Trópicos

El existencialismo de AMLO

El colapso de la Línea 12 del Metro en la capital de país, corazón de su bastión electoral, afectó la sucesión de AMLO y generó un terremoto en las estructuras políticas de Morena.

Me gustaría entender la mente del presidente. ¿Cómo estará razonando la dirección de la segunda mitad de su mandato? Él mismo se lo dice y nos lo reitera: no tiene tiempo que perder, y debe trabajar jornadas dobles para concluir en fechas establecidas sus proyectos de gobierno, una realidad que se aleja día a día. Múltiples factores lo anuncian, por citar algunos, la falta de planeación en la ejecución de las obras, la escasez de dinero, y la pandemia por Covid-19, que alteró sus planes.

Cuando llegó al poder en 2018 su confianza de lograr sus metas era absoluta, incluso se incrementó, cuando sumó los resultados contundentes a favor de Morena y sus aliados en el Congreso de la Unión. A partir de ellos, apostó a que esos triunfos en el Ejecutivo y Legislativo acelerarían los cien objetivos que anunció en su toma de protesta. El júbilo y las expectativas se fueron a las nubes.

De manera inmediata, se puso a redefinir la narrativa, según su óptica, del antes y después de la historia de México: eliminó o cambió obras y símbolos que caracterizaron a gobiernos pasados, como la residencia oficial de Los Pinos, el avión presidencial o el aeropuerto de Texcoco. Incluso la fundación de la gran Tenochtitlan.

Además, “defendió la soberanía” de la industria energética y comenzó a repartir dinero a diversos sectores del país: agricultores, estudiantes, adultos mayores, etcétera. Prometió acabar con la corrupción y la inseguridad, y construir un sistema de salud como el que ostenta Dinamarca. No había tiempo que perder.

AMLO asumió en 2018 su lugar en la historia de México, había llegado. Supuso que el camino que le esperaba iba a ser glorioso, y su llamada 4T lo iba a colocar a la altura de Juárez, Cárdenas y Madero. El destino, en ese momento, estaba de su lado.

No obstante, las cosas comenzaron a descomponerse rápidamente. Su gabinete se vio sacudido por las renuncias de Germán Martínez y de Carlos Urzúa en mayo y julio de 2019, antes de cumplir un año gobernando, y precisamente, en dos de las áreas con mayores expectativas: la económica y la de salud. A ello, se sumaron casos de corrupción que involucraron a funcionarios de primer nivel y/o a familiares. La realidad comenzó a torcerse y los planes a tropezar.

Hoy, a punto de celebrarse las elecciones intermedias el 6 de junio, y mil 231 días que le restan a su gobierno, AMLO se encuentra extraviado en un laberinto, donde los resultados, como él esperaba, simplemente no llegan. Hay dudas sobre si sus programas sociales serán eficientes y se traducirán en progreso para las familias. Hay dudas, en el tiempo y en la forma de cómo concluirán sus magnas obras: refinerías, Tren Maya, corredor transístmico. Hay dudas en la funcionalidad de su gabinete. Hay dudas en las estrategias para combatir la violencia y la corrupción…

Varias de sus reformas prioritarias han sido frenadas en el Poder Judicial. La economía se vino en picada por la pandemia, que junto al crecimiento ‘cero’ que se registró en su primer año de gobierno, más los apoyos limitadísimos para paliar los efectos en la sociedad por la pandemia, se prevé una lenta recuperación en los empleos. Incluso, hay compromisos que están fuera de todo alcance: la venta del avión presidencial o la descentralización de las secretarías de Estado, por citar sólo dos.

A partir de este contexto, y por si fuera poco, las encuestas coinciden en que Morena perderá legisladores en la Cámara de Diputados, lo que complicará, aún más, los objetivos del presidente. De concretarse esta previsión, su futuro entraría a una etapa de incertidumbres, y el tiempo será una guillotina que poco a poco va a ir consumando todas sus esperanzas.

Hoy, el optimismo ya no es el mismo que en 2018. Sus críticas constantes a la prensa y a las instituciones del Estado mexicano, sumado a la falta de resultados tangibles, le han traído más desertores que seguidores. También están en juego los resultados a las gubernaturas, que dentro de dos semanas y media, y la mala selección de candidatas y candidatos que compiten por Morena, pronostican varios reveses.

La gota que derramó el vaso fue el colapso de la Línea 12 del Metro en la capital de país, corazón de su bastión electoral. Esta catástrofe afectó, además, la sucesión de Andrés Manuel, al adelantar los tiempos políticos entre acusaciones y culpables. Generó un terremoto en las estructuras políticas de Morena, que apuntan a la división y a fisuras importantes rumbo a 2024.

¿Qué hacer para dar un golpe de timón y que su plan de gobierno no se siga coartando, resquebrajando? ¿Cómo trascender? ¿Cómo corregir a su movimiento, a la 4T? ¿Qué cambios hacer en su gabinete? ¿A quién elegir para sucederlo? ¿Cómo salir airoso del laberinto que padece todo presidente?

Entre su soledad, o entre sus incondicionales, el péndulo que se mueve en su mente le debe llevar a eso que Soren Kierkegaard describió así: “cada individuo es quien debe encontrarle un sentido a su existencia”.

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