Marina cuando gobernaba Andrés Manuel López Obrador, comenzó a inquietar a la opinión pública.

Este caso, aunado a escándalos de despilfarro, frivolidad y cinismo entre personalidades de la 4T, cambió el color del semáforo a amarillo por la pérdida de todo escrúpulo, muy al contrario de todo lo que prometieron ser en sus orígenes.

Ahora, el color ya está en rojo, porque entre decenas de gobernantes, legisladores o jueces que interactúan bajo las siglas de la 4T, se han abierto diversas vías que los han empantanado por una serie de escándalos, sin saber hacia qué lado hacerse, a la espera de que Estados Unidos los denuncie y el fin del manto protector que les dio López Obrador.

Día a día, la lista se amplía y pasa por Campeche, Tabasco, Veracruz, Tamaulipas, Oaxaca, Chiapas, Baja California, Quintana Roo, Colima, etcétera, y por supuesto la Ciudad de México, donde los problemas por la falta de gobernabilidad se agudizan.

Hay dos preguntas que todos nos hacemos: ¿Quiénes son los que realmente gobiernan? y ¿para quiénes gobiernan? La sociedad mexicana se repliega entre una violencia generalizada y el gobierno de los cárteles en cientos de municipios en todo el país.

Una crisis sin precedentes de extorsión, desaparecidos, impunidad, cuerpos de seguridad ineficientes y ahora desplazamientos internos forzados por conflictos como el que se padece en Chilapa, Guerrero.

Rumbo al segundo año de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, aún no logra imponer un propio sello; al contrario, sigue gestionando los errores que heredó del pasado para sostener un movimiento en crisis: desde obras inconclusas y aún inviables financieramente, personajes de la 4T que se la viven de escándalo tras escándalo, un gabinete que se mueve entre la ocurrencia y la ineficacia, como el reciente caso de Mario Delgado en la SEP, que dejó a todos boquiabiertos al reconocer que el último mes de clases es improductivo, como si dependiera de otros la capacidad de eficientizar la educación que tanto presumen es de primer nivel, un Poder Legislativo que se la vive entre grillas y baja productividad porque solo piensan en su personal forma de sobrevivencia o el Judicial que sigue en la etapa Montessori.

Por ello, si Claudia Sheinbaum no actúa rápido y cambia el rumbo sustancialmente, las propias inercias que acarrea consigo Morena y sus aliados la llevarán a un debilitamiento progresivo que podría arrojar resultados inesperados en los próximos procesos electorales.

Pero por lo pronto, debe impedir y combatir que el crimen organizado sea quien gobierne municipios y estados, caiga quien caiga.

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